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La España de las dos caras

La España de las dos caras

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Pensamientos, ideas, dudas, sueños, ilusiones, enfado, decepción, engaño y podía seguir buscando palabras que definan o ilustren lo que siento en estos momentos.Momentos marcados por de dolor de los casi 29.000 fallecidos en estos dos meses en España.

La solidaridad era la tónica general en todo el territorio español cuando a las 8 de la tarde toda España salía a sus balcones a tocar las palmas a nuestros héroes, a los sanitarios, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y a todos aquellos trabajadores esenciales en esos duros y difíciles días de confinamiento.

Pues de esa solidaridad común de todos y para todos, donde todos trasladábamos un mensaje espiritual e incluso místico de la vida, donde públicamente defendíamos valorar más el presente y los buenos momentos, o pensar que la naturaleza nos estaba dando un aviso a la humanidad, o incluso querer más y ayudar a nuestro prójimo y un sin fin de buenos propósitos, poco queda.

Eran momentos en los que nuestro himno era Resistiré, donde los sanitarios nos daban las gracias por nuestra responsabilidad, donde nuestro lema era “quédate en casa”, donde nuestros policías alegraban el día de muchos cumpleaños con las sirenas de sus coches y aplausos o donde los políticos intentaban ir de la mano para trabajar por mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Pues de todo eso, me preguntó ¿qué queda?

Pues la verdad y lo escribo con tristeza y también con rabia queda muy poco. Quizás quede la solidaridad y la bondad altruista de aquellos ‘anónimos’ que siempre lo fueron, el desaliento de los que han perdido a familiares sin poder ni tan siquiera decirles un te quiero, la entrega de nuestros sanitarios que siguen poniendo sus vidas en juego por nosotros y siguen al pie del cañón, algunos sin medios y otros pensando que su entrega ha valido escasos 900 euros y su futuro próximo es volver a la lista del desempleo. Desde mi humilde opinión, poco más queda.

Sì, me siento triste y enfadada ¿Dónde están todos los buenos propósitos cuando veo la crispación que se vive en las calles? Se podría pensar que es normal ante la crisis económica que se avecina, pero esa crispación va más allá de este extremo concreto porque creo que se quiere hacer bandera de temas baladí donde la razón y el sentido común desfallecen a la sin razón.

Lugares públicos y dirigentes políticos, que se cruzan descalificativos o se hablan de apoyos o medidas acompañadas de calificativos como ‘low cost’. Tiempos en los que después de miles de fallecidos se sigue esperando un ‘no sé qué’ para decretar luto nacional o se incita a salir a las calles para enfrentarse un barrio contra otros, esos mismos vecinos que sin importar dónde vivieran cantaban Resistiré y salían a aplaudir a las ocho de la tarde.

Casi nadie se acuerda ya del ‘juntos podremos contra esta pandemia’, sin especificar si tienes una u otra ideología, o vives en una u otra comunidad o si vives en El Centro o en la periferia de tu localidad.

Hemos pasado a lo antagónico, a rivalidades, agresiones, insultos, a no disfrutar de los pequeños detalles, a gobiernos que se prestan a todo por sobrevivir, a echarnos a los muertos unos a otros sin piedad ni respeto, donde el miedo a la pandemia se ha transformado en miedo al prójimo, donde hay dirigentes políticos que alientan o justifican actos que están fuera de toda normalidad, en vez de apaciguar a la sociedad desde sus tribunas y trabajar por buscar medidas que frenen las situaciones que hoy por hoy viven muchos españoles y que son la imagen de la España del hambre.

Y termino y lo hago pese a ser una mujer optimista, con la misma sensación entre tristeza y enfado, pero luchando por el presente y mirando con optimismo y positividad al futuro. Los que ya no están se lo merecen y los que estamos aquí nos lo debemos. No sabría cómo explicarle a mis hijos qué volvimos a hacer mal los que nos llamamos “adultos”, porque quiero pensar que volveremos a salir cuando acabe este infierno, dándole ‘un bocao a la luna mientras cantamos y brindamos con amigos a la orilla del mar’, como decía el poeta.