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No es una anécdota
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No es una anécdota

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No es una anécdota. Mi hijo de 13 años vio junto a sus padres el debate de candidatos a la presidencia del Gobierno del pasado lunes y apenas transcurridos unos minutos se cuestionó: “Mamá, no hay ninguna mujer candidata”.

Esa fue su primera imagen. Ese fue su primer ‘impacto’ del debate. Y lo fue en términos de sorpresa, no de anécdota, matiz muy importante porque la sorpresa es algo imprevisto, que no se espera. Mi hijo de 13 años no esperaba que no hubiera presencia femenina en un escenario tan relevante como este. Ese cuestionamiento es bueno.

Digo sorpresa porque afortunadamente tenemos una generación, en términos generales, educada en valores de igualdad que representa la esperanza de que algo estamos haciendo bien pero a la que le mandamos mensajes contradictorios. Lo positivo es que un niño de 13 años se cuestione esta situación pero lo negativo es que su idea choque con la foto de la realidad. De ahí parto en mi análisis.

Ana Blanco, una de las moderadoras del debate también lo dijo, “cinco candidatos y ninguna mujer presente en el debate. Esta foto no es de igualdad”. Cinco candidatos de variados espectros ideológicos y ninguno era mujer. Ni a derecha, ni a izquierda, ni en el centro.

Lógicamente es en el seno de los propios partidos políticos donde se eligen a los candidatos a través de distintos mecanismos internos, pero esto no debe hurtarnos la reflexión y el diálogo sobre la ‘foto’ que nos dejó el debate en relación a la mujer y su papel en los primeros puestos de la política.

Nunca he defendido que la mujer tenga que llegar por el simple hecho de ser mujer, pero sí defiendo y defenderé que tenga las mismas oportunidades para llegar a lo más alto y sobre todo que sean las propias mujeres las que ‘construyan’ el relato y las medidas de las políticas de mujer.

Después de muchos años comprometida en la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, y digo igualdad, ni superioridad ni cuota, sí debemos plantearnos si la imagen del debate es fruto de la casualidad o es una consecuencia de la realidad que vivimos. Esta es mi gran duda. La casualidad es algo fortuito y no debería preocuparnos pero la consecuencia sí porque sería el reflejo del largo camino que aún queda por recorrer hacia una igualdad real y efectiva.

Para mi hijo la foto del debate no fue normal, para mi hijo fue una sorpresa. Con esa esperanza me quedo.

¡Cuéntanos!