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Mi patria

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No me gusta el procés, ni el proceso, ni me gusta Torra ni el 155. No me gusta la palabra soberanista. El independentismo nunca me ha gustado. Entiendo que haya gente impresionada por eso, y es que hay gente que se impresiona con todo. A mí me pasa a veces. Pero con otras cosas. Las banderas, los himnos, las fronteras no me ponen. Los nacionalismos no me gustan, porque enfrentan. Es como una pelea de borrachos que te corta el punto cuando más a gusto te encuentras y te preguntas por qué coño te tienen que joder la noche con sus historias con lo tranquilo que tú estás. Eso pasa. Los nacionalismos deben ser guais si vives en Qatar o si tienes dinero en Andorra. El nacionalismo es guay si lo sientas en El Hormiguero a decir abascaladas. También si vives de las subvenciones que te dan para montar una fábrica de pellets. El nacionalismo del juez Serrano, del president Pujol o del futbolista Xavi que se independizan de nosotros, porque sólo somos tristes pobres sobrios. Y ellos, ebrios de dinero, nos quieren dar la noche.

Son quienes nos quieren separar, los que derraman portadas de diarios en las mesas de opinión contagiando odio con dardos envenenados hacia quienes no pensamos igual.

Porque yo no entiendo de fronteras. No sé para qué sirve una nación cuando dejamos morir a personas en nuestras costas todos los días que huyen de la guerra, cuando hay gente con cuarenta años que viven con sus padres porque no pueden pagar un alquiler, o quienes tienen ochenta y no pueden bajar a la calle porque no tienen ascensor, cuando hay quienes quieren salir de la cama pero no tienen a nadie que les ayude, cuando hay mujeres que no pueden dejar su casa aunque sus maridos las maltraten o cuando hay quienes quieren estudiar pero no tienen dinero para hacerlo.

Con esto no se plantean referendos, no hay periodistas con cascos cubriendo esas noticias, nadie tira piedras ni incendia coches, nadie grita ‘a por ellos, oé’. Y es que hay muchas dependencias con las que acabar, pero de ellas no se habla.

A mí dejadme. Yo no amo otra bandera que no sea la que nos iguale a todos para poder vivir en paz. No conozco otro himno que no sea el que cantaban los mineros por Santa Bárbara.  Para mí no hay más patria que mi madre.

 

Fotografía: Valdelamusa, de David López.