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Las emociones, las grandes desconocidas
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Las emociones, las grandes desconocidas

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La función de las emociones… ¿Es la de complicarnos la vida?

Recuerdo cuando vi la  película de Disney Pixars Del revés  (Inside Out). Me sorprendió lo fácilmente explicable que abordaba el mundo de las emociones y lo útil que  resultaba este enfoque para comprenderlas mejor. Porque lo cierto es que la mayor parte de las veces nos hemos relacionado con las emociones no solo desde el desconocimiento sino incluso desde el miedo. Es como si temiésemos que las emociones, esos monstruos internos, pudiesen aparecer de pronto, no pudiésemos controlarlos y terminasen haciéndonos daño a nosotros o a otras personas. Y en cierto modo, eso es así porque muchas veces nos encontramos a su merced.

Sentimos ira, rabia, miedo, nos enfadamos, y aunque no queremos sentirnos así nos sentimos, y ese estado emocional arrastra nuestra conducta. Es como estar de una forma que no quiero estar. Es como si luchase contra ese enemigo y cuanto más lucho más fuerte se hace. No quiero sufrir pero sufro, no me quiero comportar de esa determinada manera, pero hay situaciones “que me sacan de quicio”. “En ciertos momentos tengo un piloto automático que se dispara solo”.

Las emociones, las grandes desconocidas

Claro, que el enfoque a la luz de los nuevos conocimientos y planteamientos sobre las emociones, transforma al monstruo en un aliado que nos puede beneficiar muy mucho. Pero obviamente para que eso ocurra primero tenemos que conocerlo y mejorar nuestra relación con él.

¿Cómo podemos conocer mejor las emociones y mejorar nuestra relación con ellas? ¿Cómo podemos convertir esta lucha en gestión y beneficiarnos del poder adaptativo de las emociones?.

Comenzaremos por recordar la perspectiva de Mindfulness que Vicente Simón, en un curso que tuve la suerte de compartir con él, nos aportaba. En lugar de luchar contra las emociones, ocultarlas o suprimirlas nos invita a escucharlas. Porque las emociones no aparecen sin una razón.  Comprender esa razón, es la clave para poder gestionarlas y darles la utilidad que tienen atendiendo a la información que nos transmiten.

La emoción lleva un mensaje implícito, a veces nos informa de como algo nos afecta, nos importa, nos duele…. A veces incluso conecta con otras etapas de nuestra vida, otras experiencias o vivencias  donde aparece esa emoción y de pronto,  el mecanismo automático se dispara. Muchas veces las emociones son la válvula de escape de situaciones desagradables que vamos acumulando, en otras ocasiones nos indican que algo que estamos haciendo o permitiendo no nos beneficia o no beneficia a otros.

Por otra parte, para ser conscientes de la información que las emociones nos transmiten primero tenemos que pararnos y observar a la emoción como un evento mental que ocurre dentro de nosotros pero que no somos nosotros. Este proceso de toma de distancia y perspectiva se denomina “desidentificación” y al no identificarnos con ellas no nos dejamos arrastrar.

Resulta curioso como esta toma de distancia de las emociones, este pararse de forma consciente,  es la válvula de escape para que el valor informativo que obtenemos desconecte el piloto automático.  Como decía Victor Frankl,   “entre el estímulo y la respuesta ha de existir un espacio, ese espacio nos permite ser conscientes de lo que vamos a hacer a continuación”. En eso consiste la diferencia entre reaccionar y responder.

Reaccionamos cuando las emociones cogen el protagonismo y actuamos sin tiempo para pensar qué es lo más adecuado y respondemos cuando elegimos la respuesta ante una determinada situación, cuando ganamos perspectiva ante la realidad. Es decir, que la amígdala, situada en el sistema límbico en nuestro cerebro y responsable en mayor medida de las emociones, no secuestra a la corteza, cuya función induce a la reflexión, a la gestión de la emoción y de la situación.   Hablamos por tanto, de regulación emocional.

En ese sentido,  Matthieu  Ricard enuncia una frase, que por una parte puede resultar un tanto enigmática y por otra excepcional. “Cuando la consciencia se hace consciente de una emoción (por ejemplo, el enfado), lo que es consciente del enfado no se enfada”. Es como si la mente en algunas ocasiones se convirtiera en una habitación que queda a oscuras, tras apagarse la luz. Todos esos procesos cognitivos que ocurren en situaciones de fuerte contenido emocional, se pueden disparar a gran velocidad sin que podamos percibirlos, nos damos cuenta cuando ya han ocurrido. La consciencia se convierte en el interruptor de  la luz que nos permite ver con más claridad lo que está ocurriendo en nuestra mente, de esta forma podemos poner en orden todo esa información y generar alternativas para una mejor gestión y afrontamiento.

 Veamos todo esto con un ejemplo práctico que podamos aplicar en la vida cotidiana: Se denomina la “Técnica del Semáforo”, en ella se asocian los colores del semáforo con las emociones y la conducta: En primer lugar asociaremos el color rojo para pararse en aquellos momentos en los que nos damos cuenta de que no controlamos la situación, (sentimos mucha rabia, queremos agredir a alguien, nos ponemos muy nerviosos o tensos o nos sentimos bloqueados).   Como indica Siegel “Si Observas, Desconectas la automaticidad”.

En segundo lugar, asociaremos el color amarillo con pensar y darnos cuenta del problema que se está planteando, tomar perspectiva de los pensamientos y las emociones que estamos sintiendo y comprender ese valor informativo. Ganamos tiempo para no dejarnos arrastrar por ellas. Se pueden incorporar frases tranquilizadoras en situaciones de gran tensión “Soy capaz de hablar sin tener que gritar ni llegar a las manos”, “Es mejor dejar el tema para después cuando nos hayamos tranquilizado” etc… También si nos notamos muy activados física y emocionalmente, podemos conectar con la respiración haciéndola más profunda y ralentizándola hasta que nos notemos más calmados.

En tercer lugar, el color verde. Si nos hemos facilitado ese tiempo para  pensar y desconectar el piloto automático, pueden  surgir alternativas o soluciones al conflicto o problema. ¿Qué podemos o puedo hacer ante esta situación?. Es importante destacar que habrá ocasiones en las que aparecerá esa solución y otras en las que la solución no estará disponible, al menos de momento. Pero el objetivo prioritario desde este enfoque, es aprender a gestionar tanto las emociones como las situaciones de fuerte contenido emocional en el momento que están ocurriendo. Posteriormente esta toma de consciencia nos podrá llevar a la toma de decisiones.

Pero obviamente esta capacidad de pararnos, de ser  conscientes de nuestras emociones, y de  modificar las creencias que mantenemos sobre ellas, ni la tenemos todos en la misma medida ni se puede adquirir de la noche a la mañana.

Es por tanto fundamental desarrollar la capacidad de autoobservación, es decir, la metacognición, que nos permite hacernos conscientes de los procesos mentales que están en marcha, y que responden a las diferentes situaciones que experimentamos tanto internas como externas.  El modelo de auto-regulación descrito por Shapiro y Schwartz (2000) explica como la intención de enfocar la atención sobre la  propia consciencia permite conectar con la realidad personal, tanto en el ámbito interior como en relación con el entorno. “Observo cómo me estoy sintiendo y qué está ocurriendo para que me sienta así”. Esta conexión con la realidad interna y externa del individuo facilita procesos de autorregulación emocional porque nos ayuda a comprender y comprendernos y está en la base del equilibrio psicológico y la salud.

Las emociones, las grandes desconocidas

En resumen, desde las terapias de tercera generación y desde Mindfulness, es importante modificar el tipo de relación que mantenemos con las emociones. En lugar de considerarlas como buenas o malas se trata de  intentar comprender que todas las emociones tienen una causa que las provoca e intentar comprender asimismo la valiosa información que nos están transmitiendo. Esa información es crucial para no dejarnos arrastrar por ellas y  dirigir nuestro comportamiento según nuestras necesidades y valores. Este es el sentido adaptativo de las emociones, en beneficio de nuestra salud y bienestar.

Josefa Alvarez Cruzado, Doctora en Psicología

Centro de Psicología ‘Psiqueón’