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El amor no espera. Está por llegar

El amor no espera. Está por llegar

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Las relaciones. Todas tan distintas, tan dispares, tan necesarias. Realmente, todo el mundo quiere estar con alguien en un momento u otro de su vida. Hay unos que lo necesitan desde que son críos, y hay otros que necesitan que pase media vida para descubrirlo, pero de un modo u otro, todos necesitamos relacionarnos.

Si me preguntan a mí, siempre digo que lo que más mueve el mundo es el amor. Qué le voy a hacer si soy una firme creyente del amor romántico, ese que te paraliza cuando te mira, que te llena con una caricia o que te eleva con una palabra.

Muchas personas, de hecho, la mayoría de las que vienen a consulta, vienen por motivos de desamor y, en general, el público es femenino. Distintas edades, circunstancias, hechos, pero todas las personas vienen buscando una cosa: volver a creer. Creer en esa persona que les haga volver a creer en un amor bueno, sano y puro.

Hoy, hablando con un antiguo cliente, Antonio, le preguntaba sobre cómo le iba con una nueva chica que conoció hace relativamente poco y me decía que era feliz, que por fin lo era y que estaba muy bien con ella. Al decírmelo sentí una alegría inmensa, y le dije de vuelta: “Antonio, te lo mereces, porque hombres como tú quedan pocos. Bueno, generoso, entregado, honesto y dedicado”.

La realidad es que, casi todas las personas (hasta las más cerradas a abrir su corazón, su dañado corazón) quieren a su lado una persona que las trate bien, que las cuide (pero no de forma paternal/maternal), que las atiendan y dediquen tiempo; en definitiva, una persona buena. El problema es que a veces, nos sentimos carentes de ese “des-esperado” amor y, por ende, nos agarramos a la primera persona que ofrece migajas. Malditas migajas, que destrozan todo lo que tocan, toda la ilusión, toda la ingenuidad y la espontaneidad.

¿Recordáis cuando amasteis por primera vez? Cuando ibais con el pecho descubierto, sin miedo, sin desconfiar. ¿Lo recordáis? Pues todo eso se va borrando o diluyendo en un mar de dudas, hartazgo, desinterés y recurrentes “palos” que te hacen cerrar el corazón y tirar la llave al río más profundo del planeta Tierra.

Una pena. Porque amar es lo más hermoso que te puede pasar. Amar de verdad y ¡ojo!, aceptar que tú amas así. Hay gente que no sabe, que no tiene ni idea. Creedme, lo he vivido en primera persona. Personas que realmente no tienen idea de lo que es sentir, de lo que es sentirse arroyado por un amor profundo, certero, sincero. Hay personas que sólo se aman a sí mismas y no tienen ni idea de lo que es compartir, amar a otros.

La verdad es que, hay muchos corazones rotos danzando por ahí. Puedes verlos en cualquier calle, en cualquier cafetería, hasta en cualquier selfie de Instagram. Pero yo os digo ¿qué os pasa? ¿por qué? ¿por qué permitís que cualquier herida del pasado, que cualquier insensato o insensata que no os ha sabido valorar os destruya el sentimiento más hermoso del mundo? Ese momento, momentazo diría yo, de volverte a ilusionar, de arreglarte para esa primera cita, de sentir escalofríos cuando te rozas sin querer (o queriendo) con esa persona o recibir ese “buenos días” al despertar. ¿En serio? ¿Te lo vas a negar por una historia pasada? ¡No lo hagas!

Te diré por qué: Todos tenemos un amor verdadero, uno de verdad, en alguna parte de este mundo y ese alguien es para ti. Para mí. Para todos. Cuando menos lo esperas aparece de la nada, como un rayo de luz inundando todo tu ser. Da igual que hayas tenido cuatro o cinco relaciones o que tengas veintiséis, cuarenta y dos o cincuenta y seis años.

El amor siempre saca lo mejor de nosotros. Por favor, no dejes que se pierda entre tus cicatrices. Esa ternura mágica, dulce, que te envuelve como una suave melodía. Un amor innegable, que esté ahí para ti, que te inspire y sea significativo. Como dice mi peluquera y amiga (va por ti Conchi): “No te emborraches en la primera taberna, ve probando vinos hasta que encuentres el mejor”. Y es que el amor es así, como un líquido que cuando entra en ti te inunda todo tu cuerpo, llenando cada partícula de tu ser y te transforma el carácter, el estado de animo y hasta el brillo de tus ojos.

Abre tus brazos al amor; al que tu quieres, en el que tú crees. Olvídate de todas las personas que te digan que ese amor no existe, que vives en las nubes o qué se yo. Vive el amor en el que puedas ser tú. Sí, tú. En el que puedas sentirte vulnerable sin que nadie te dañe por ello y te sientas libre de dar amor sin miedo, pudiendo ser la persona que eres. No te des a quien no sepa amarte como mereces, como lo que eres. ¿Tú te has visto? ¿Te has parado un segundo a mirarte con benevolencia y respeto? Porque, sinceramente, eres una auténtica obra de arte. Y no todo el mundo sabe apreciar el arte. Así que espera. Espera a que te amen tal cual eres: sin ningún “maquillaje”, sin máscaras ni escudos, con todo tu ser. Que te acepten por ser quien eres.

Espera, está a llegar, y esta vez, saldrá bien,

 

Nerea Ballester Goytia. Terapeuta y Coach.

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