jueves. 18.08.2022
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El INTA pone a Huelva en la lanzadera aeroespacial

El INTA El Arenosillo, considerado durante años el Cabo Cañaveral español, ha firmado en sus 55 años de vida alguna de las mayores gestas de la industria aeroespacial. Hoy repasamos algunos de sus hitos más importantes.
INTA El Arenosillo
INTA El Arenosillo
El INTA pone a Huelva en la lanzadera aeroespacial

El Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) El Arenosillo volverá a hacer historia poniendo en órbita el MIURA 1, el primer cohete reutilizable europeo. Bajo un nombre tan taurino se esconde un bólido de 12,5 metros de altura con capacidad de elevar cargas útiles de 100 kilos a 150 kilómetros de altura.

Una vez supere la fase de calificación de sistemas, la infraestructura viajará al Centro de Experimentación de El Arenosillo (Mazagón) donde tendrá lugar un lanzamiento que escribirá con letras de oro la carrera espacial para satélites pequeños. Detrás está la firma española PLD Space, que ha entablado el icónico cohete en el Museo Nacional de las Ciencias Naturales y tras el que están Raúl Torres y su tocayo Verdú abanderando un proyecto del que sentirnos orgullosos y que firmas como Morgan Stlanley le augura un brillante futuro y una cotización cercana al trillón de dólares.

Con motivo de este hito hoy repasamos los inicios del primer cohete que puso en órbita hace ya 55 años.

La historia tuvo su génesis una despejada mañana de un 14 de Octubre de 1966. El Centro de Experimentación El Arenosillo (CEDEA) dependiente del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) aglutinaba los nervios de una docena de científico multidisciplinares que con la tecnología más vanguardista de la época median parámetros como la dirección y velocidad del viento.

Sobre sus papeles notas con las coordenadas de un cohete que firmaría el primer gran éxito de la base instalada sobre la atalaya que ofrece uno de los médano de Mazagón, sobre el que se otea la belleza de unas playas vírgenes que miran al atlántico. 

     Sobre la lanzadera, un cohete Judi-Dart de fabricación americana mira el infinito de la atmósfera, desde donde analizará distintas variantes atmosféricas que permitirán comprender mejor el comportamiento del clima. 

     Las condiciones del día no pueden ser más idóneas. A las 13:55 horas el bólido ruge con fuerza y sale disparado cual bala abandonando el tambor de una pistola.

     Semanas antes de este hito en la historia del INTA, la plantilla adscrita al Ministerio de Defensa ya había lanzado sus primeros globos portando reflectores metálicos o chaff para obtener los primeros datos de la baja atmósfera, que resultaron esenciales para trazar los primeros estudios desde la simpar costa onubense. La operación mitigó las probabilidades de error en los lanzamientos de cohetes, afinando la puntería y multiplicando con ellos las probabilidades de éxito. Tres días antes del estreno oficial el cohete militar FFAR, utilizado por el Ejercito del Aire, surcó previamente la costa para ultimar los últimos detalles y trabajar el entrenamiento con los radares.

 

     La ciencia aeronáutica se abría paso en España y nuestra provincia era testigo directo de estos avances. 

     Todos estos lanzamientos se realizaban “en colaboración con el Servicio Nacional de Meteorología y la Nasa, y posteriormente con el CNES francés y otras instituciones españolas y europeas. Poco a poco el centro fue desarrollando programas de mayor envergadura estudiando la emisión y absorción atmosférica con el Instituto Astrofísico de Andalucía o la participación con numerosos países de todos los continentes de los programas Globus y Diana sobre la dinámica de la atmósfera. 

     Desde entonces el INTA ha desarrollado en Mazagón más de medio millar de lanzamientos, muchos de ellos con modelos de producción propia como los INTA 100, 255 y 300; así como 58 vuelos con globos estratosféricos para el estudio y diagnóstico de la atmósfera.  

     Más recientemente, las capacidades del centro se han potenciado con la modernización de sus sistemas de radares de vigilancia y trayectográficos, de estaciones optrónicas, comunicaciones y telescopios que son poco menos que los ojos de Dios en el universo. Todo ello sin olvidar el apoyo que se presta a los programas del Ministerio de Defensa de España y a los de entrenamiento de tiro de las Fuerzas Armadas. 

  

    El Arenosillo, el Cabo Cañaveral español

     El hecho de que en el año 1996 la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos (NASA) adiestrara al personal del INTA y le surtiera de material de experimentación para sus ensayos en el planeta Tierra hizo que muchos medios de comunicación apodasen a El Arenosillo como el cabo Cañaveral Español. 

     Al igual que el enclave estadounidense situado al norte del estado de Florida, Mazagón era un lugar estratégico por su situación geográfica para el análisis del espacio. Aunque aquí no se lanzaron cohetes a la luna ni las investigaciones canalizaron sus recursos a la carrera espacial, las instalaciones onubenses jugaron un papel primordial en otros campos como el control del ozono en el mundo. En efecto, en la Estación de Sondeos Atmosféricos del CEDEA se desarrolla la campaña bianual a nivel mundial de calibración e intercomparación de espectofotómetros, que no son otra cosa que los aparatos que miden el nivel de ozono en el mundo.

     Junta a ello El Arenosillo acogió en 1998 la primera estación astronómica robótica de la red BOOTES, palabra que surge del acrónimo en inglés de observatorio de estallidos y sistemas de exploración de fuentes esporádicas ópticas procedentes del espacio intergaláctico profundo.  En 2013 se instaló en el centro un nuevo telescopio de última generación que monta 16 cámaras capaces de rastrear todo el cosmos que se divisa desde el hemisferio norte de la tierra. Un instrumento con un único hermano gemelo en todo el mundo, situado en Chile, cuyo cometido es hacer de guardia del planeta azul y sus fronteras espaciales detectando las radiaciones gamma que son los artífices de los agujeros negros.  

   Investigación en la energía del futuro

     En el campo de la energía solar térmica en El Arenosillo se trabaja en la experimentación con tecnologías como las pilas de hidrógeno, llamadas a ser el reemplazo de los combustibles fósiles. El Centro cuenta con un laboratorio de ensayos de baterías, supercondensadores y pilas de combustibles más avanzados de Europa. Asimismo disfrutan de una microred de integración de energías renovables a escala real para ensayos de prototipo. 

   Los guardianes del ozono en el mundo

     En la Estación de sondeos atmosféricos de El Arenosillo se escruta el espacio en estrecha colaboración estrecha con el Instituto Astrofísico de Andalucía. Con sus equipos técnicos observan  la ionosfera en materia de radiación solar, la existencias de arerosoles, el contenido de ozono, gases traza y la meteorología. En total miden sesenta parámetros atmosféricos aprovechando las excelentes condiciones atmosféricas y meteorológicas que permiten que en la zona se realice la labor de calibración e intercomparación de espectofotómetros que medirán el nivel de ozono en el mundo. 

   Experimentación de altos vuelos

     En el CEDEA se desarrolla un extenso programa de investigación científico y tecnológico, que presta apoyo a los programas del Ministerio de Defensa de España y a los de entrenamiento de tiro de las Fuerzas Armadas. Desde el centro se pueden seguir el desarrollo de los ensayos; el seguimiento automatizado basado en un sistema de telemetría que transmite toda la información del vuelo desde la aeronave;  y el sistemas de terminación de vuelo que permite que la aeronave regrese a condiciones seguras y, si es necesario, ordenar su destrucción.

El Arenosillo también dispone de una Unidad de Blancos y Sistemas no tripulados aéreos y marinos que se utilizan para el entrenamiento de las Fuerzas Armadas, y para la certificación calificación e integración de sistemas en aeronaves y buques. 

   CEUS, el futuro de los drones pendiende de financiación

     El Centro de Excelencia de Sistemas no Tripulados (CEUS) es el esperanzador proyecto de futuro que se espera con impaciencia en las instalaciones mazagoneras.  En ellas se calificaran y certificar las aeronaves autónomas no tripuladas de mediano y gran tonelaje que pueden circular por el espacio aéreo europeo. Para ello se proyecta construir dos pistas de vuelo y un laboratorio científico y tecnológico dónde se desarrollará la tarea.

Historia de El Arenosillo, por Mariano Vazquez 

En 1963 se creó la Comisión Nacional de Investigación del Espacio, CONIE, y se establecía su íntima relación con el INTA, que pasaría a denominarse Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial, siguiendo, claro está, adscrito al entonces Ministerio del Aire, y siendo el órgano tecnológico de la CONIE. 

En 1964 se inician los estudios para crear un campo de lanzamiento de cohetes y experiencias con globos y equipos de tierra destinados, inicialmente, al estudio de la atmósfera, incluyendo la meteorología por tanto. Sopesados también otros emplazamientos (Finisterre y Cabo de Gata), se optó por la ubicación en la llamada Playa de Castilla, cerca del Parador de Mazagón y junto al arroyo Arenoso. De ahí el nombre de El Arenosillo. 

Pronto se empezó la instalación en esa zona donde ahora nos encontramos, se firmó un acuerdo con la NASA para adiestrar personal y obtener material, y en octubre de 1966 todo estaba preparado, y algunos medios gráficos comenzaban a dar a conocer “El Cabo Cañaveral” (hoy Cabo Kennedy) español. 

A primeros de octubre se empezaron a soltar los primeros globitos, portando reflectores metálicos o chaff, para obtener datos de vientos (dirección y velocidad) de la baja atmósfera, que servirían para iniciar un completo estudio meteorológico del lugar, así como para corregir la puntería en los lanzamientos de cohetes. El 13 de octubre se lanzó un cohete de prueba, se trataba de un cohete militar FFAR utilizado por nuestro Ejército del Aire, cuyo objetivo era la comprobación de la cuenta atrás y el entrenamiento con los radares. 

El 14 de octubre, a las 13:55 hora Z (hora solar de nuestro uso horario) se lanzó el primer cohete. Todo fue correctamente y se cumplieron los objetivos previstos. Esta es la fecha que marcaba el inicio de las actividades de lanzamiento desde El Arenosillo y la considerada de inauguración del campo de lanzamiento. El cohete lanzado había sido un Judi-Dart de fabricación americana. 

Al día siguiente se hizo la inauguración oficial con autoridades y prensa, se lanzó esta vez un cohete Skua, de fabricación inglesa, al que alguna prensa denominó Potale y del que diremos que cada unidad costaba unas cien mil pesetas (600 €). 

Todos estos primeros lanzamientos eran de cohetes de sondeo meteorológicos, en colaboración con el Servicio Nacional de Meteorología y la NASA. Los siguientes años se fueron haciendo lanzamientos de cohetes mayores, ya con el objetivo de estudiar las capas media y alta de la atmósfera, colaborándose ya con el CNES francés y otras instituciones españolas y europeas. 

En 1972 se inician los estudios astronómicos. Será una colaboración con otros organismos representados por el alemán Instituto Max Planck, con estudios de cometas (Khoutek), estrellas lejanas, nebulosas (Cangrejo) y otros cuerpos estelares 

Destacados fueron también los programas de Fotometría en el Infrarrojo y de Estudios de Emisión y Absorción Atmosféricas, ambos en colaboración con el Instituto Astrofísico de Andalucía, y la importante participación llevada a cabo en los Programas Globus y DYANA, sobre el estudio de los diversos constituyentes atmosféricos y la dinámica de la atmósfera, realizados con la participación de numerosos países de todos los continentes. 

La experimentación de los cohetes de sondeo INTA se inició en 1969 con el lanzamiento de una maqueta del INTA-255, a la que siguieron dos cohetes completos de ese tipo. En octubre de 1974 voló el primer prototipo del INTA 300 y tres más fueron puestos en vuelo en años posteriores. Del INTA-100 se iniciaron los vuelos en 1984 y se continuaron hasta 1992, con un total de 17 lanzamientos, entre los que destacaremos aquí el volado el 14 de octubre de 1991 (XXV aniversario de El Arenosillo). 

Los dos últimos lanzamientos de grandes cohetes fueron los de dos INTA-300B en 1993 y 1994. La utilidad de los cohetes de sondeo casi había desaparecido. Un total de 558 fueron los lanzados hasta esa fecha; en 1970 se alcanzó la cifra de 83 lanzamientos anuales, y 680 km fue la mayor altitud conseguida, con un cohete Black Brant IV en 1976. 

Un nuevo lanzamiento hay que anotar muchos años después: hace poco más de un año se voló un cohete diseñado por alumnos de la Universidad de Delft (Países Bajos) y gestionado por una fundación con participación del INTA e importantes empresas europeas. 

Además de estos cohetes, se han lanzado los ya comentados cohetes de prueba y se han hecho ensayos de cohetes militares INTA; entre unos y otros se han realizado más de 700 vuelos 

Hemos hablado al principio de los globitos, destinados a medir vientos en bajas cotas para la corrección de las condiciones de lanzamiento; esos globitos fueron aumentando su tamaño y, sobre todo, la altura que alcanzaban, que fue llegando a superar los 30 000 metros, y usándose no sólo para la corrección de cohetes, sino también para otras misiones, o llevando a bordo radiosondas (para el estudio de diversos parámetros de la atmósfera) u ozonosondas (para la determinación de la cantidad de ozono existente). En total unos 2500 globos han sido puestos en vuelo durante la vida del centro. 

Pero hay otros globos a los que quiero referirme especialmente, han sido los Globos Transmediterráneos. La primera campaña tuvo lugar en 1977. 

Globos de volúmenes entre 300 000 y un millón de metros cúbicos (estos con el diámetro de una plaza de toros), de los que pendía una barquilla con masas de hasta cerca de 2000 kg eran puestos en vuelo, en la base italiana de Trapani, en Sicilia, para llegar a una altura superior a 35 km y ser empujados por los vientos estratosféricos, que en verano tienen dirección este-oeste y una velocidad de alrededor de 100 km/h. Volaban por tanto hacia nuestra península y tras unas veinte horas, durante las que enviaban a tierra la información obtenida en el vuelo, eran hechos descender, mediante una orden por telemando desde El Arenosillo, en alguna zona despoblada del sudoeste español. 

Posteriormente, por el personal de El Arenosillo con la ayuda de helicópteros del E.A., eran recuperados y trasladados a este centro, para la devolución a los científicos de su equipamiento y el aprovechamiento en vuelos posteriores del equipo tecnológico. 

Cincuenta y ocho operaciones de este tipo fueron llevadas a cabo entre 1977 y 2002, con cargas útiles biológicas, atmosféricas y astronómicas, además de ensayos tecnológicos para luego ser utilizados en las lanzaderas espaciales. 

Por supuesto que en esos vuelos han ocurrido algunas incidencias y hay anécdotas dignas de mención: la baliza en la mesilla, ha llegado la Fuerza Aérea, la ley del mar. 

Mientras tanto, en 1974, se procedió al seguimiento del primer satélite del INTA, el Intasat, y en 1989 se inició el seguimiento de los satélites europeos ERS, operaciones que continuaron durante más de 15 años. 

Otros dos hechos merecen también ser reseñados. En 1970 se crea el Grupo de Ionosfera, agrupando los tres equipos de tierra destinados a su estudio: el medidor de absorción A-3, el sondeador ionosférico y el espectrofotómetro Dobson, dando así inicio a la posteriormente llamada Estación de Sondeos Atmosféricos. En 1979 se inician los trabajos de la entonces llamada Estación de Energía Solar, transformada posteriormente para dar lugar al hoy Laboratorio de Sistemas de Energía. 

Por otro lado, en 1981 se dió inicio al seguimiento de los misiles Hawk lanzados sobre blanco aéreos Chukar puestos en vuelo por la Armada y, no mucho más tarde, empezó a hacerse lo mismo con similares entrenamientos de nuestra Armada en el Golfo de Cádiz y con los lanzados por aviones del Ejército del Aire. Los Hawk, Mistral, Roland, Sidewinder, Aspide, Sparroww, Sea Sparrow y Standard han sido los más operados. A ello habría que añadir 35 campañas efectuadas para las aceptaciones del Misil Stinger de fabricación europea. 

En diciembre de 1988 presentamos al Ministerio de Defensa el Estudio de Viabilidad para el Programa de Potenciación del CEDEA, acrónimo de Centro Experimental De El Arenosillo, pasado más tarde a Centro de Experimentación De El Arenosillo, como le denominamos hoy día. 

Pronto se aprobó la realización del programa y el cambio fue asombroso: nuevos radares, equipos optrónicos, equipación de aviones blanco o drones y nuevos programas, la mayoría de ellos sobre misiles, algunos de ellos ya comentados, y sobre los propios drones, de los que creo que habrá personas que puedan hablar mejor que yo. 

El INTA pone a Huelva en la lanzadera aeroespacial