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Tres segundos

Tres segundos

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Si la vida te separa de mí, prometo llevarte presente, pero tendrás que perdonarme, porque esa presencia que te digo irá con el paso de los días y con el paso de los años, muy lentamente, abriendo paso a mi propia vida. No me daré cuenta, porque al principio sólo podía pensar en ti, en la inocencia de tu vida, arrancada de este mundo, cómo creerlo, cómo no despertarme por la mañana con la sensación de que todo haya sido una pesadilla, para desinflarme tan sólo tres segundos más tarde, al darme cuenta de que ha sido real, que ya no estás.

Como te decía, poco a poco tendré que ir retomando mis responsabilidades, mis hijos, mi familia y mis amigos no me van a dejar centrarme sólo en ti, en tu recuerdo, sé que puedo envolverme en la manta del desconsuelo y me aislaría de ellos, pero no debo dejarme. No lo veré al principio, pero dicen que siempre hay motivos para vivir, depende de la dirección de tu mirada.

No querré ver a gente que conocíamos, me preguntarán por ti y eso será como una daga que me atraviese el pecho, así que cuando no tenga más remedio que salir iré haciendo como que estoy distraída, y los demás yo sé que no se molestarán, que me perdonarán la cobardía de no poder hablar del vacío que me has dejado. Aquí el tiempo también será mi amigo, ya que poco a poco saludaré a mis conocidos por la calle, aunque mi respuesta a su pregunta de cómo estoy seguirá siendo la misma un tiempo: “bueno, ahí vamos, tirando…”

Y tú me perdonarás también que vaya yendo a sitios donde no me imaginaba sin ti, sin tus ojos apoyados en los míos. Y terminaré esbozando alguna sonrisa en las reuniones en las que tan descolocada me siento, los demás tan llenos de vida y yo empapada de tu muerte. Perdonarás esa sonrisilla, porque será una de las pequeñas señales de que sigo aquí, mirando frente a frente a más motivos para vivir, dejando atrás la rabia de no saber por qué no existe un camino para volver, para que tú vuelvas a mi.

Sin darme cuenta algún día me levantaré y no serás mi primer pensamiento, o me iré a dormir y una lágrima no se deslizará hasta mi oreja por estar tumbada. Y cuando yo misma me dé cuenta de eso me asustaré, me asustaré porque no fuiste lo primero en mi cabeza, y lo sentiré como una pequeña traición, yo no quiero, te lo juro, te juro que no quiero olvidarme de ti, y no llorar por las mañanas frente al desayuno me da miedo que lo parezca, que el olvido te lleva. Pero no es así, es que no me di cuenta y me subí a la vida sin querer.

Y así, desde la paz y la serenidad, ya sí podré hablar de ti, podré tener una sonrisa en mi cara que habrá salido de mi corazón, por todo lo que viví contigo, por esa persona única que fuiste y lo que yo fui a tu lado. Vendrán momentos de flaqueza, no puedo dudarlo, veré tu hueco en navidad, no soplarás las velas de tu cumpleaños que se quedó en un número que nunca más crecerá, y otro número de otro mes le quitará protagonismo, y ese tampoco podré olvidarlo.

Perdonarás, y tu alma se alegrará de que yo viva mi vida intensamente, al menos mucho más de lo que creía poder vivirla sin ti. De vez en cuando alguna noche en la que juntos traicionemos a la irreversibilidad de la muerte, vendrás a visitarme, en mis sueños estaremos juntos como si esta pesadilla no hubiera ocurrido, regalándome una noche más, y por la mañana me despertaré como si la luz del día me hubiera arrancado de los brazos de una noche de la que no quiero salir. Un regusto que al despertarme se irá otra vez a los tres segundos, otra vez los dichosos tres segundos…

Pero, ¿sabes qué? Que volverás, sí, en el fin de mis días sé que volverás, serás igual de fuerte, y encontraré el camino siguiendo tu olor, y mi muerte podrá ser más serena porque sé que al final, mi final, sin prisas por llegar y sin querer irme de este mundo, me hará volver a ti.

Porque cuando pierdes a alguien lo que se pierde es poder construir nuevas memorias, lo que ya viviste con quien se fue, es tuyo para siempre, pero la ausencia… la ausencia araña lentamente porque ya no existirán recuerdos nuevos, ya no estará entre aquellos que imaginabas que estuvieran en tus días, en los especiales y en los cotidianos.

Y de pronto te das cuenta de que nada ya puede ocurrir con esa persona:

Una llamada.

Un mensaje.

Un abrazo.

Un beso.

Uno sentado junto al otro mirando un punto fijo.

Un abrazo a media noche.

Unos ojos buscando otros.

Compañía, alivio, aire compartido, ni siquiera el aire…

Malditos tres segundos…

He querido relatar de alguna manera cómo es el desarrollo de un duelo sano, ni mucho menos todos los duelos son así, ni tienen que serlo incluso siendo sanos, existen tantos tipos de duelos como personas y almas rotas.

Y no hay nada bueno en el duelo, ni hay que tratar que desaparezca lo antes posible. A consulta a veces llegan personas que han tenido pérdidas recientes, y hay que dejar que el duelo se vaya haciendo de forma natural, porque el vivir es maravilloso, la vida disfrutada es la mejor felicidad, y parte de la vida es la muerte, sino, ¿por qué iba a merecer tanto la pena si no fuera porque algún día se acaba?

Haz que merezca la pena.

En homenaje a todas aquellas personas que hayan tenido una pérdida, ni reciente, ni trágica, ni de ningún tipo particular, una pérdida es una pérdida, una ausencia que nada ni nadie restaurará.

Este es Tu Espacio de Psicología, si quieres que hablemos de algún tema que te preocupe o del que quieras saber más contacta conmigo a través de mi email.

Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

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