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El virus NO VOTA
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El virus NO VOTA

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Me dispongo a escribir mi nuevo artículo y un ‘ejército’ de ideas se agolpan en mi cabeza. Me resisto a escribir del virus pero los datos que escuchamos y vemos de esta pandemia son realmente alarmantes. Nuestras vidas son dominadas por una amenaza constante que hace cambiar nuestros comportamientos de una u otra manera. Esa amenaza dirige las conductas cotidianas de cualquier persona y la cifra de más de dos millones de contagios hace que no podamos evadirnos de la realidad que vivimos.

Volvemos a ver coches fúnebres alineados en las puertas de los hospitales como si de una parada de taxi se tratara, personas a las que se les ve el miedo en sus ojos y que  se  paralizan ante este enemigo invisible, niños y niñas que acuden a sus colegios ’embutidos’ en ropa para detener el frío de las aulas, empresarios que se reinventan para sacar adelante sus negocios, sanitarios que vuelven a gritar SOS, calles vacías que dibujan un escenario frío como si de una película de terror se tratara, porque al final, esta pandemia en lo que se ha convertido es en eso, en una terrible película de miedo.

Aún así no quiero ser pesimista y el miedo se combate con arrojo, fuerza y decisión y como digo siempre: el ser humano ganará esta guerra al mayor enemigo que hemos conocido nunca, el virus del Covid, aunque sea batalla a batalla o mejor dicho ola a ola.

Pero me resisto a ser monotemática, me resisto a ser víctima del llamado hartazgo pandémico y me resisto a poner calificativos a la actitud de algunos representantes públicos. Es evidente que no se está a la altura de las necesidades que están padeciendo nuestros semejantes, no hay empatía con nuestros iguales.

Mi opinión sobre la actitud de algunos representantes públicos podría incluso tacharse de políticamente incorrecta porque quizás estoy teniendo síntomas de ’empacho’ ante algunas manifestaciones que escucho día a día de algunos que se enorgullecen cuando hablan de representar a los ciudadanos, porque como decía aquel líder político, “nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

Quizás sería bueno recordar, por si todavía no nos hemos enterado, que son tiempos de  consenso y no de buscar réditos electorales, que nuestro enemigo invisible, el virus, NO VOTA.

Pero sí serán los ciudadanos, aquellos que en plena ola de frío y nieve padecen subidas de luz históricas, que cierran sus negocios ante la falta de empatía de sus gestores públicos, de largas colas del “hambre”, del cansancio feroz de nuestros sanitarios, la falta de vacunas o de profesionales para ponerlas y mil y un ejemplos más que podría seguir enunciando. Será entonces el pueblo, ese pueblo que está sufriendo, el que tendrá la última palabra y la expresará en forma de papeleta que meterá en las urnas a la hora de votar la gestión de sus representantes políticos.

Será histórico el momento de ejercer nuestro derecho al voto en esta situación de la historia que vivimos. Recordemos que a través del voto, el ciudadano tiene el arma más poderosa para combatir y derribar las murallas de las injusticias.

En cada una de las papeletas irá un trocito de las vivencias de muchos de nosotros y la fuerza del ciudadano, porque como decía aquel “una papeleta de voto es más fuerte que una bala de fusil”.

Afortunadamente los ciudadanos siempre actuarán como jueces que dictarán su sentencia política y eso es lo hermoso de la democracia. El poder del pueblo.

Hasta que volvamos a encontrarnos con las urnas, la vida sigue, con nuestras alegrías y nuestras tristezas, con nuestros sueños y con nuestras ilusiones por eso ante esta situación no suframos gratuitamente porque estoy convencida de que saldremos victoriosos.

Sigamos teniendo esperanza, fuerza y responsabilidad. “No olvidemos que todo lo que afecta a uno directamente, nos afecta indirectamente a todos”. Martin Luther King.