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Las comparaciones… odiosas

Las comparaciones… odiosas

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El ser humano se mueve por motivaciones. Lo que ocurre es que no siempre son motivaciones positivas, a veces vemos como las personas obedecen sus pensamientos más negativos y se dejan atrapar por ellos.

Hoy quería hablaros de forma breve de una de las características más importantes y que hacen que se mantengan los problemas de baja autoestima: la comparación constante con los demás.

Cuando una persona está mal, generalmente se encuentra en un bucle en el que no para de tener pensamientos negativos sobre sí mismo, sobre los demás y sobre el mundo, y en ese bucle es fácil escoger el camino de denigrarse a uno mismo. Una de las maneras preferidas para infravalorarse es la comparación con los demás. No con cualquiera por supuesto, para conseguir hacernos daño hay que compararse con una persona que nos supere en algún plano, más daño hará cuanto más importante sea para nosotros ese plano.

No es nuevo que vivimos en la época del postureo, importa aparentar, importa lo que parezca, además, también importa a cuánta gente le guste lo que aparentes, traducido en “likes”. Ves una imagen de alguien y todo alrededor de esa persona parece idílico, pero lo creamos nosotros en nuestra imaginación, no sabemos qué hay detrás de esa foto, cómo de auténtica esa la felicidad que aparenta la instantánea. Y sin ni siquiera darnos cuenta… ¡boom! Nuestra vida es una inmundicia comparada con la de la persona de la foto. Pero no hace falta compararse con celebridades guapísimas con mucho dinero y alto nivel de vida para sentirse fracasado.

Lo que solemos ver en consulta son personas que se comparan con la gente más cercana, en cuestiones tan mundanas como el trabajo, la pareja, la casa, o la forma de cocinar por poner algunos ejemplos.

La cuestión es que cuando estamos en el bucle negativo siempre nos comparamos con personas que están mejor que nosotros, lo que nos lleva a la envidia y la frustración personal. Estas comparaciones hacen que la persona se sienta inferior a los demás, que se venga abajo, que pierda el interés en hacer cosas, en definitiva, que entre en una espiral de sin sentidos, autocompasión y castigo que va quitándole la energía.

Si, además, en vez de “automaltratarte” culpándote de no ser lo suficientemente bueno o buena, el odio se dirige hacia fuera, aparece la envidia. En mi opinión, la envidia es de las peores emociones que puede sentir una persona, es una emoción puramente negativa, que no trae absolutamente nada bueno, ni útil.

La envidia funciona de la siguiente manera, yo quiero algo que otra persona tiene (o ha conseguido), me frustro porque esa persona lo tiene y yo no, pero la envidia más pura es la que hace que la persona, además de querer lo que tiene el otro, se alegre si la otra persona lo pierde. Y por eso los envidiosos se alegran de las desgracias ajenas, y eso, además de ser tóxico, es muy triste. Que tu alegría se base en que otra persona fracase en algo dice mucho del nivel de malestar que tienes, que te consuele el mal ajeno habla de ti, es una muestra de tu sufrimiento, por eso hoy me gustaría que me acompañes a hacer un ejercicio de reflexión, si eso te pasa o te ha pasado con alguien, si te comparas con alguien mejor que tú en algo, y te agobias por ello. Quiero que lo mantengas en tu mente, y pienses ahora en características buenas tuyas, pregúntate de cuántas cosas puedes sentirte afortunado o afortunada, piensa en todo lo que tienes, todo lo que has conseguido, y el esfuerzo que te ha costado, sé consciente de ello, y reconócete el mérito.

Estamos confundidos, la felicidad no está en la competición que te planteas en la cabeza con otra persona en la que siempre pierdes, porque en esa competición ya estás perdiendo antes de la primera zancada, llevas un peso que no te va a dejar correr, no compites en las mismas condiciones, porque vas cargando con una mochila de falta de fe en ti que pesa mil toneladas, y tu espalda lleva tiempo gritando de dolor y tristeza, pidiéndote que te la quites. Suéltala.

La carrera es contigo mismo/a, y llevas toda la vida compitiendo, mejorando, aprendiendo, creciendo, cayéndote y levantándote, superándote, y si no me crees sólo mira cinco años atrás, ¿has avanzado? No te autocastigues, y además de mirar las cosas en las que te gustaría haber hecho, piensa lo que ha mejorado. Enhorabuena, lo has hecho tú, disfruta de la satisfacción.

Trata de darle el golpe definitivo a las comparaciones, te animo a que pienses en esas personas con las que te comparas, piensa en lo que hacen, cómo lo hacen, lo que consiguen, etc. Y vamos a transformarlo en algo bueno. Quizás puedas darles un poco la vuelta a todos estos sentimientos negativos, y en vez de observar con recelo lo que hace el otro que tú no, coge de la otra persona lo que necesites para mejorar en aquello que quieres conseguir, mira cómo lo hace y quizás puedas aplicar algo en tu caso para mejorar tú, y mejora, hazlo, ponlo en práctica.

Que trates de mejorar tu camino observando a otra persona es aprender, crecer.

Porque si lo haces, creces sin desear que la otra persona se haga más pequeña.

Porque para brillar no tienes que apagar la luz de nadie.

Porque si lo haces habrás cambiado la envidia por la admiración.

Y entonces habrás soltado esa mochila, y podrás correr, más rápido, más fuerte… más LIBRE.

No compites contra otro, compites contra ti, busca la mejor versión de ti mismo.

Sé libre.

Este es Tu Espacio de Psicología, si quieres que hablemos de algún tema que te preocupe o del que quieras saber más, contacta conmigo a través de mi email o WhatsApp.

Ana Bella Vázquez Gento, Psicóloga de ciMa Atención Psicológica Huelva.

640563584 – cimapsicologia@gmail.com