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El mañana no existe

El mañana no existe

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Hoy me he despertado muy temprano. Me asomo a la ventana y veo la oscuridad de la noche. Son las cinco de la mañana. Pienso en volver a dormir pero mi cabeza se inunda de pensamientos, de cosas por hacer, de recuerdos, de conversaciones con personas queridas, de agendas, en definitiva del amanecer de un nuevo día que se me presenta muy completo.

Como si fueran las siete de la mañana como un día normal, me caliento mi taza de café y me apetece volcar mis pensamientos en un papel y así buscar el porqué de mi despertar temprano. Y creo que sé el motivo de mi pequeño insomnio y está relacionado con hechos que durante estos meses se han producido en mi vida y que de una u otra manera la han cambiado, cerrando etapas del pasado y abriendo un futuro diferente.

Y me pongo a mirar en lo más profundo de mí y pienso que a pesar del paso del tiempo y de nuevas vivencias, todavía no he aceptado en mi interior la ausencia de mis seres más queridos, mis padres. Después de la muerte de los padres, la vida cambia muchísimo. Da igual la edad que se tenga, siempre te sientes niñ@ y sigues teniendo la necesidad de acudir a ellos para que te protejan, te den ese consejo verdadero, te escuchen o te digan que eres el más guap@ y te suban la autoestima, te den seguridad para afrontar los avatares de la vida, te curen las heridas o te digan un “te quiero” junto al beso que jamás desaparece de tus mejillas convirtiéndose en el gesto de amor más deseado.Los padres, sin duda alguna, han sido nuestro primer amor, aquel que nunca se olvida.

Decía el escritor Gabriel García Márquez que “Cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su madre o de su padre, lo tiene atrapado para siempre”. Y así es, ese amor del que nunca te olvidarás y que permanecerá vivo mientras los recuerdes.

Sí, qué difícil es aceptar que ya no están y con ellos esos momentos vividos que nunca más se repetirán y que compartimos junto a ellos. Su olor, su voz, sus risas…

Quizás para entender o para conformarnos con esta pérdida, tendríamos que entender el sentido de la muerte y eso amig@s, estaréis conmigo de acuerdo, es uno de los grandes misterios de la existencia del ser humano.

Y antes que una lágrima recorra mi mejilla por esa situación de orfandad, busco un aliento de optimismo y de esperanza que me haga revivir mi ser y me anime a disfrutar de un nuevo amanecer, del hoy. Aprendes a vivir minuto a minuto, aunque en algunos momentos ‘el ayer te atormente y el mañana te asuste’.

El mañana no debe asustarnos, porque amigos, la vida se vive una sola vez y no sabemos cuándo llegará ese día donde la luz se apague para siempre. Sólo hay que echar la vista atrás y recordar lo que está ocurriendo en el mundo, esta terrible pandemia donde sin importar la edad, miles y miles de semejantes no pudieron volver a ver un nuevo amanecer y con ellos se fueron sus sueños.

Por eso, tenemos que vivir el presente y no esperar a hacer lo que estamos soñando, esperando ese día, ese tiempo especial. Así se nos pasa la vida esperando ese momento adecuado para ‘estrenar’ todo lo que nos hará sentir mejor, como decir un te quiero a esa persona que lo está esperando o pedir perdón o estrenarte aquel vestido que tienes guardado en tu armario para una ocasión especial, o viajar a ese lugar que tanto te gusta o ver esa película de la que tanto te han hablado o hacer o decir aquello que deseas sin importar el qué dirán. En definitiva VIVIR!!

Me pregunto cuántas cosas quizás dejé de hacer con mis padres esperando ese día, ese momento especial. La vida pasa y lo que no hagas hoy no sabemos si lo volveremos a hacer o bien otros lo harán por nosotros. Cuántos sueños se quedaron en sueños por esperar una oportunidad, cuántas cosas dejaremos sin hacer poniendo como excusa el mañana, quizás por miedo a fracasar o por un orgullo que se vuelve estúpido.

El mañana es incierto. Lo único de verdad es el presente, el hoy. Por eso, luchemos por hacer realidad nuestros sueños, no dejemos que otros los cumplan por nosotros por esperar ese día o momento especial. Decía el escritor, “no dejemos sin estrenar palabras, compañía, sentimientos, sueños, solo por miedo al fracaso, por vergüenza o por orgullo”.

El mañana no existe

 

Son las siete de la mañana, mi casa empieza a recobrar vida con el despertar de mi familia. Mientras acompaño el desayuno con otra taza de café, mi hijo mayor me pregunta, mamá ¿qué harás hoy? y yo le contesto ¡¡VIVIR!!