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No al miedo

No al miedo

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Me vuelvo a poner delante de mi tablet, para intentar plasmar mediante la escritura ideas, sensaciones que se me agolpan en mi mente y así vaciar mis pensamientos a través de las teclas.

Son muchos los pensamientos, reflexiones, sueños que se me vienen a la cabeza. Muchos me los guardo porque quizás se tacharían de ser políticamente incorrectos, aunque a decir verdad viendo la actitud de nuestros representantes públicos día a día a nadie le asustaría e incluso supondría plasmar lo que muchos ciudadanos piensan.

Pero no quiero entrar en esas provocaciones, bastante tenemos ya con soportar cómo el contador de las muertes y de los contagios vuelve a coger su máxima velocidad y alcanza la triste cifra de 40.000 fallecidos por este maldito virus que se ha convertido en nuestro mayor enemigo social.

Aunque esta cifra no deja de estar presente en mi cabeza, también observo que la vida, sí esa vida que teníamos antes, sigue su cauce con momentos cargados de alegría, de tristeza o de miedo.

El pasado fin de semana, junto a mi familia pasamos una agradable sobremesa en un restaurante de nuestra ciudad. Temperatura agradable, disfrutando de nuestra luz ,de nuestra gastronomía y sobre todo de la compañía que tenía. Estando allí sentada, llegó un señor de edad avanzada junto a su trombón y comenzó a tocar una música suave que hizo que nuestra velada fuese aún más agradable. Me gusta observar porque pienso que cuando se observa se analizan detalles que quizás de otra manera pasarían desapercibidos y con ello consigo ampliar el aprendizaje que te dan los pequeños detalles.

Sentada en mi silla, escuchaba y observaba la imagen que tenía delante de mí y comprobaba que aparentemente todo volvía a esa mal llamada normalidad. Los niños jugaban alrededor de las mesas, la gente disfrutaba junto con amigos o familiares, los camareros corrían de un lado a otro para atender a los comensales, se oían risas,reproches,carcajadas,llantos de los más pequeños que jugaban como si no pasara nada, como si todo hubiese sido un mal sueño.

Pero fue entonces cuando al marcharme parece que esa venda que no me hacía ver la realidad se desvaneció y al despedirme del lugar donde minutos antes estaba disfrutando, el dueño del establecimiento me dijo, ‘bueno hasta pronto amiga, espero que nos podamos volver a ver y no por videollamada‘.

La realidad me cayó como una losa y los sentimientos de alegría y de risas fueron suplantados por incertidumbre, tristeza y como en muchos de nosotros, miedo. Miedo a la enfermedad, miedo a la situación económica, miedo a besar, miedo a abrazar, miedo a morir, miedo a la Vida.

La palabra miedo es la que más me preocupa que se instale en nuestro día a día. El miedo amigos, paraliza, no te deja avanzar. El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son. Son momentos difíciles no hay que negar la realidad, pero pongámonos las gafas con las lentes de la esperanza y de la lucha, porque estoy convencida que ganaremos esta batalla durísima contra el virus.

Para ello no podemos llevar como acompañante el temor a vivir la vida porque como decía Alonso de Ercilla, ‘el miedo es natural en el prudente y el saberlo vencer es de valientes’.

Seamos valientes y vivamos la Vida aunque disfrazando nuestros rostros con mascarillas. Nadie llegó a la cima ni ganó una guerra teniendo como compañero de viaje al miedo.

Hagamos un nuevo esfuerzo, en estos momentos, seamos optimistas, cambiemos el miedo por solidaridad, cambiemos el miedo por esperanza, cambiemos el miedo por lucha, por valentía porque recordemos que este duro año del 2020 se acaba y a la vuelta nos espera un nuevo año que estoy segura vendrá cargado de sueños cumplidos, de luz y sobre todo cargado de ilusiones y de Vida. No desfallezcamos en llegar a nuestra meta. La meta de la felicidad.