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El silencio de los corderos

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Magnífica película del director Jonathan Demme. En nuestro caso, usaremos con su permiso el título de su película por que recoge en sí mismo, el contenido de este comentario.

Todos atesoramos secretos. El destino de los mismos y el hecho de sacarlos o no a flote irá en función del uso que queramos darle. Hay quienes, por miedo, no los hacen públicos; otros, están a la espera de que el día de mañana las circunstancias les sean más favorables; y, por último, están aquéllos a los que les sirven de moneda de cambio para favores, tanto profesionales como personales. Sea cual sea el fin,  es evidente que los utilizamos como elemento interesado hacia nuestra persona o nuestros fines.

Un elemento disruptivo es el miedo a la repercusión de muchos de estos secretos o informaciones ocultas. Los intereses enmarcados dentro de este miedo, hacen que muchas veces nuestra personalidad se vaya transformando en algo falso y no cabe duda que, tarde o temprano, esto nos pasa factura. La pérdida de valores nos invade en un mundo rodeado de hipocresía por intereses personales que hacen que cada vez seamos menos genuinos y transparentes. Algunos piensan que algo dicho en confianza y trasmitido hace perder la confianza generada, pero muchas veces esa confianza transmitida al mismo tiempo se usa como arma para, en base a ella, no hacer público la confidencia. Es decir, el emisor del mensaje sabe que, en base a ese valor, está seguro de que nunca llegará a trasmitirse. Pero, ¿qué ocurre si ese tan ansiado favor nunca llega?. Esa confianza se vuelve entonces un arma muy peligrosa. La esperanza por conseguir las cosas hace que se utilicen esos secretos como arma arrojadiza y es aquí, donde como muchas veces se dice,  ni es el momento ni la hora, e incluso esos secretos se pueden volver contra ti.

Es obvio que detrás de todo esto existe  una pérdida total de valores humanos. Perdemos sinceridad y confianza, la gente nos califica y etiqueta  en grupos de opiniones poco creíbles y esto es difícil de recuperar. ¿Qué hacer pues?, simplemente lo que tu conciencia y valores determinen, pero siempre en la búsqueda de un  bien e interés general. Lo que está mal está mal, y nunca se debe de guardar en busca de un beneficio futuro que, por ende, seguro que nunca llegará.