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Sin túnel no hay paraíso
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Sin túnel no hay paraíso

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Hablan de Huelva por las redes. Enuncian discursos en actos oficiales, escriben en periódicos loando los recursos y bondades de una provincia inigualable. Hablan, dicen, cuentan… A diario enumeran los paisajes provinciales. Por el sur las kilométricas playas, anchas y hermosas en su extraña voluptuosidad atlántica, al norte los montes verdes, los enclaves rurales capturan el aire puro y embelesa bocas y almas y algo más abajo nos vamos a Marte, al magnético horizonte que ni el más enajenado de los escultores podría haber imaginado.

Versan sobre su gastronomía, coquinas, fresas, jamón, gurumelos, festines de productos creados de una tierra milenaria…. Dicen e insisten y llevan con su verborrea las esencias de una tierra… Que se cae a pedazos, que se empobrece a marchas forzadas.

Y todo esto viene a cuento porque, un año más, los presupuestos generales del Estado no incorporan el Túnel de San Silvestre. Dicen desde el Gobierno y desde el PSOE, que sí está, que su compromiso con esta infraestructura es patente. Sin embargo, estas declaraciones se topan con dos realidades, por un lado, nadie ha llegado a concretar aún en declaraciones públicas cuánto dinero le corresponde a esta infraestructura, la otra, aún más concluyente, es que de los miles de páginas de los presupuestos, la expresión ‘túnel de San Silvestre’ no aparece ni una solo vez y no se aprecia ninguna inversión hídrica en la provincia de Huelva, así de tajante pese a las declaraciones políticas.

A la espera de que alguien concrete el cuánto y el cuándo de la inversión, el comienzo de las obras del túnel de San Silvestre es cuestión de fe. Y no debería serlo porque sin túnel no hay paraíso y pone en riesgo el poder vender esta provincia en los pronunciamientos públicos, sin túnel no hay turismo en las playas kilométricas, ni fresas en la agricultura, ni suministro urbano, sin túnel no habría de qué hablar y quedar bien porque colapsaría todo el sistema, de ahí la importancia de una obra que debería ser una prioridad por encima del resto de las carreteras, trenes, aeropuertos que se demandan en la zona.

Una muestra en el cine de cómo se tapan con mentiras realidades es Ciudadano Kane, la historia examina la vida y el legado de Charles Foster Kane, un personaje interpretado por Orson Welles y basado en el magnate de la prensa William Randolph Hearst. Aunque la carrera de Kane en la industria editorial nace del idealismo y del servicio social, evoluciona gradualmente en una implacable búsqueda de poder que le llevará a sobreponer muchas mentiras sobre la realidad.