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Las escuelas de la Sierra hace casi un siglo
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Las escuelas de la Sierra hace casi un siglo

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La descripción de muchas zonas de Andalucía recibió un gran impulso con las grandes crónicas de los viajeros románticos que surcaron nuestras tierras en los siglos XVIII y XIX. Pero más, recientemente, también otras incursiones han definido las virtudes de nuestra zona, especialmente de la comarca serrana. Esto sucedió, por ejemplo, con el libro ‘Viaje por las escuelas de España’, una serie de publicaciones que impulsó Luis Bello, en las que describía los lugares por los que iba pasando.

Dentro de esta serie, en su volumen ‘Más Andalucía’, se detuvo en lo que denominó ‘Las Siete Huelvas’, momento que aprovechó para ocuparse de a coparte de la comarcar serrana onubense. Describe las zonas de Huelva de “Aracena, la Sierra; Riotinto, las Minas; Niebla, la Historia; La Palma, el Campo; Palos, La Rábida el camino de América; Ayamonte, las Pesquerías; y ‘Oñana’, El Desierto, La Marisma y El Absurdo”, añadiendo a posteriori un capítulo final referido a las escuelas de Huelva y unas páginas dedicadas al proyecto de Manuel Siurot. Se trata, en realidad, de una serie de artículos publicados en el diario ‘El Sol’ y recopilados posteriormente.

Así, desde “este curso de agua que baja a la Rivera de Múrtiga, entre chopos, castaños y nogales, cantando, trabajando, como buen río molinero y maderero, nos lleva aguas arriba a uno de los más deliciosos rincones de España”.

En las siete páginas que dura su descripción de la zona de Aracena, Bello se detiene fundamentalmente en la ciudad, hablando de su castillo, su caserío y sus monumentos, en general. Se detiene en el castillo, en cuevas cercanas y, por supuesto, en la Gruta de las Maravillas. Llega a decir que el patrón de Aracena es “el marqués de Aracena, Sánchez Dalp, retirado hace pocos años que, entre otras obras útiles, donó un edificio habilitado para escuelas”.  Llega ahí el momento para retratar los colegios de la localidad, con cuatro maestros y cuatro maestras para cerca de siete mil habitantes en los que predominan los pobres. Su conclusión es que se trata de “un pueblo bellísimo, deliciosa avanzada de una Andalucía próspera, con buenos maestros pero pocas escuelas, instaladas impropiamente”.

Antes de esta dedicación a Aracena, en el preámbulo del capítulo menciona a Fuenteheridos y Galaroza. Pero también a la zona norte de la comarca, ya que entró en ella desde Fregenal de la Sierra, por Cumbres de En medio, subiendo en auto las cuestas de La Nava, aludiendo también a Cumbres Mayores y a los Picos de Aroche.

Dice que es “la parte más amable y fecunda de Sierra Morena”, y que estos topónimos “suenan a fronda, a bosque, a fuentes frías y aires limpios, de altura”. Individualiza a La Peña de Arias Montano, al castillo de Aroche, a las grutas de Aracena y, posteriormente, a Fuenteheridos y Galaroza. Del primer pueblo dice que llegó al castañar de San Ginés, al Coso viejo y subió por las “escalerillas de piedra que conducen a la iglesia, con su torre esbelta y su galería de aspecto italiano”. Era alcalde un maestro y le sorprendió un guardia atendiendo el paso del autobús, “un verdadero policeman, el uniforme más brillante de Sierra Morena”. Fue él, quien le dijo que “en cuanto acabaran con los caminos vecinales iban a emprenderla con las escuelas”.

Finalmente, también Galaroza merece unas palabras en esta obra. La sitúa sobre tres collados, y dice que “podría llamarse la villa blanca, sin o fuera más bonito su nombre árabe: Gal-Anosa, ‘Jardín de la Prometida’”. La describe rodeada de huertos, castaños, robles, chopos y bosques claros.

Por estos lugares, “la sierra de Aracena es siempre habitable. No tiene el ceño de Guadarrama, de Gredos o de Gata”. Así finaliza Luís Bello esta incursión por la sierra en su serie de publicaciones sobre las escuelas de España.

El libro que dedica a la zona serrana se publicó en Madrid, en 1932, por parte de Renacimiento y la Compañía Ibero-Americana de Publicaciones, S.A., incluyéndose una mención a la Librería Fernando Fe.

Como dato anecdótico, se publican en el libro cartas que el mismísimo Juan Ramón Jiménez dirigió al autor, quejándose de algunos de los contenidos incluidos en el capítulo sobre Moguer.

El autor, Luis Bello Trompeta, fue un periodista, abogado, escritor y político nacido en Alba de Tormes en 1872 y murió en Madrid en 1935. Entre 1925 y 1931 emprendió esta magna aventura que fue publicando en ‘El Sol’ y que luego se editaron en cuatro volúmenes. En sus escritos defendió una escuela pública, laica, moderna y regeneradora de los territorios de España y propuso crear una Sociedad de Amigos de la Escuela.

Miembro de Acción Republicana, al proclamarse la Segunda República fue elegido diputado para las Cortes Constituyentes,​ integrado en la candidatura republicano-socialista. Formó parte de la comisión que redactó la Constitución republicana y presidió también la Comisión del Estatuto para Cataluña.