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La vacuna más deseada

La vacuna más deseada

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Me aterra vivir en el país del sálvese quién pueda, me apena comprobar la cantidad de salvaculos que acechan en cargos públicos por doquier y que se aprovechan de su cargo para obtener un beneficio propio (lo que en sí mismo define la corrupción) y es que, desde que se empezara a dispensar la ansiada vacuna contra la Sars-cov 2 no han dejado de aparecer casos de caraduras que han hecho de su carguito un sayo y que han aprovechado para administrarse la vacuna antes de lo que teóricamente les correspondería.

Este grotesco goteo de sinvergonzonería, nos hace tener que estar vigilantes y denunciar desde el periodismo y desde la investigación, lo que los humanos con menos escrúpulos son capaces de hacer. Hay un protocolo, una misión que cumplir y sobre todo sentido común para aplicar una vacuna que pretende evitar el riesgo en los grupos que más probabilidades pueden tener de contraer la enfermedad, esto es, los mayores de las residencias, las personas que los atienden y los sanitarios que están en primera línea (contacto directo) con enfermos de covid.

En este listado, no están ni alcaldes, ni concejales, ni curas, ni obispos, ni administrativos ni gerentes de hospital. Y esto último viene dado por la polémica vacunación del gerente del Hospital de Riotinto, Rafael Perea, que ya se ha llevado sus dos dosis de la vacuna.

Perea asevera que por protocolo le toca vacunarse, sin embargo, no hemos podido constatar que en el resto de hospitales (el Juan Ramón Jiménez o el Infanta Elena sin ir más lejos) su gerente se haya vacunado. Perea tampoco quiso hablar con el periodista para confirmar la noticia y dar sus explicaciones cuando lo llamó antes de publicar su información y tampoco ha ahondado en más explicaciones más allá de qué, según él, por protocolo, le corresponde la vacuna. Sería fácil decir que según el protocolo (que es público y está en la web del ministerio de Sanidad) él se acoge al punto X del párrafo Y, para determinar que le toca vacunarse. Pero Perea no ha hecho eso, ha insultado gravemente al periodista, ha eludido el debate cuando los hechos le señalan.

Independientemente de sí finalmente Perea consigue transmitir o no porqué le tocaba vacunarse, lo que está claro es que el papel del periodismo está jugando en esta crisis sanitaria es esencial y que su poder de denuncia está siendo más importante que nunca, por lo que atacarlo frontalmente, no tiene sentido.

Hay que exigir protocolos más claros, listados públicos de cargos públicos que se hayan vacunado y motivos por lo que se lo han puesto, lo que viene en denominarse transparencia, algo con lo que nos podemos ahorrar muchos insultos y disminuir la tensión.