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Has sido tú para mí
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Has sido tú para mí

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Ya las tenemos de todos los colores, todos los modelos y como un complemento más de nuestro outfit. Algunos las tienen para diferentes ocasiones. Se han hecho obligatorias e imprescindibles. Las tenemos de distintos materiales, algunas más llevaderas que otras, algunas más seguras que otras.

En la calle podemos verlas originales, de infinitas telas distintas, algunas incluso combinan con la ropa que lleve puesta, otras simplemente asépticas, color neutral, de usar y tirar, azul cielo, sin identificarse en ningún punto con quien la lleva, la más común en nuestras calles.

En mi consulta es un elemento al que nos hemos tenido que adaptar, porque lo que más nos asfixia de ella no es su tela, ni su grosor, es todo lo que nos quita, lo que no me deja ver de los que vienen, no me deja leer las expresiones, y por supuesto no me deja expresarme.

Una sonrisa de apoyo y de complicidad puede atravesar mil barreras, entrando por los ojos y llegando al corazón de quien la recibe, impresionante su fuerza. Pero pierde su poder cuando se estrella contra la tela quirúrgica y no la recibe la otra persona.

Cuando uno llega a una consulta de un psicolólogo normalmente es porque ya su propio problema le ahoga, y mientras trata de sacarlo hacia fuera tiene que lidiar con este elemento. Incómoda para quien se emociona, se moja, se pega, pierde eficacia y no le deja secar bien las lágrimas.

Las mascarillas nos han quitado algo que, para nosotros, los psicólogos, es fundamental, la comunicación emocional, vemos y nos comunicamos también por nuestras expresiones. Una sonrisa o un gesto puede llenarnos de calor y de protección, un abrazo también, aunque eso tampoco podemos hacerlo.

Pero pensando en todo lo que por nuestra seguridad nos han quitado las mascarillas, también veo lo que nos han dado. Ahora los ojos son termómetros, los busco en mis pacientes constantemente, sus ojos expresan también muchísimo, siempre hemos sabido del brillo que tienen, pero es como si ahora tuvieran doble trabajo. Siempre lo han hecho, pero ahora con más fuerza, los ojos hablan. A veces más que los labios.

Tengo que decir que la calidad humana de la que estamos rodeados es simplemente maravillosa, qué bien sienta apostar por la bondad de las personas y ver que casi siempre ganas. Nadie en mi consulta ha recibido mal ninguna indicación sobre su mascarilla cuando a veces (no mucho) tengo que recordar que se la coloquen bien, que se la ajusten o que no sea de tela en nuestras instalaciones. Aunque es angustiante un llanto dentro de una mascarilla ffp2, nadie ha intentado si quiera apartársela. Y ahí, sin quererlo me están demostrando cuánto me aprecian protegiéndome.

La realidad es que no estamos acostumbrados a mirarnos a los ojos. Normalmente lo hacemos cuando hablamos hablando cara a cara, pero a la gente con la que nos cruzamos en la calle no. La intención del artículo de hoy es animaros a que hagáis este experimento, que miréis a los ojos a algunas personas con las que os crucéis. Me encantaría equivocarme, pero estoy segura de que algunas de esas personas se quedarán extrañadas, incluso se volverán mirando hacia atrás cuando os crucéis con la sensación de que os conocéis de algo o ha habido una confusión, y esto no es más que la certeza de lo poco acostumbrados que estamos a mirarnos los unos a los otros de una manera más esencial. Todos estamos en el mismo barco, combatimos guerras muy parecidas, ¿se le olvidó a alguien que somos más parecidos que diferentes?

Con ese cruce de miradas a los ojos le decimos a la otra persona algo muy importante:

“Te veo, te he visto, de algún modo, aunque haya sido por un segundo, has sido tú para mí”.

No nos cuesta nada. Nunca sabes lo poco importante que puede creerse la persona con la que te cruces.

Ah, y otra cosa, cuando la sonrisa es grande, los mofletes sobresalen por encima de la mascarilla, los ojos se achinan levemente, y la persona se siente bien, y eso no hay mascarilla que lo pare.

Este es Tu Espacio de Psicología, si quieres que hablemos de algún tema que te preocupe o del que quieras saber más contacta conmigo a través de mi email, teléfono o WhatsApp.

 

Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

Plus Ultra Nº9-11, Huelva.

640563584 – cimapsicologia@gmail.com

Facebook: Ana B. Vázquez – Cima Atención Psicológica Huelva.

Instagram: @cimahuelva