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La llama de la vida
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La llama de la vida

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Tu y yo, escenario perfecto. Ambos frente a frente. Mi cuerpo rodeando el tuyo mientras colocas tus manos en mí. Esa sensación de agarrarte a un ser humano desnudo que te eleva, te transporta y te proyecta.

Te embruja cómo te toco, cómo me muevo, cómo te beso, cómo te miro. En mi persona tengo todo el poder para llevarte a otro espacio mucho más elevado, fuera de órbita. Entras en mi universo y te pierdes en lo más recóndito de mi. Te seduzco con mis contrastes en blanco y negro y mojo la punta de mi dedo en agua para refrescar tu lengua, pues estás en agonía en esta llama de pasión.

Encauzo nuestro encuentro, te guío diciéndote qué es lo que quiero y, es entonces, cuando te confiesas ser fiel a mi religión. Esa religión en la que te haces confeso pecador de mis pretensiones o deseos y como si mandato divino fuera, caes rendido entre mis piernas. Sediento de mí, te sumerges en lo que va cayendo desde mis muslos lamiendo cada gota para poder así salvar tu alma y, mientras alcanzas con tu mano altas cumbres, me miras y logro ver, cómo expías tu alma para poder entrar en mi reino.

Nunca he sentido nada igual cuando él penetra en mí. Es un sentimiento tan irracional, que puedo sentir mi cuerpo temblar. Todo se centra en mí: mis idas y venidas, mis sutiles curvas, en mis rodillas hincadas al suelo y en cómo domina todo mi sentido. Es el único en mi vida, el amor de mi vida. Todo lo anterior ha sido solo una cortina de humo, una antesala para lo que estaba por venir. No hay armazón alguno cuando él entra en acción. Una mujer totalmente liberada, en su pleno apogeo, en su máximo esplendor floreciendo y abriéndose después de media noche, cuando el mundo se silencia y la tierra se queda cubierta de oscuridad.

Le susurro al oído mientras le penetro con la mirada: “Confiésate y háblale a mis labios. Cuando yo haya terminado, contemplarás la gloria que hay en mí. Puedo darte y quitarte la vida en una misma fracción de segundo. Agárrate a mi y te bendeciré.”

Atravesando el Panteón de Agripa con todo su esplendor es cuando se aviva el fuego que arde en mí, sentencia y supremacía en todos sus movimientos. No es más que un epíteto al que no saber ponerle nombre. Entrando en mí, está entrando en mí. Ruego que pares el tiempo, no lo muevas, quédate ahí.

Todo se vuelve frondoso al tocarte porque bajo mis piernas se sustenta tu mundo del que bebes y te empapas. Pues yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie llega al éxtasis sino es a través de mí, si no es conmigo. Envuélvete en mi sábana blanca marcada con las rasgaduras de mi piel y hagamos sagrado este momento. Cuando hayas descubierto la verdad, cuando hayas encontrado todas las respuestas en mí, volverás a resucitar a la mañana siguiente pensando en si todo lo que ocurrió fue cierto y verdad. Y como en un sueño, abrirás tus ojos y querrás introducir los dedos en mí para volver a comprobar que todo eso que tocas, su textura, su humedad, era el verbo hecho carne.

¡Ay de ti si piensas que el único amor existente es el que puede realizar un hombre con una mujer! ¡Ay de ti si crees que todo es carne! ¡Ay de ti si no has sabido entender que lo único que bebe la protagonista de esta historia es la sangre de Cristo en la cruz! Doble moral la del ser humano que ve perversión, sexo y oscuridad dónde solo hay luz y amor incorpóreo. Porque no todo es sexo, no todo es carnal, no todo es banal. Pues el amor más puro es el que sale de nuestros corazones y no de nuestro esperma.

Emanen ustedes si pueden ese amor. A todos los demás, sigan esparciendo fluidos sin sentido que yo mientras tanto, seguiré la luz de la llama que despierta mi alma.

Nerea B. Goytia
Coach, terapeuta transpersonal y escritora.
617642564 / www.neoka.es