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Una mujer al borde del desahucio clama ayuda: “Esta casa ha sido mi muerte”

Una mujer al borde del desahucio clama ayuda: “Esta casa ha sido mi muerte”

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A.M.G, de 52 años de edad esta al borde del desahucio. La casa familiar situada cerca de la Avenida de Andalucía pertenece por una hipoteca impagada a La Caixa, este miércoles 3 de julio a las 10.00 horas tiene un juicio en el que se dirime su futuro y según reconoce “me han dado pocas esperanzas”. Acude al juicio “sin haber recibido jamás un aviso de desahucio” ya que en la notificación del mismo, la entidad bancaria dice “ignorar” la presencia en la vivienda de esta mujer.

“Evidentemente me preocupaba y sabía que la casa no se estaba pagando”, pero nunca he recibido una notificación del banco diciéndome que estaba en riesgo, hasta ahora”, del mismo modo “fui yo la que acudió a La Caixa para preocuparme”, donde le dijeron que sus datos “no constaban y que no veía peligro de desahucio”.

Tras 32 años de matrimonio la situación se torció con la separación y posterior divorcio. Con una situación acomodada, su exmarido, con una empresa de pinturas, pagaba la casa descontando trabajos a la empresa constructora que edificó la vivienda. Pero la burbuja inmobiliaria estalló y también lo hizo su matrimonio, y A.M.G. se quedó a cargo de una vivienda que estaba casi impagada al completo y en la que sigue residiendo actualmente con un hijo y un nieto. 

Hoy su único ingreso es una ayuda, la RAI (Renta Activa de Inserción) que además “pronto se me acabará” y su hijo ha tenido algún trabajo temporal pero solo en periodos cortos. Su situación se agrava porque además padece una fibromialgia que le dificulta más su labor y la búsqueda de empleo.

“Nosotros hemos sido una familia normal y corriente, hemos cumplido con todo, pero al reventar la crisis todo se fue al garete y a mí, no me dejó una casa, me deja un problema muy gordo”, ahora mismo “me encuentro sin nada”.

En su piso, un adosado bien situado apenas hay muebles, durante una etapa de su vida fue yendo de piso de alquiler en piso de alquiler “dejándome trozos de mi vida”, fue cuando se cambió de domicilio y a donde La Caixa se puede agarrar para “ignorar” su paradero. Pero ella aduce que posteriormente se volvió a empadronar en la vivienda y además los recibos de luz y agua (que paga religiosamente pese a su situación” siguen estando en esta casa.

A.M.G. lleva 10 años luchando por esto, ahora mismo solo quiere una solución o bien “un alquiler social que pueda asumir u otra vivienda si es posible en la zona en la que ha criado a sus hijos”, “quiero que se hagan cargo de mi caso porque yo no soy una Okupa, estoy en mi casa, aunque esta casa ha sido mi muerte”.