sábado. 02.03.2024
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Opinión

De Cózar

De la tragedia al héroe. Es solo un paso, el que separa la vida de la muerte. Está claro que hemos nacido para morir. Pero también es evidente que vamos escribiendo nuestra propia novela y a medida que van sucediendo los renglones vamos intuyendo que el final se aproxima. Ese es el final natural, el esperado. Pero hay finales inesperados, la muerte por sorpresa.

Acostumbrado a crear personajes y lugares idílicos, Rafael de Cózar, que tanto amaba la vida, seguro que no tenía pensado acabar su novela así. No se podría imaginar que el papel por el que respiraba terminaría asfixiándolo. El final de los días de mi admirado profesor, y maestro, me hubiera encantado escucharlo de su boca como una historia ajena. Con su voz radiofónica, su tono embaucador y con su milimétrico uso del adjetivo para calificar cada instante. De su narración hubiera nacido un auténtico héroe, el que murió para salvar 9.000 libros.

La rabia es que muere la persona y se queda el héroe. De Cózar era desconocido para las personas ajenas a las letras. Hoy un héroe para muchos. Una pena. Había que disfrutarlo en vida. Con su cigarro, copa en barra y aire de filólogo. Era un intelectual que no iba de culto, eso lo hacía más humano, más creíble. Gran orador, profesor didáctico, de los que llenaba las clases de ideas asociativas para entender la literatura. Gracias a él conocí a escritores que narraban las mismas historias que mis abuelos me contaban. Me enseñó la Literatura de la Guerra Civil y la Postguerra. Si no hubiera sido por él no llego hasta Agustín de Foxá, a Juan Eslava Galán, A. Soler. Gracias a él tuve otra lectura de ‘La Familia de Pascual Duarte’. Conocí al Don Juan Tenorio de Tirso Y de Zorilla con desde la modernidad, incluso durante un tiempo me divertía con los compañeros encasillando a los Don Juanes que nos topábamos en las tabernas sevillanas. Era literatura llena de realismo.

Poesia visual

Un auténtico renacentista en pleno S.XXI. Hablaba casi tan bien como escribía y dibuja palabras -poesía visual- con una genialidad que solo un hombre hecho de una pasta especial podría trazar sobre el papel.

Decía de Cózar, cuando hablaba de la ficción en la novela, que ‘a veces la realidad es inverosímil’. Y tanto.

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