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“Mamá Rafaela. Casa de Comidas”. Lo que Huelva nunca debió de perder.

“Mamá Rafaela. Casa de Comidas”. Lo que Huelva nunca debió de perder.

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Me llamó mucho la atención escuchar el título “Casa de Comida”. Casi se me había arrancado de la memoria la existencia de esas fabulosas, humildes y potentes Casas de Comidas que durante décadas pasadas pulularon  por esta ciudad. Nada de minimalismos, de uniformes negros que repelen a la vista, de cartas cuyo contenido es tan falso como sus traducciones en distintos idiomas. Casa de Comida. Los mismos términos hacen ya referencias a algo tangible, tan real como que sabes a dónde vas, a qué vas y qué te van a ofrecer. Es, en definitiva, meterte en una Casa de Comidas, en el mundo culinario del ayer sin artilugios ni monsergas. Meterte donde el producto sabe de dónde vienes, que la cocina te va a doctrinar tu paladar y que el ambiente es tan real y llano que te haces sentir como en tu propia casa.

Pues hace unas semanas quedé en “Mamá Rafaela. Casa de Comidas” al objeto de conocerla, probarla y verificar que todo lo que me habían dicho era verdad. Y si además, al frente de ella está Francisco Gutiérrez la mayoría de ustedes se quedarán en la inopia del desconcierto y del desconocimiento. Pero si yo les hablo de Curro León estoy seguro que los ojos de la gran mayoría se abrirán como dos soles y una gran sonrisa surcaran sus caras.

Curro León en ante todo un choquero de los pies a la cabeza. No de boquilla sino un hombre que ha “mamao” Huelva y la conoce y siente por los cuatro costados. Nacido en la calle Cardenal Albornoz en un caluroso julio del año sesenta y tres del siglo pasado, pronto supo que había nacido para ser y hacer felicidad. Por ello su vida siempre fue un juego, unas risas con los amigos y mil aventuras de la infancia que vivir y contar. El colegio era otra cosa. Eso, para él, era un suplicio que solo lo atenuaba la presencia de los pequeños amigos y los sueños despiertos de nuevas travesuras mientras D. Matías, en una de las habitaciones que hacían de aulas de su Academia, explicaba la lección y  miraba de “reojillo” a aquel zagal delgado y de amplia frente que parecía estar soñando “Dios sabría qué”.  A los nueve años se va a vivir la familia a la calle Roque Barcia, pero ello no supone ninguna dificultad a nuestro actor para hacer una nueva pandilla de aventuras y juego. Cambia la Academia de D. Matías por el férreo colegio Madre de Dios, pero ni la seriedad de la institución ni la rigidez de la enseñanza impartida hicieron afortunadamente cambiar su forma de ser, de sentir y de vivir.. Hizo, en el Madre de Dios, Construcciones Metálicas y a partir de los dieciséis años comienza su andadura laboral en los más diversos trabajos. Desde aprendiz en una Ferretería, pasando por la empresa Foret, un Laboratorio de fotografía hasta terminar en La COPE. Aquí, en La COPE, en la que estuvo durante quince años, logró ser considerado como uno de los mejores comerciales publicitarios de la provincia de Huelva.

Cuando se va a una provincia o ciudad que se desconoce nadie mejor para que te guíe que un buen Comercial, pues al igual que los camioneros saben de los mejores sitios y de los mejores platos de comida en la carretera, ellos se conocen al dedillo esos lugares dónde merece la pena ir y estar. Y, encima, Curro León conoce Huelva como la palma de su mano y Huelva le conoce a él como una de las personas más agradable, simpática y sana dónde los haya. A finales del verano pasado se decide abrir “Mamá Rafaela. Casa de Comidas”, en pleno centro de Huelva y en un lugar actualmente tan privilegiado como es la  Avenida Escultora Witney, frente a la nueva estación de trenes. Al principio sólo con almuerzos y abriendo de 7 de la mañana a 5 de la tarde, a excepción de los jueves, viernes y sábado que lo hace durante todo el día.

¿Cuál es el porqué de Mamá Rafaela. Casa de Comidas? Es simplemente una vuelta a los orígenes. En una sociedad donde se predica el lujo y el apetito sobre lo artificial, sobre el oropel, como gancho para atraer a la clientela, Curro León pone el sello de identidad de la Huelva que quiere y ama. Los sabores a mar y los olores del Andévalo y la serranía onubense predominan en su variado menú. Y para conocer en verdad de ellos, de los olores y sabores, los clientes saben elegir la hora.  Desde la siete de la mañana la Casa de Comida Mamá Rafaela empieza a oler a pan tostado con jamón o regado con aceite de oliva de la tierra, a zumo de naranja y café. A partir de las doce comienza la transformación para ponerse la etiqueta de la hora “del tapeo” y es entonces cuando los estómagos rugen ante la indecisión de lo que sus ojos ven. Al frente de la cocina tiene a una rusa-germana,  María Eykhler, con manos divinas que cocina  las alubias o el potaje de garbanzo de la misma forma, o mejor, que lo hiciera Mamá Rafaela. Así que para tapear nada mejor que probar la natural Ensaladilla Rusa de Eykhler, las berenjenas fritas con miel, las tortillas de ajo y perejil y un largo etcétera. Para comer, ya sentados en un comedor magníficamente adaptado para ello, amplio, diáfano y cómodo, que permite la asistencia de grandes reuniones y las mesas particulares para parejas. Entonces ya es cuestión de pedir , de primero, un plato casero de toda la vida como puede ser el cocido de verduras con calabazas y judías verdes, una impresionante parrillada de carnes de primera calidad de la sierra de Huelva, unas excelentes y blancas gambas o una impresionante paella.

Curro León conoce y sabe lo que la gente quiere. Primero, sentirse a gusto y empatizar con el lugar. Sentirse cómodo y no encorsetado. Que lo que va a comer viene de la Plaza de Abasto de la ciudad y de sus mejores puestos, bien sea en pescado, mariscos o carnes. Que la atención sea cordial, familiar y, a la vez, discreta. Y por último, lo más importante, que la relación calidad –precio sea insuperable. Todo esos son condicionantes y requisitos para que los cientos y cientos de amigos y conocidos que pesan sobre un personaje tan familiar y querido como Curro León acudan en su búsqueda sin pensárselo dios veces.

A la hora de los postres y con el café y la copa esperándonos, saco el lado oculto de Curro. Detrás del relaciones públicas innato, mordaz y gracioso, está el hombre casado con una sevillana, Lourdes Muñoz, y padre de dos niños, Alejandro de 26 años y  Curro, como el padre, de 13. Y crítico. Se pone serio, muy serio cuando habla de los problemas de Huelva y de la gente de aquí. Para él a Huelva le falta inquietud. “Que hagamos un poco más por nosotros. No vomitamos lo que tenemos dentro., nos lo quedamos en nuestro interior y así es imposible. Debemos exigir, como ciudadano, dignidad y dejarnos de tanto politiqueo. Porque Huelva depende de nosotros, sólo de nosotros y no de los políticos. No sabemos vender Huelva. Es increíble que sea el forastero el que quiera a esta ciudad y el onubense no. Tenemos que derrumbar, de una vez por todas los estereotipos. Yo soy muy claro y no pongo paños caliente al decir las cosas, aunque sean políticamente incorrectas. ¡Una lecha la política! El onubense es apático en todo y hasta te diría que un poco envidioso, pues parece que no le gusta lo bueno que le pueda suceder a otra persona. Y, para colmo, somos pocos constructivos. Cuando nos quitemos ese complejo de inferioridad que tenemos, cuando levantemos la cabeza y digamos- nosotros, no los políticos – ¡vamos a levantar esto!…hasta entonces Huelva no saldrá del agujero que muchos poderes ocultos nos tienen sumidos. Los empresarios somos y tenemos el deber de devolverle la alegría a estas tierras y a sus gentes, a nuestra gente. ¿Para qué ha servido el año Gastronómico? Para nada. Para romper y destrozar un sector en auge en beneficios de alguno.¡ Y con lo que nos ha costado! Pero eso son cosas de los políticos que no le debemos permitir. Y por ello te digo, por el simple hecho de permitírselos, se demuestra la apatía de los onubenses. Todos unidos pero sin intereses partidistas que solo buscan sus intereses y que no son los nuestros precisamente.

Apuro la copa y muevo afirmativamente la cabeza. Suscribo una por una las palabras de Curro León, su valentía y claridad de ideas. Es la hora de marcharme y lo hago encantado por esa maravillosa y perdida “Casa de Comidas”, por la calidad de sus manjares y por el trato de este hombre que siempre es un misterio a descubrir. Antes de irme me fundo en un abrazo con él, ¿Ojalá hubiera en esta tierra, pisoteada por tantos intereses políticos y económicos, cuántos onubenses como Francisco Gutiérrez!


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