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Una familia cachonera encuentra sus ascendientes en Estados Unidos

Una familia cachonera encuentra sus ascendientes en Estados Unidos

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Las redes sociales han aportado a nuestra sociedad aspectos negativos y también positivos. Entre éstos, se encuentra sin duda alguna la posibilidad de acercar mundos, de estrechar distancias y contactar con cualquier parte del planeta en poco tiempo. Gracias a estos nuevos caminos, una familia de Galaroza ha encontrado a sus ascendientes en Estados Unidos. La búsqueda ha sido larga, a través de canales convencionales diversos, y no se ha materializado hasta la entrada en escena de la red social Facebook.

La historia de los cachoneros en América comenzó hace siglos, con la partida de diversos aventureros en busca de fortuna en el Nuevo Mundo. Ya en época contemporánea, tenemos datos de la decisión de la familia Ballestero de buscar trabajo en Estados Unidos. Procedentes de la localidad de Aciberos, perteneciente al municipio zamorano de Lubián, se instalaron en tierras onubenses.

Ceferino Ballesteros López, hijo de Miguel Ballestero y de Teresa López, nace en la citada localidad el 8 de junio de 1864. En fecha indeterminada se traslada a Minas de Riotinto, donde el 21 de septiembre de 1894 contrae matrimonio con Carmen González Fernández, natural de Galaroza e hija de Francisco González Fernández y Juana Fernández Fernández. De este matrimonio nacen Otilia, Afrodisia, Ceferino, Miguel, Francisco, Manuel. Tienen su residencia en el Campillo.

Según las investigaciones de Hilario Coronado Ballestero, Miguel Ballestero González, con tan sólo 20 años de edad, solicita el 25 de septiembre de 1917 un certificado a la todopoderosa compañía Rio-Tinto Company Limited para ausentarse de Riotinto. Ingresó en esta empresa minera el 26 de noviembre de 1913, con 17 años, y trabajó allí en distintos puestos, como palero, limpiador, excavadoras y zafrero.

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Parte hacia América con el fin de probar suerte, estableciéndose inicialmente en la localidad cubana de Felton, donde trabajó en ‘The Spanish American Iron Company’. Pasando posteriormente a Nueva York, entrando por la isla de Ellis a bordo del barco ‘Munamar’ procedente de Antilla (Cuba) el día 5 de octubre de 1918.

Su padre Ceferino Ballesteros López (54 años) sigue sus pasos hacía Nueva York el día 1 de junio de 1920, a bordo del barco ‘México’ procedente de La Habana. Ceferino aparece en el censo de Estados Unidos de 1930 en Steubenville, Jefferson, Ohio; concretamente como “boarder” (huésped) de la familia Henry y Thesa Ferrer, de origen francés. Los datos han sido recopilados por Hilario Coronado, a través de instancias oficiales norteamericanas.

Francisco Ballestero conserva y ha aportado a la investigación documentos originales de la estancia de su familia en Estados Unidos. En primer lugar, hay que destacar los intentos de que la familia se uniera a los ya desplazados, con cartas del vicecónsul de los Estados Unidos en España, Edward E. Silvers, contestando a Camilo Perreau, cónsul de Bélgica en Sevilla, muy relacionado con Galaroza y a quien la familia habría recurrido para obtener los visados necesarios desde 1926.

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Hay un envío de dinero, concretamente 147 pesetas, desde el ‘James V. Lago Banker’ de New York, del 19 de marzo de 1928, que indica las rentas que iban adquiriendo los Ballestero y el destino de gran parte de ellas, enviadas a la matriarca en Galaroza. Esta carta aporta un dato importante, ya que afirma que sólo desde este banco, los españoles habían remitido a su país desde 1917 la nada despreciable suma de 89 millones de pesetas.

Los giros serían habituales durante esa etapa, ya que hay otra carta similar del mes de abril; en un solo mes, el montante enviado desde este banco había subido hasta los 96 millones en total. Le siguieron otros envíos, como uno del mes de noviembre desde el ‘Mellon National Bank’ de Pittsburgh, Pennsylvania, por valor de 200 pesetas.

No obstante, la morriña hizo mella en el mayor de los emigrantes y Ceferino volvió a su tierra en 1932, gracias a un pasaporte que le concedió el consulado de España en Filadelfia fechado el 3 de julio de 1930. Su estancia en Galaroza fue corta tras el regreso, ya que le sorprendió la muerte el 25 de octubre de 1934, con 70 años de edad.

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Su hijo Miguel no quiso volver, y siguió peleando para subsistir y mejorar en sus condiciones de vida. Aparece en el censo de Estados Unidos de 1940 en Baltimore, Maryland. Desde su Galaroza natal, su familia intentó contactar con ellos, como muestra la carta que su madre envía el 7 de junio de 1956 al cónsul de España en Philadelphia, en la que le ruega le transmita el paradero y datos vitales de su hijo Miguel y su posible familia, a fin de que pueda entregarle la herencia que le corresponde por el fallecimiento de su padre y hermanos. Su hermano Ceferino Ballestero González, que regentaba la zapatería familiar en el pueblo, también escribe al American Consulate General de Sevilla en busca de noticias.

No hubo suerte. Hasta que, bien entrado el siglo XXI, Hilario Coronado aplicó nuevos métodos a esta búsqueda. Obtuvo los datos de su esposa Lillian Ballestero, y que tuvo por hijos a Audrey, Woodrow, Pauline, Madeline, Betty y Maxine. En Baltimore, el cachonero alcanzó su naturalización, adoptando el nombre de Michael Ballestero. Falleció el día 6 de septiembre de 1971, con 75 años, mientras que su esposa Lillian había fallecido el 9 de noviembre de 1950, con 53 años.

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Ahí parecían esfumarse las fuentes de información, pero Hilario Coronado no se dio por vencido. A lo largo del tiempo y a través de diferentes fuentes, pudo reconstruir toda la familia, sus nombres, matrimonios, hijos, etc. Aunque seguía sin encontrar la manera de contactar con ellos.

En el año 2013, encontró una reseña de la muerte del soldado Robert Eckfield en la guerra de Irak, acaecida el día 27 de octubre de 2005. En el citado artículo aparece el nombre de su madre Virginia y de otros familiares de apellido Ballestero. Contrastando estos datos con la documentación anteriormente recopilada, descubrió que Virginia es nieta de Michael Ballestero. El último paso consistió en rastrear su presencia en las redes sociales, encontrándola en Facebook. Para ello, tuvo que crear una cuenta con el apoyo de su hijo y entraron en contacto con Virginia y con su hija Rachel, y posteriormente con otros descendientes de Michael Ballestero.

Desde ese momento, han reafirmado sus lazos, de forma digital, y han demostrado que la labor genealógica e investigadora siempre da sus frutos.

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