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La radio serrana en el recuerdo
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La radio serrana en el recuerdo

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La innovación que supuso las emisiones de ‘Radio Aroche’ en los años sesenta se destaca en el libro ‘La radio de los prodigios’, del periodista Joaquín Martín

Aunque en estos momentos la sociedad parezca saturada de información, debido a los múltiples canales de comunicación que pueden consultarse en muy diversos ámbitos, hubo un tiempo en que enterarse de las noticias resultaba difícil y confuso. En aquellos momentos de plena dictadura, iniciativas como ‘Radio Aroche’ fueron una auténtica revolución para muchas familias de aquella zona serrana.

‘La Voz de la Sierra’, como se denominaba también la emisora, pertenecía a la parroquia arochena, y tenía instalada la antena sobre el chapitel del campanario de la iglesia. Empezaba y despedía sus emisiones con uno de los símbolos culturales del pueblo, el pasodoble titulado ‘Aroche’, del maestro Manuel Rojas, interpretado por la Banda de Música de Huelva, al que posteriormente pondrían bellísima letra José Romero y Antonio Sánchez.

Radio Aroche se escuchaba con nitidez en todo el poniente de la Sierra de Huelva, y hacia el sur, en buena parte de El Andévalo y de la comarca minera, disponiendo de una nutrida red de corresponsales. El programa estrella se titulaba ‘Avisos al campo’, que contaba con numerosos oyentes, y se había convertido, según Martín, “en un apero más de los campesinos, ya que hacía de intermediario entre los diseminados cortijos y caseríos informando de campañas de vacunación para personas y animales, transmitiendo recados familiares, razones y noticias de interés”. Se trata, hasta ese momento, del único medio de comunicación propio de que había dispuesto la zona y su influencia fue muy importante.

El escritor Joaquín Martín recoge en el libro ‘La radio de los prodigios’, que editó Dauro, el impacto que tuvo la emisora en los pueblos del entorno, especialmente en aldeas como El Hurón. En los primeros años sesenta casi todas las casas de la aldea ya disponían de aparato de radio alimentado por pilas de petaca, y el libro se detiene a detallar las impresiones de los vecinos.

Gracias a ‘Avisos al campo’, por ejemplo, en el cortijo de La Herrumbre se daban por enterados de que debían ceder su recua de mulas a la finca de El Merendero, para acarrear el grano de la era al pueblo, o bien te participaban un nacimiento, una boda, un velorio y útiles consejos del veterinario o el parte meteorológico. Las voces de Milagros Alcaide, José Román Anarte, Angelita Alcalá, Juan José Maestre, Pedro Díaz y Manolo Duarte se convirtieron en un remedio infalible para la soledad de aquel medio rural que ofrecía una vida dura y esforzada. La radio ofrecía momentos de asueto y compañía, ratos muy agradables, sobre todo por la tarde, a la hora del café, cuando se emitían los espacios ‘Teatro leído’, con la obra ‘Mío Cid’, y ‘Discos dedicados’.

Especialmente dura, recuerda Martín, fue la noticia divulgada el 21 de marzo de 1963 por el fallecimiento en la localidad de Cortegana de la niña Soledad Jara, de apenas dos años de edad, a la sazón sobrina del autor del libro que recoge esta historia. La voz de José Román leyó la necrológica sobre un fondo musical de piano que sobrecogió a todos los oyentes.

El ’arradio’, como se llamaba popularmente el aparato, daba la posibilidad de reunirse alrededor de la candela en las tardes de invierno, para escuchar y comentar todo lo que sonaba por el altavoz. Además de ‘Radio Aroche. La Voz de la Sierra’, el receptor ofrecía otras estaciones que se podían sintonizar en la zona, como ‘Radio Intercontinental de Madrid’, ‘Radio Andorra’, ‘Radio París’, ‘Radio España de Madrid’ o ‘La Pirenaica-Radio España Independiente’, que emitía proclamas contra la dictadura.

Este mundo y sus sensaciones es magistralmente descrito en ‘La radio de los prodigios’ por Joaquín Martín, un periodista nacido en Cortegana que lleva una amplia trayectoria desarrollada fundamentalmente en las ondas, junto a grandes como Joaquín Soler Serrano, Luis Arribas Castro, Pepe Ferrer, Luis del Olmo, Carlos Herrera, Nieves Herrero, Andrés Aberasturi, Julia Otero, Concha García Campoy o Carlos Alsina.

La obra mezcla relatos de ficción, ensayo, autobiografía, entrevista o fragmentos de guiones en los que la radio siempre está presente. Martín reivindica con ellos lo que denomina “un oficio que parece llamado a la extinción, el de radiofonista”.

En el libro queda patente que el medio ha evolucionado a una velocidad de vértigo, y se recogen aspectos esenciales como la música y las canciones, las voces de los locutores, los programas y sus sintonías, la publicidad, las estaciones emisoras, la vida de los oyentes y las peripecias de los profesionales radiofónicos.

‘Radio Aroche. La Voz de la Sierra’ dejó de emitir, como otras muchas estaciones radiodifusoras, en el mes de marzo de 1965, tras promulgarse el Decreto del Ministerio de Información y Turismo de 23 de diciembre de 1964, por el que se reducía el número de estaciones en onda media para ordenar el espacio radioeléctrico español y paliar el problema de las numerosas interferencias que se producían entre las distintas emisoras, impidiendo una recepción nítida de los programas.

Con su marcha, se marchitó lo que para muchos fue un milagro que intentó cohesionar a una zona de la comarca de la Sierra, y comunicar mediante sus noticias, avisos, consejos, lecturas y canciones a una población dispersa y aislada que abrió sus ojos a una nueva realidad.

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