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El Parque Natural de la Sierra de Aracena no frena el tránsito descontrolado de especies cinegéticas
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El Parque Natural de la Sierra de Aracena no frena el tránsito descontrolado de especies cinegéticas

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El Plan Rector de Uso y Gestión del Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche que afecta a 28 municipios de la comarca prohíbe en su articulado una de las prácticas que ha sido detectada en los últimos años en el territorio: la introducción de especies de fauna silvestre alóctona, así como el abandono en los montes de materiales de desecho procedentes de las actividades cinegéticas. La norma lleva más de veinte años funcionando pero no ha servido para frenar los movimientos de especies con riesgo ni evitar la reintroducción de jabalíes o ciervos alóctonos en algunas fincas o granjas.

El mantenimiento en el tiempo de esta prohibición se debe a los cada vez más habituales movimientos, incluido el transporte, de jabalíes y ciervos que se vienen produciendo con el objetivo de repoblar decenas de cotos destinados a la caza. Asimismo, la cada vez más habitual presencia de enfermedades como la tuberculosis en estas especies, muy advertida por los cuadros veterinarios que trabajan en la zona, está llevando a muchos cazadores a abandonar en el campo muchas de las piezas cobradas tras despojarlas de sus trofeos (cuernas, colmillos y cabezas para disecar).

Los cadáveres de jabalíes y ciervos suponen un verdadero problema hoy para las miles de explotaciones ganaderas instaladas en la comarca. La poca o nula presencia de especies que se encargaban de ‘limpiar’ los montes, como las aves necrófagas o el lobo, agrava el problema.

Esta práctica prohibida está aumentando los riesgos y posibilidades de contagio a la ganadería extensiva de la comarca, especialmente porcino y bovino. De ahí que el PRUG haga hincapié en el fomento de la caza selectiva, “con el objeto de mantener el número adecuado de individuos que pueda soportar el terreno, equilibrar la proporción entre sexos, sanear la población y eliminar los híbridos presentes, especialmente entre el jabalí y el cerdo doméstico”. Un potente foco de transmisión.

La actividad cinegética ha ido generando más de 150 cotos al calor de la fuerte demanda existente y procedente de Huelva, Sevilla, Badajoz y otros territorios. De ahí la proliferación de jabalíes, ciervos y gamos principalmente. Un sector que sin embargo genera menos empleo en la zona en comparación con la industria agroalimentaria y ganadera. Este sector sigue siendo el verdadero motor económico de la Sierra, al generar en torno al 58% del empleo que se genera directamente y que sacrifica más de 200.000 cerdos al año. Por no hablar de su atracción para el turismo y la gastronomía.

Es esencial proteger la cabaña porcina de veleidades y modas como está ocurriendo con la caza y la importación de especies cinegéticas para rellenar cotos a la carta. Un riesgo que las asociaciones ganaderas están advirtiendo desde hace años.

En Europa ya están tomando iniciativas, incluso se están levantando alambradas fronterizas para evitar los contagios entre las especies. Por eso es esencial evitar las relaciones entre especies, aumentar los controles sobre los movimientos de jabalíes, mallar las fincas y acotar la llegada de especies cinegéticas procedentes de países europeos donde ya ha sido detectada la peste porcina, como Bélgica, Hungría, Bulgaria, Letonia, Moldavia, Polonia, Rumanía o Ucrania. Hasta se ofrecen recompensas por informar de la presencia de jabalíes muertos en el monte. Y Francia ha creado una zona blanca sin jabalíes en su frontera con Bélgica para evitar la transmisión de las enfermedades.

Es esencial pues, a juicio de todas las instituciones europeas consultadas, controlar la población de jabalíes porque ya se han convertido en un problema. Y Huelva se juega mucho en este asunto.

De momento, la Junta de Andalucía declaró el área de emergencia cinegética temporal por daños y riesgos sanitarios del jabalí y cerdo asilvestrado en algunos términos municipales de las provincias de Cádiz, Córdoba, Jaén, Málaga, Sevilla y Huelva. En el caso onubense han sido incluidos prácticamente todos los términos municipales que conforman la provincia.

Esta orden entró en vigor el pasado 24 de julio aunque su temporalidad llegaba hasta el fin de la temporada de caza que se produjo el pasado 10 de febrero. No ha sido derogada.

El jabalí y cerdo asilvestrado se han convertido, según los estudios de la Junta de Andalucía, en un eslabón de enlace de la cadena de transmisión de enfermedades que afectan al ganado doméstico, de granja y a las personas, tuberculosis, triquinosis, peste porcina africana o enfermedad de Aujeszky. A esta última es muy sensible la cabaña porcina. Todo se agrava si se comercializa la carne de animales que pueden estar enfermos por tuberculosis, enfermedad muy prevalente en la cabaña o se organizan matanzas clandestinas sin los obligados controles sanitarios y analíticos.