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Los invisibles de la calle

Los invisibles de la calle

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Hablando con mi amiga por teléfono, me preguntaba cuál iba a ser el tema de mi próximo artículo y me cuestionaba si hablaría sobre la actualidad política. Cuando colgué me puse a pensar y me dije, sí toca hablar de política, pero de la política entendida como instrumento para mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas.

Y digo esto porque durante esta última semana se podía leer en las redes sociales y lo hablaban muchos onubenses por nuestras calles sobre la muerte de ‘El Gallego’ que es como se le conocía a este vecino nuestro. El Gallego se sentaba todos los días en los escalones de la calle Tres de Agosto, rodeado de sus fieles amigos, sus perros y de una voz amiga que salía de su radio.

La gente hablaba sobre su pérdida con tristeza, también con cierta indignación e impotencia y también por qué no, con la conciencia dañada.

La trascendencia de su desaparición de ese lugar del que formaba parte me hizo reflexionar sobre cuántas personas hemos conocido día tras día por las calles de Huelva que viven en esta situación de desamparo. Muchos han pasado como entes ocultos sí, como personas que sangran sus miserias en las aceras mientras nosotros ponemos nuestras caras serias al pasar por su lado.

Se me viene a la memoria tantos y tantos nombres que formaban o forman parte de nuestra cotidianidad, tantos a los que saludábamos y saludamos con cortesía por aliviar quizás nuestra moralidad. Preguntarnos dónde duermen, qué comen o quiénes son realmente, son cuestiones que quizás nos hemos hecho en algún momento, sin dar una respuesta digna.

Por eso hoy quiero hablar de política. La política no es patrimonio de los políticos, la política es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de una comunidad humana. También es una rama de las ciencias sociales en la cual las personas libres, resuelven los problemas que le plantea su convivencia colectiva. En definitiva, la búsqueda del bien común. En definitiva, todos hacemos política.

Cada ciudadano hace buena o mala política con sus hechos o actuaciones y en demasiadas ocasiones utilizamos ‘limosnas’ para lavar nuestras conciencias en vez de dar dignidad a personas que por circunstancias de la vida y que tire la primera piedra quién esté libre de pecado, se encuentran en una situación de desamparo, falta de libertad y dependencia de la sociedad donde conviven como seres imperceptibles.

Hoy en día nos encontramos con demasiados casos de indigencia política y de indecencia moral. Leía el otro día que más de 300 personas sufren en Huelva esta realidad como la invisibilidad, el sufrimiento, la inseguridad o la imposibilidad de acceder a una vivienda lo que les obliga a vivir en la calle.

En numerosas ocasiones hacemos ‘política’ tras el disfraz de la caridad, pero la caridad disfrazada es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba a diferencia de la solidaridad que es horizontal, de tú a tú e implica respeto mutuo.

Me gustaría con este artículo que todos pusiéramos rostro en nuestra conciencia a hombres y mujeres invisibles que conviven con nosotros, con nuestros hijos, padres, madres, hermanos o amigos, como lo hacía ‘El Gallego’. Ponerle rostro a la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia. Por ellos y por ellas no dejemos de hablar de la vida y seamos ‘ buenos políticos’ porque hacer el bien común es patrimonio de quien lo hace.

 

Fotografía: P. Ruiz