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Navahermosa atesora un gran patrimonio rural y una calidad de vida saludable

Navahermosa atesora un gran patrimonio rural y una calidad de vida saludable

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Algunos de los espacios de La Sierra son aún poco conocidos, como sucede con sus aldeas y pedanías. Por ello, es interesante bucear en su historia y sus principales hitos patrimoniales. Podríamos comenzar con la aldea de Navahermosa, perteneciente al término municipal de Galaroza, desde la independencia de este pueblo de la jurisdicción de Aracena, en 1553. Los datos del pequeño pueblecito son aportados por Jesús Sánchez, historiador del Arte, agente y dinamizador turístico, quien además posee una amplia colección de magníficas fotografías de su pueblo y su entorno.

Los orígenes de la pedanía de Navahermosa se remontan al siglo XIV y el inicio de las construcciones podría situarse en la plaza de Marcelino Moya, llamada así en honor a un tamborilero nacido en esta aldea que llegó a obtener un reconocimiento a nivel nacional. Como curiosidad, se puede recordar que en esta plaza existe la que se conoce como ‘Casa del cura’, un pequeño habitáculo de apenas 10m2.

Navahermosa atesora un gran patrimonio rural y una calidad de vida saludable

Su casco urbano experimenta ampliaciones, en un principio marcadas por la ubicación de la iglesia, que al estar situada a las afueras de la aldea, favoreció la construcción de casas cercanas que formaron la calle Virgen del Rosario.

Otra ampliación reseñable es la que une la calle Alfonso XII con la calle Fuenteheridos, desarrollada entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX. Con esta calle conectan dos más, conocidas como callejas, la calle Pozo y la calle Lagar, que debe su nombre a la existencia de una bodega donde se pisaba la uva para la elaboración del mosto. En esta misma calle también se conservan algunas cuadras donde antiguamente se guardaba el ganado.

La zona más alta de Navahermosa es la que se ubica a los pies de la sierra homónima, se accede a través de la calle Cabezo y desde ella se puede contemplar una panorámica de la aldea.

La entrada de Navahermosa desde Fuenteheridos se conoce como ‘El lejío’, dado que en una de las fincas colindantes a la carretera se ubica una de las dos eras con las que contaba la aldea, hoy prácticamente invisible debido al abandono. La otra era se encuentra en una finca en ‘El Talenque’. En esta zona se ubica un área recreativa muy demandada para el esparcimiento de vecinos y visitantes, que cuenta con un valioso robledal y que acoge la romería en honor a la Divina Pastora de Galaroza. En sus alrededores existieron unos hornos dedicados a la cocción de ladrillos de barro y tejas; uno de ellos se destruyó en la década de los 90 y el otro se encuentra visible, aunque muy deteriorado.

En cuanto a su patrimonio monumental, destaca la iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario, que data de mediados del siglo XVI. También cuenta la pequeña aldea con varias fuentes, entre las que destaca la de Nuestra Señora del Rosario, originalmente situada en la Plaza de la Constitución de Galaroza, sustituida por la Fuente de la Purísima Concepción en 1938 en que es trasladada a Navahermosa. Como curiosidad, se puede mencionar que tiene dos grifos y cada uno se abastece de un agua distinta, el de la izquierda echa agua de la red, la misma que la de las viviendas, y el de la derecha recibe agua proveniente del manantial llamado ‘Fuente del Arrumiao’, utilizándose habitualmente para cocinar. Esta fuente, según consta en una placa de mármol, “se hizo siendo alcalde Víctor Pérez”, lo que nos indica que debió ser en el siglo XIX.

Otro patrimonio relacionado con la arquitectura popular que afortunadamente se conserva en muchas viviendas de Navahermosa es el conformado por los pozos, los hornos donde se cocía el rico pan de pueblo, así como deliciosos dulces y pasteles; los llamados cuartos de cocer, empleados principalmente para el embotellado o embotado de frutas y hortalizas para su conservación; los pesebres en las cuadras para el ganado; o las bodegas con grandes tinajas para la conservación de cereales y aceite.

A las afueras de la aldea también se conserva en buen estado otro elemento singular, una noria de sangre utilizada para la extracción de agua mediante un mecanismo que era movilizado por un burro. Esta noria cuenta con un sistema de canalización del agua que se extraía y que se almacenaba en una pequeña alberca, desde la que se distribuía a pequeñas piletas donde bebía el ganado.

Pero Navahermosa enriquece su patrimonio con aportaciones contemporáneas, como el reciente mural pintado en una de las plazas de la aldea. La obra, denominada ‘Beatriz’, fue pintada en el año 2019 por Víctor García y Sara Rubio, y en ella se representa a una mujer de edad avanzada, vecina del pueblo, significando un homenaje a la mujer rural, a la humildad, la amabilidad y la simpatía.

Con sus apenas 30 habitantes, la aldea de Navahermosa guarda el encanto del medio rural serrano y el sabor de las cosas bien hechas, procurando una calidad de vida saludable envidiada por muchos que necesitan vencer al estrés y las prisas.

Navahermosa atesora un gran patrimonio rural y una calidad de vida saludable