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“Me incendió la casa, pero salvé la vida”

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“Me incendió la casa, pero salve la vida”. La contundencia y elocuencia de esa frase resume de manera sucinta el calvario de Mónica Traistaru, la mujer que ha sufrido en sus carnes el último episodio denunciado de un caso de violencia de género a manos de su expareja, quien presuntamente tras agredirla y escapar de sus zarpas no tuvo otra tétrica idea que atentar contra su patrimonio incendiando sus pertenencias y, con ello, la casa en la que residía en régimen de alquiler en Rociana del Condado, tal y como adelantó Diario de Huelva.

Traistaru, de nacionalidad rumana, lleva residiendo desde hace quince años en España después de desembarcar en nuestro país buscando un mundo mejor al calor de la agricultura y los frutos de primor que hicieron florecer la economía de la comarca.

Su última pareja, compatriota, la conoció en Rociana e iniciaron una relación que terminó de manera abrupta tras varios episodios de presunta violencia y agresiones físicas escudadas en unos celos incontrolables que le impedían incluso “tener contacto con el padre de mis dos hijos”.

Poner punto final a la relación fue la mejor decisión que tomó en su vida, pero el hombre no estaba dispuesto aceptar su libertad. “O eres para mí o para nadie, me decía”. Esa frase lapidaria era toda una declaración de intenciones del agresor y durante mucho tiempo ejecutó un acoso desmedido que llevó a la mujer a pedir socorro a la Policía y pedir una orden de alejamiento.

Sin embargo, Traistaru afirma que el hecho de su entonces pareja “sufriese dos infartos al corazón” le hizo temer que una denuncia penal pudiera ser contraproducente para su estado de salud. Se apiadó  y ese error estuvo a punto de costarle caro.

Tras verle las orejas al lobo, su presunto agresor, cuyo nombre prefiere no nombrar a lo largo de toda la entrevista, decidió poner tierra de por medio y regresar a su país natal para evitar que la justicia pudiera meterlo entre rejas.

No obstante, intentaría mantener el control y el vínculo sentimental en la distancia a pesar de la firme decisión de la mujer de no volver a caer en la tóxica relación. “Llamaba a mi jefe en el campo para que me echara del trabajo” en represalia por no entregar su amor a quien quería ganárselo a la fuerza.

 

 

Un día antes de que el presunto agresor prendiese fuego a la casa  fue a visitarla y ella lo echó de su casa en la calle Pizarro. La pesadilla volvía pero sin saber hasta qué punto. El pasado martes 14 de diciembre se presentó “borracho”. Ella le abrió la puerta pensando que era un amigo con el que había quedado para ir a Huelva.

Según relata la víctima, su actitud violenta se escenificó nada más entrar por la fuerza en la vivienda. Al enterarse que esperaba a otra personas quiso agredirla. Ella se defendió como pudo arañándole en el rostro y el le arrancó “un manojo de pelo”. Sin poder doblegarla se fue a la cocina de donde cogió un cuchillo con la que “intentaría atacarme” momento en que sus hijos “en pijama y chanclas cogieron a la perra y huyeron a la calle”, recuerda.

El incendio causa daños estructurales en la casa

Ella hizo lo propio y, al quedarse sólo en la vivienda y sin otra posibilidad que hacer daño físico a la mujer que supuestamente amaba, el rumano utilizó “unas bolsas de ropa” que tenía en el salón para “prenderles fuego”. Acto seguido, se fue hasta la habitación para extender su infierno. Cuando las llamas tomaron fuerza el hombre huyó del lugar de los hechos, siendo detenido por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado varias calles aledañas al lugar de los hechos.

Mona, como la conocen cariñosamente sus amigos, dice hoy que el hombre “me incendió la casa, pero salvé la vida” con una entereza que muestra la heroicidad de quien ha soportado tragedias de esta envergadura a manos de una persona sin sentimientos. No obstante, afirma que lo ha perdido todo e incluso confía en la bondad de “mi jefe” para que le adelante el dinero de los días trabajados, pues el presunto agresor le ha dejado “sin dinero y sin casa”.