domingo. 29.01.2023
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Opinión

“Para evitar mirar al cielo”

"Hemos sembrado nuestra cabeza de justificantes para no sentir miedo, para distanciarnos de la posibilidad, de que eso no nos va a ocurrir a nosotros"
“Para evitar mirar al cielo”

Los conocemos, estamos cansados de leer y escuchar cuáles son los síntomas del covid-19. Sabemos que su presentación suele ser fiebre, tos seca, que a veces trae mucosidad y otras no, sabemos que muchos que lo han vivido hablan de esa falta de aire, esa presión en el pecho, la falta de gusto y de olfato que convierte todo lo que te llevas a la boca en plástico, que te lleva a comer por comer. Muchos describen el covid como una gripe, una gripe fuerte, otros lo describen como la peor experiencia de su vida, y otros, los más ignorantes, como un resfriado común que vamos a coger todos, sí o sí, y cuanto antes mejor.

Es verdad, algunas personas lo pasan como una gripe, como si las gripes no mataran a gente. Pero, además, en los medios vemos como familias han tenido que enterrar a seres queridos sin poder si quiera despedirse de ellos, hemos visto caravanas de coches fúnebres, y hemos sembrado nuestra cabeza de justificantes para no sentir miedo, para distanciarnos de la posibilidad, de que eso no nos va a ocurrir a nosotros, que las personas a las que el dichoso virus les ha arrancado la vida son viejecitos indefensos que vivían en residencias con muchos contactos y poco cuidados. Lo justificamos mentalmente y lo llevamos al extremo, para no sufrir ante la ligera amenaza de que pueda ser mi madre, mi hermano o mi amigo, que no son octogenarios, que viven como personas normales, que no tienen ninguna enfermedad.

Por lo que he podido ver, por lo que he podido sentir, además de los síntomas físicos, el covid es destructivo por otras características que tiene, y es que cuando tienes síntomas, cuando te dicen que eres positivo en covid, te roban parte de tu cuerpo, tu mente y tu alma, ya no son del todo tuyos, ahora están a la sombra oscura de la incertidumbre, en no saber cómo voy a estar mañana, no saber qué es lo que va a hacer este maldito bicho dentro de mi cuerpo, a su merced. Todo el abanico se abre, desde pasarlo sin apenas enterarme, a repasar mi vida, el terror de morir, de todo lo que puedo perderme, mi vida, mis hijos, mis nietos. La fiebre te roba el sueño, pero la ansiedad es mejor ladrona aún. Y cuando es alguien que quieres, la impotencia de no saber, escuchas casos en los que el empeoramiento fue de un momento a otro, maldita sea, sientes su vida en un hilo, la sorpresa de nuevos síntomas, una lucha psicológica contra el fantasma invisible de la enfermedad, te golpea cada segundo del día, pero tú no puedes hacer nada… ahora ya nada. Antes sí, sí pudiste. Hay contagios que se encuentran, y hay otros que se buscan.

Por eso, queridos lectores, con casi 600 contagios diarios, es el momento de demostrarnos que nos queremos de verdad, que nos importamos, es el momento de decírnoslo incluso: te quiero, te quiero mucho, y por lo mucho que te quiero, no vendré a tu casa a verte, te llamaré cada día, podremos vernos al aire libre, daremos incluso un paseo por nuestras maravillosas calles, te disfrutaré en la calle, sin muros ni techos, donde corra el aire, para evitar mirar al cielo para pensarte.

Cambiad hábitos, dejad de hacerlo todo en torno a una comida, a una cena o unas cañas. Veros en un banco en la calle, dando un paseo, sacando al perro. Es el momento más importante, muchos estáis a tiempo, evitad las lamentaciones, que si ocurre algo grave van a estar acompañándote durante mucho tiempo, quizás toda la vida, porque cuando el virus entra por la puerta… tiembla hasta el cimiento más ancho.

Llevamos muchos meses de lucha, de resistencia, de resignación, y parece que aún nos queda. La vacuna ya está llegando, es verdad, todo va lento, pero por favor, un poco más, solo un poco más. Saldremos, floreceremos, lo celebraremos, nos abrazaremos, nos besaremos con besos llenos de amor y libres de toda sospecha, pero para conseguirlo debemos amarnos de la manera más generosa, sabemos lo que tenemos que hacer para proteger al otro, para aquello que no sea estrictamente necesario, QUÉDATE EN CASA.

Y sí, las mascarillas salvan vidas. Y para que conste, personalmente la mascarilla me ha librado de ser positivo esta semana. Y aunque yo me protegía con mi mascarilla, de nada hubiera servido si la persona que estaba contagiada no la hubiera traído, o la trajese en malas condiciones. La persona que la traía, en cierto sentido “salvó” mi vida, se lo agradeceré siempre. Y eso, es el amor y el respeto. Todos estamos juntos en esto.

Pregúntate a quién quieres aparte de a ti mismo, y protégelo, distánciate.

Este es Tu Espacio de Psicología, si quieres que hablemos de algún tema que te preocupe o del que quieras saber más contacta conmigo a través de mi email, teléfono o WhatsApp.

 Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

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