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Pozos y perforaciones mineras se convierten en trampas para cazadores y senderistas

Pozos y perforaciones mineras se convierten en trampas para cazadores y senderistas

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No son solamente los cientos de pozos agrícolas ubicados en el entorno de Doñana y perforados sin permiso los que generan inquietud y añaden peligros al campo y daños al medio ambiente. Las zonas mineras de la provincia también albergan decenas y decenas de prospecciones, algunas históricas pero otras más recientes, que han dejado a la vista zanjas, pozos, enormes socavones en el terreno que se han convertido en verdaderas trampas para senderistas, cazadores y sus realas de perros, buscadores de setas y propietarios de las fincas que muchas veces no conocen su existencia.

Cuando se construye un pozo sin permiso nadie avisa ni en la mayoría de las ocasiones se cubre el terreno. Resulta complicado buscar al responsable, máxime cuando han pasado años desde que se hiciera la perforación.

Los pozos agrícolas suelen tener pocos centímetros de ancho al igual que muchas de las perforaciones mineras pero los hay con un gran diámetro que se tragan todo tipo de animales y perros. Incluso se ha registrado ya la caída a su interior de maquinaria pesada que realizaba laboreo forestal.

No existe un inventario de pozos de estas características pero desde Ecologistas en Acción llevan tiempo avisando de la existencia de estas trampas mortales en zonas mineras. Son conocidas las del Pozuelo, Berrocal, Valverde, Zalamea y en general toda la Faja Pirítica. Los Silillos, El Casullo, El Pastillo (conde calló un bulldozer hace tiempo), El Buitrón, Mina Palanco, Puente de los Cinco Ojos… Una larga lista de pozos cubiertos con monte bajo.

El accidente de Totalán obliga a abrir los ojos de la peor manera posible. Con una tragedia que tiene al niño Julen como protagonista. Pero tras ella puede aparecer un rosario de supuestas ilegalidades urbanísticas en otras zonas.

Para la perforación de un pozo (agrícola o minero) se debe contar con un permiso de la Dirección General de Minas de la Junta de Andalucía y también de la Confederación Hidrográfica a la que pertenezca el terreno, en el caso de Huelva Tinto-Odiel-Piedras o Guadalquivir.

Muchos se realizan sin ningún tipo de autorización y en el mejor de los casos las perforaciones se vuelven a tapar con tierra o se cubre con piedras. O sencillamente se abandonan sin más. Muchos creen que esas actividades no son peligrosas pero si lo son. Lo saben bien las Fuerzas de Seguridad, agentes forestales y de medio ambiente que trabajan y campean por esos terrenos convertidos en un queso de gruyere.

Las organizaciones ecologistas creen que hay mucho descontrol, falta de medios y dejación de funciones que facilita la multiplicación de estos agujeros negros. Un peligro, trampas mortales.


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