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El investigador Isi Olivares retoma sus trabajos en los caminos de la Sierra

El investigador Isi Olivares retoma sus trabajos en los caminos de la Sierra

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Mucho antes de que los senderos del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche fueran objeto de actividad constante por parte de miles de visitantes, ya había un puñado de enamorados de la naturaleza y del deporte, que conocían las rutas y las recorrían con frecuencia.

Uno de ellos es Isidoro Olivares, ‘Isi’ para los amigos, andarín incansable que conoce la Sierra como la palma de su mano. Además del placer que le suponía su caminar por la comarca, el objetivo anhelado era realizar un estudio de los caminos serranos. La propuesta formal llegó en 2005 desde una editorial que pretendía publicar una guía de rutas por el Parque Natural.

En principio, la idea inicial consistía en una guía práctica para el visitante en la que, además de rutas, se incluyeran los valores naturales, históricos e incluso la oferta turística. En principio, su trabajo se centró en la oferta de los senderos de uso público señalizados por el Parque norteño, que actualmente son 23. Más tarde, descubrió los senderos de gran recorrido (GR) y pequeño recorrido (PR) que homologó la Federación Andaluza de Montañismo a comienzos de los años 90 del siglo pasado.

Con esta nueva aportación pudo combinar muchas rutas del Parque con las de la Federación, pero todavía tenía que conocerlas y recorrerlas. En el momento en que se echó a caminar y recorrer estos senderos, se percató de las primeras incidencias que presentaban, como la falta de mantenimiento, intransitabilidad, desaparición del trazado y la usurpación por parte de propietarios de fincas colindantes. Esto le llevó a hacer las primeras indagaciones en cartografía histórica, primero en los ayuntamientos, archivos municipales y en el Grupo de Desarrollo Rural de la zona.

Sin embargo, el gran vuelco de este proyecto se produjo en el momento en que visitó por primera vez el Archivo Histórico de Huelva, donde pudo consultar todos los tipos de cartografía histórica de los 28 pueblos de la Sierra. Fue entonces cuando descubrió que, además de esos senderos conocidos, había tal infinidad de caminos en la comarca que el proyecto tomaba una dimensión enorme.

Por tanto, tuvo que rediseñar de nuevo el trabajo, separar los conceptos de “senderos” y de “caminos” y empezó a descubrir estos últimos, en su mayoría olvidados, perdidos, intransitables y usurpados. Abandonó, por tanto, el modelo más comercial que le propuso la editorial y continuó en solitario con el estudio, inventario e investigación de los caminos serranos, ayudándose del testimonio de los más mayores de cada pueblo, “que son una verdadera fuente de sabiduría y todo un legado”, según ‘Isi’, algunos de los cuales ya han fallecido.

Después de algunos años de paréntesis, Olivares retoma ahora su ingente labor por la situación que viven estas sendas y la necesidad de mejorar sus perspectivas y su pervivencia.

Al trabajo previo en casa mediante la cartografía, ortofotos históricas y otros instrumentos, añade la salida a la Sierra para estudiar el camino sobre el terreno. Tras su experiencia, opina que “la Sierra tenemos una inmensa maraña de caminos que supondrían una fuente de riqueza y más posibilidades para el visitante, ya que al no estar recuperados estos caminos no podemos disfrutarlos y conocer otras zonas hasta ahora más desconocidas de la zona”. Su denuncia también es clara, al indicar que “los ayuntamientos están obligados, como propietarios de esos bienes inmuebles de dominio público, a hacer un inventario por ley de sus bienes, incluidos los caminos, y a velar por su mantenimiento y recuperación de oficio ante los usurpadores, cosa que prácticamente todos los ayuntamientos incumplen”, con raras y meritorias excepciones como el caso de Santa Ana la Real.

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