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La espiral del silencio
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La espiral del silencio

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Es una teoría que publicó en 1977 Elizabeth Noelle-Neumann. Ella nació en Berlín en 1916. Estudió periodismo, políticas, derecho e historia. Cuando tenía 19 años se afilió al partido Nazi, en el que militó de manera activa. Cuando terminó la Guerra quiso ocultar su pasado.

En el ensayo que da nombre a dicha teoría explica cómo pensamientos que son un claro despropósito, como los de los Nazis, como los de ultraderecha o los populistas, llegan a triunfar porque muchas personas se van adaptando a las opiniones que creen mayoritarias por temor al aislamiento social. Hay que recalcar lo de que creen mayoritarias porque significa que no tienen por qué serlo, incluso podríamos decir que nunca empiezan siéndolo.

Los medios de comunicación son esenciales en validar actitudes que transgredan normas porque no las condenan o, incluso, porque las aplauden. Las personas y grupos sociales que están en desacuerdo con estos nuevos pensamientos quedan sumidos en la espiral del silencio. Callan y aceptan, porque se creen minoría. Y al final terminan siéndolo.

Ponemos un ejemplo: Un grupo que no llega a ser el 1% de España, al que no se puede acceder sólo con la nómina porque la mayor parte de sus ingresos tienen que ver con el patrimonio, y que gran parte de este se forjó durante el franquismo, ya fuera por confiscación ilegal o por la propia corrupción y aprovechamiento del régimen. Un grupo que envuelve su decena de apellidos en banderas de España y se cree dueño de nuestras calles, de nuestras ciudades, de nuestro país. Un grupo que hace dos años no tenía hueco en los medios de comunicación y que ahora los usa con normalidad, a pesar de desacreditarlos y desinformar continuamente abusando de los bulos. Un grupo unido en contra de las prestaciones a desempleados, de las ayudas al alquiler, de las becas, de las ayudas del Estado a las familias y, sobre todo, unido contra nuestra voz.

Por todo esto, no podemos dejar que nos quiten la voz, nos quieren en silencio para creerse mayoría. No dejemos que nos lleven a la espiral. Levantemos la voz, gritemos. Decía Luther King que no le preocupaba el grito de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética, sino que le preocupaba el silencio de los buenos. Así que no al silencio de los buenos, porque ante las injusticias el silencio es cómplice.

Somos más. No quieren minutos de silencio por las víctimas, quieren el silencio eterno para los demás. No te calles.