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Hipócrates, no hipócritas

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Cada tarde a las 20.00 horas abandono la videoconferencia de turno para salir al balcón a aplaudir. Es una rutina de estos días de confinamiento, un respiro y un canto a la esperanza entre tanto no se pueda salir con normalidad al exterior.

En mi caso y en el de la mayoría de la gente se trata de un aplauso sincero, cargado de emoción y de ánimo. Sé que necesitan más EPIs y menos ánimos, más medios, más información y mejores datos para ver la luz al final del túnel, pero lo único que tengo en mis manos es la capacidad de poder juntarlas en un aplauso y eso es lo que hago diariamente.

Por el contrario este país también nos ha traído la vileza de los que aplauden y apuñalan. Ya son varios casos los que atenazados por el miedo a la pandemia, no quieren tener por vecino a un médico o enfermero y les piden que se vayan fuera de sus hogares. Un destierro para aquellos que llaman héroes con la boca pequeña.

Para aplaudir hay que tener claro que vivimos en sociedad, que tenemos derechos y deberes, que todos dependemos de todos, que somos “animales sociales” que dependemos unos de otros y que nunca debemos dejar a nadie atrás, más si cabe si en circunstancias extraordinarias necesitamos más que nunca a ese grupo de personas.

Por ello, deja que los médicos  y enfermeros vivan su vida en casa si así lo desean. Ellos más que nadie conocen los riesgos y las precauciones a tomar, ellos más que nadie velarán por sus vecinos además de por sus pacientes.

Gran Torino

Aunque el cine nos ha regalado fundamentalmente muchas películas de conflictividad entre vecinos y de lo mal o lo psicópata que puede llegar a ser aquel que vive al lado, también nos deja algunos mensajes para la esperanza y la fe en la humanidad del vecino, la que debiéramos tener entre los sanitarios. Entre estos ejemplos el que más me gusta es el de Clint Eastwood con Gran Torino ya que demuestra que aunque la convivencia entre vecinos no siempre es fácil, sobre todo cuando chocan diferentes culturas, esta película demuestra que se puede llegar a querer al vecino, aunque tengas unas costumbres muy diferentes a las nuestras.