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8M todos los días

8M todos los días

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Hoy toca ponerse las gafas moradas y eso es un orgullo, pero también un problema. El feminismo no debería necesitar de gafas para ver la realidad de un colectivo que lleva siglos de lucha para alcanzar algo tan simple y tan justo como la igualdad, la plena igualdad.

Este 8 M pandémico, de camisetas moradas y pañuelos en los balcones, de buenas intenciones en las redes sociales, de declaraciones políticas empoderadas, de portadas de medios de comunicación alusivas a la lucha de la mujer, de articulistas de opinión que aprovechan el día para reivindicar desde su posición privilegiada, no debería existir, porque no debería existir la desigualdad.

Hoy en Huelva, el techo de cristal continúa siendo muy difícil de romper en muchos sectores, la brecha salarial es una de las mayores de toda España con un 30% de diferencia (y a los detractores de esta idea les recuerdo que las matemáticas son una ciencia exacta) y aún quedan muchos estereotipos, conductas y acciones que erradicar que van desde el acoso laboral a la violencia de género.

Lo peor de todo es que esta lucha parece inabarcable y lenta. Pese a los obvios avances conseguidos a lo largo de los siglos,  hoy por hoy nos encontramos con zotes inventando ‘palabros’ como feminazi para erosionar lo que ignoran, partidos políticos que elevan soflamas para mantener el status quo machista y que encienden las redes sociales con una falsa neutralidad que perpetúa la desigualdad, y jóvenes que siguen manteniendo en los celos y en el control del móvil de sus novias una razón para hacerse los fuertes y seguir la senda injusta de cientos de años.

Esto ocurre hoy día, lo que significa que la lucha feminista va a necesitar de varias generaciones más para ser una realidad y que las gafas moradas que nos ponemos una vez al año para que la sociedad vea como la mujer sigue sufriendo numerosas desigualdades, es insuficiente.

Desde algunos sectores de la política se han dado cuenta de que el 8M ya tiene que estar presente en la agenda a diario, que toda legislación debe tener una visión transversal de género para no caer en los pecados machistas y que esta barrera solo se supera en el día a día, minando los siglos de historia que han forjado este escudo tan difícil de derribar.

A todas las mujeres trasladaros mis ánimos y alentaros para que no os rindáis nunca, para que nos recordéis siempre que queda mucho por hacer. Aquí, en segundo plano, resguardado de la hostilidad que os atenaza, tenéis un aliado.