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El miedo jamás subvierte a la valentía
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El miedo jamás subvierte a la valentía

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El miedo paraliza, lo sé. Lo he vivido y sé lo que es. Todos lo hemos experimentado alguna vez, sobre todo cuando se trata de tomar decisiones o moverte hacia una dirección.

Hoy voy a dejar a un lado las metáforas, aliteraciones o demás historias literarias que, sin duda, aparecen para hacernos volar. Esta vez no; esta vez voy a hablaros desde el corazón.

El miedo es una sensación desagradable que te genera malestar, nerviosismo o inquietud. Te desestabiliza, te retuerce la mente y te nubla la objetividad, pero lo que peor se gestiona con el miedo es la capacidad para ponerte en acción.

Según Epicuro, existen cuatro tipos de miedos: a Dios, a la muerte, al dolor y al fracaso. No importa a qué le tengas miedo, lo que a mi me importa es lo que te genera el miedo, sin importar a qué. ¿Qué tendrá el miedo que te paraliza de tal manera? Habría que distinguir entre el miedo real y el miedo figurado. El real es ese que, cuando ocurre algo desagradable o peligroso, hace que el cuerpo reaccione y se ponga en estado de alerta. Esto genera unas sensaciones físicas tales como palpitaciones, sudoración, pupilas dilatadas, entre otras para que sobrevivas. Muy a lo instinto animal. Pero el que a mi me interesa, que es el que paraliza de verdad, es el miedo figurado.

Un miedo figurado se basa en una idea de futuro, de lo que crees que va a ocurrir o no, basado en una concepción que tienes en tu cabeza pero que no puede basarse en nada que no sea una fantasía. Mal-bendita imaginación la nuestra, que nos lleva a situaciones extremas sin haber ocurrido nada. Pero, el miedo, como emoción primaria que es, no está trabajada ni desarrollada lo suficiente como para que no nos llegue a afectar en nuestro día a día.

Lo que realmente me planteo es, ¿cómo de paralizante es? ¿cuánto nos afecta en nuestro día a día? Umh.. necesito un segundo. La respuesta está clara. Nos cala hasta hacerlo nuestro. Sí, hacemos del miedo algo nuestro; ojo, no vive en nosotros, lo creamos. ¿En qué puñetas estamos pensando? ¿cómo somos capaces de dejar que una emoción que es figurada penetre en nosotros como si nada?

Acaso ¿no somos realmente conscientes de todas las cosas que nos perdemos por vivir ahí? Malditos cobardes que dejamos que nuestros miedos sean más grandes que nuestras esperanzas, ilusiones y sueños. ¿Desde cuando una sola emoción puede con tres? ¿Nos estamos volviendo locos? ¡Pero bueno!

Visualízalo un segundo. El miedo: tú ahí perenne encerrado en una esquina de una habitación oscura sin saber qué hacer, cada vez más empequeñecido y acobardado.

La ilusión, esperanza y sueños: tú ahí abriendo puertas llenas de luz, un olor a primavera que te impregna, te sientes grande y con ímpetu en la vida y, aunque algo salga mal, tienes más autoestima que antes, pues has abierto las puertas que te generan bienestar.

Y no, no me vengáis ahora con el cuento de ¿qué?, ¿qué excusa barata está inventando ahora vuestro cobarde ego? Que no. Que sé de lo que hablo. El miedo fue protagonista de mi vida durante muchos años y sé mejor que nadie las excusas que inventé, las mentiras que me dije y los cuentos chinos que les contaba a los demás.

¿Quieres liberarte o no? A lo Matrix, ¿pastilla roja o azul? Yo lo tengo claro. Como decía Jesucristo: “la verdad os hará libres”. Así que si no estás preparado para oírlo, más te vale ir cerrando esta página.

El miedo solo se supera mediante una serie de emociones concatenadas en una única dirección, la valentía. Decía Nelson Mandela que “no es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo”. Y creedme, cuando lo conquistas es una sensación tremenda. Es…orgásmica. Te pone los pelos de punta, te abre los poros, los pulmones y te hace sentir pletórico. El tiempo se para y sientes felicidad.

La valentía pues, responde a la búsqueda de la libertad, la justicia y la felicidad, y es una forma de afrontar las circunstancias que se nos presentan en la maravillosa historia que es la vida.

Ese sentimiento de sentirte bien, de levantarse, de vivir lo que tu alma anhela. Dios mío, me emociono solo de pensarlo. Que se pare el tiempo ahora. Que se pare.

Qué fácil vemos el miedo en los demás y que difícil enfrentar los nuestros. Pero yo de eso ya no vivo. No soy gurú de nadie ni lo pretendo, siempre los he rechazado, aunque me gustaría que vieras en mí sólo el reflejo de lo que sientes en ti. Si has leído esto hasta al final y has podido vibrar conmigo, significa que el coraje lo tienes en tu interior y, sin duda, quiere salir; te lo pide a gritos. No aparentes, sé coherente. Deja que sea la ilusión, la esperanza y los sueños los que ganen la partida.

Yo os dejo, que voy a coger un avión, algo que me daba miedo y me paralizaba años atrás. Nos vemos a la vuelta familia Neoka. Es hora de alzar las alas y tocar el cielo.

P.D: ¿os imagináis que un piloto dudara en la pista antes de alzar el vuelo? Vaya catástrofe ¿no? No se duda cuando uno sabe a donde va, ¿lo sabes tú?

Bang bang.

Nerea Ballester Goytia. Terapeuta y coach.

www.neoka.es