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Con sus muertos
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Con sus muertos

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Los muertos por su culpa han sido muchos y algunos yacían junto a él. No los dejaba de vigilar ni en muerte. Los hizo prisioneros para siempre.

Pero esos muertos “no murieron porque en las guerras muere gente de los dos bandos”. Eso es una gilipollez que dicen los fachas. Muertos que murieron porque a un general del ejército no le gustaba la democracia y dio un golpe de Estado. Como el de Tejero, pero que salió bien. Un golpe que las fuerzas democráticas del Estado combatieron hasta que perdieron. Esa fue la guerra: defender la legalidad constitucional. Lo que tanto pide la derecha hoy. Y los muertos, por su culpa, 150.000 en la contienda, 50.000 ejecutados después y 350.000 por hambre y enfermedades.

A los muertos de Franco hay que sumarles los bebés robados, los más de 200.000 exiliados, las torturas, las cárceles y los saqueos.

Pero no fue tan malo, hizo pantanos y creó mucho empleo. Así que daba igual que matara, que no se votara y que detuvieran a la gente por la calle y le pegaran por cualquier tontería como ser homosexual. Porque de igual forma también había mucha seguridad.

De los muertos que menos valían, porque hay muertos y muertos, unos 50.000 están adornando cunetas y fosas comunes. Pero mejor olvidarlo y dejar las cosas como están. Porque serán muertos de otra gente que no van a ningún Mingorrubio a descansar. Así que, “no es para tanto”.

Son los muertos del PSOE y de los rojos, que se creen que con esto ya se ha acabado el paro y se ha solucionado Cataluña. Como si no hubiera más problemas en España. “Porque no olvidan que ya perdieron la guerra”.

De mis muertos puedo contar la historia de algunos. La de José, hermano de mi abuelo, que debe estar en cualquier cuneta de por ahí. La de Benito, hermano de mi abuela, que del Valle de los Pedroches fue al de los Caídos. La de Estanislao, cuñado de mi abuela, que estará en alguna fosa cerca de Aznalcóllar. La de Juan, tío de mi abuela, que fusilaron en Huelva. Pero esos son mis muertos y no sabemos dónde están. Qué más da.

“Tus muertos”, le escribió ayer al periodista Rafael Adamuz en Facebook cualquier indocumentado al que le dolió lo que había escrito. Y era verdad, son suyos, y míos, porque jamás fueron nuestros de todos.

Mucho, demasiado se ha tardado en llevarlo adonde tenía que estar: Con sus muertos.

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