domingo. 03.03.2024
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Opinión

Mucho ruido, pocas...

A la ciudadanía no le gusta el guirigay en el que se ha convertido la política española en los últimos tiempos. Las estridencias verbales, las descalificaciones, las acusaciones e insultos, las promesa vanas, los compromisos para salir del paso... todo ello conforma un panorama desalentador que provoca el hastío ciudadano. No se debate con rigor, contrastando opiniones, acordando aquello que pueda resultar beneficioso para la sociedad española. Están a salto de mata, a ver qué dicen unos para los otros decir lo contrario, o rebatir, a veces sin argumentos, lo que proponen, no vaya a ser que cale entre los expectantes votantes indecisos. Nos levantamos con procesos, acusaciones judiciales e investigaciones policiales, y nos acostamos con lo mismo, observando interminables y repetitivos programas de TV en los que “expertos” de toda índole, pero con claras connotaciones partidistas, nos alumbran con sus ocurrencias en las que la tónica habitual es la descalificación sin matices de todo lo que el “enemigo” político propone. La sensatez ha desaparecido, la propuesta plausible y adecuada, también. Los tertulianos, que vivirán de esto puesto que están todo el día de programa en programa, incluso en distintas cadenas, suelen ser siempre los mismos, directores de periódicos, periodistas de los principales diarios, políticos retirados, escritores e intelectuales varios, conformando un ring, supuestamente equilibrado entre los de derecha e izquierda, en el que los directos al mentón de los púgiles, son sustituidos por crochés de palabras, y algunos insultos velados, tratando de noquear al contrario. No se trata de convencer, que sería lo deseable, no, se trata de vencer sin más, y si ello es posible, de “pisar” al otro. Si a esto unimos las dimisiones de ministros, las entradas en prisión de ex presidentes de comunidades autónomas, ex presidentes de diputación, gerentes de partidos, alcaldes………la visión ciudadana de este fenómeno social, de este tsunami político vergonzoso, es de absoluta indignación y asqueo, lo que provoca el alejamiento y la total desconfianza hacia la política y los políticos. Todo este guirigay es agitado a diario por un Presidente de Gobierno inexistente, de plasma, inoperante y sin iniciativa, que en vez de sofocar los conatos de incendio lo que hace es echar más gasolina a los problemas que están sobre la mesa y que recorren toda la geografía nacional. Ahora, en vez de gobernar y tratar de solucionar las altos índices de desempleo, con más de 5.400.000 parados, o la caída de la afiliación a la Seguridad Social que hoy tiene 560.000 afiliados menos que en 2011, este gobierno está inmerso en una campaña en los medios de comunicación de descalificación y ninguneo a todas las propuestas que se están haciendo desde otros grupos políticos. Deberían centrarse en las causas que han motivado que en España haya 3,8 millones de personas en paro que carecen de protección y en el por qué hay 1.789.000 hogares con todos sus miembros en paro y 728.500 sin ingresos de ningún tipo.  Este gobierno debería solucionar el que uno de cada cinco españoles viva en riego de pobreza y exclusión y que el 1% de los más ricos de Espàña posean tanto como el 70% del resto de ciudadanos. Rajoy, en vez de descalificar a los demás y justificar las barrabasadas de los suyos, debería actualizar pensiones, retirar los copagos sanitarios y los recortes en sanidad, educación y dependencia. Hoy, nuestro país, cuenta con 7.200 millones menos para la Sanidad y 28.500 profesionales sanitarios menos, y 178.978 dependientes en lista de espera.  Sin embargo, en vez de estar resolviendo estos graves problemas, este Gobierno, y su Presidente, se han convertido, por derecho propio, en una banda desafinada de malos músicos incapaces de orquestar unas simples notas. Han convertido a este país en el hazmerreir del mundo, un país sin alma, sin orden y concierto, en el que hay mucho ruido y pocas nueces.

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