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El Centro Social Cristina Pinedo logra al fin su ansiada cafetería tras diez meses
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El Centro Social Cristina Pinedo logra al fin su ansiada cafetería tras diez meses

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El Centro Social Cristina Pinedo tiene al fin bar después de diez meses de espera. La inauguración oficial será el 26 de abril, según ha adelantado a diariodehuelva.es el presidente del Club de Mayores, Jacinto Benítez. El motivo de esta tardanza ha sido el papeleo que ha supuesto el cambio de titularidad por parte de la Junta de Andalucía al Ayuntamiento de Huelva. Superada la burocracia, la Escuela de Hostelería Virgen de Belén, la nueva concesionaria, lo tiene todo prácticamente listo para la apertura de un espacio que rige la vida social del centro: allí acuden muchos mayores a tomar café por las mañanas y por las tardes y a almorzar de menú.

La espera se ha hecho larga para el Club de Mayores, que llegaron incluso a concentrarse en el centro para exigir celeridad en las gestiones al Ayuntamiento, ya que la falta de bar cafetería había reducido considerablemente el número de socios. Logrado el objetivo, Benítez dice que están contentos porque ven buena disposición por parte de la Escuela de Hostelería Virgen de Belén: “Hasta que no empiece a funcionar no lo sabremos, aunque las perspectivas son buenas, nada que ver con la anterior concesionaria”.

La anterior concesionaria es María del Mar Centeno, empresaria con discapacidad visual que tiene otros dos bares cafetería en Lepe y en Huelva adjudicados por la Junta de Andalucía que “funcionan estupendamente y sin problemas” y a la que Jacinto Benítez acusa de ofrecer “un mal servicio y de tratar mal a los mayores”. Centeno niega la mayor y se defiende asegurando que en los más de dos años que duró la concesión se ciñó al contrato con la Junta y que pasó “todas las inspecciones, de sanidad e higiene, trabajo y consumo y todo estaba bien”.

Según María del Mar Centeno, antes de que ella llegara “sólo entraban en el bar los socios, pero yo me tengo que regir por un contrato que pone que la cafetería es para socios y usuarios, a los que no se les puede prohibir la entrada, igual que no se puede prohibir la entrada a un ayuntamiento porque es un lugar público, y eso ellos no lo entendían, lo mismo que no entendían que hubiese un único precio para todos los usuarios, incluidos los socios”.

El presidente del Club de Mayores también denuncia que la cafetería empleaba “el aceite a granel y rellenaban las dosis de mantequilla con las sobras”. Centeno lo niega de nuevo y explica que tenía monodosis, “que es lo más cómodo y económico para mí, pero a muchos de ellos no les gustaba porque si querían otra la tenían que pagar a parte, algo normal en un lugar en el que el café cuesta 80 céntimos. Ellos querían poder ponerle dos dedos de mantequilla a la tostada, y cuando se acababa el servicio preparamos las tarrinas -tenemos carné de manipulador de alimentos y podemos hacerlo-, lo mismo pasaba con el aceite”.

Además, Benítez acusa a la anterior concesionaria de tratar mal a los mayores, “incluso a un hombre ciego que esperaba a que su mujer hiciera gimnasia en el centro le hicieron levantarse porque decían que las sillas eran exclusivas del bar”. La versión de Centeno es radicalmente distinta y habla de que “tergiversa” los hechos: “Esta persona arrastra una mesa del bar y la pone en la mediana donde está el despacho de la junta directiva. Una de las trabajadoras le dice que no puede estar ahí porque vamos a tener problemas y al señor se le pone la mesa y la silla para que espere en el bar”.

Cuando en julio pasado venció el contrato, Centeno se marchó, llevándome el mobiliario que había comprado “porque cuando llegué no había inventario, no había nada”, asegura frente a la acusación de Benítez de que se “había llevado la cocina y la puerta, los fregaderos y los enchufes”. “Yo no me he llevado nada que no sea mío, lo monté absolutamente todo y tengo las facturas”, aclara Centeno, que niega que le hayan puesto ninguna denuncia.

Desencuentros a parte, el Centro Cristina Pinedo tiene el ansiado bar cafetería que tanto ha reivindicado tras diez meses de espera y que es ya de titularidad municipal.