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Parecemos tontos

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La última vez que me asomé a esta tribuna (ha pasado ya un tiempo razonable) para abordar la situación en Cataluña contaba la estupefacción con la que asistía a todos los acontecimientos que se estaban sucediendo. Fue antes de la bochornosa jornada del 1 de octubre, aquella pantomima de referéndum ilegal y toda la que se formó en las calles.

A decir verdad, cada día me hastía más seguir los informativos. Está feo que un periodista diga esto, pero no puedo remediarlo. Me aburre, me cansa, me agota. Y, después de todo lo que ha pasado, artículo 155 y huídas a Bélgica mediante, después de todo lo que sigue pasando y de lo que está por pasar con las elecciones que están al caer, me sigo haciendo la misma pregunta: ¿Qué parte de culpa tenemos nosotros, los ciudadanos, de toda esta situación? Estamos acostumbrados a culpar de todo a los demás, especialmente a los políticos, que son el blanco perfecto, el centro de la diana, porque ellos se lo han buscado, dicho sea de paso, pero también son la excusa perfecta para absolvernos a nosotros mismos de toda responsabilidad. Y, miren ustedes, no. Porque somos nosotros los que los hemos puesto ahí y los que les hemos dado carta blanca.

Hace algunas semanas se ha publicado el último disco de Enrique Bunbury, ‘Expectativas’. La letra de una de sus canciones, ‘Bandeja de plata’, me viene como anillo al dedo para ilustrar esta situación: Parece que si hay que elegir // Dejar en las manos responsabilidad //
Pudiendo escoger entre dos o tres // Preferimos al más subnormal// Nada ocurre por casualidad // No puede un retrasado mental // Estar al frente de todo.

No sé a ustedes, pero se me ocurren ejemplos claros de dirigentes que podrían ajustarse a estas líneas. En el mundo entero y, por supuesto, aquí en España, en todos los ámbitos: nacional, regional y local.

Pero algo tendremos que decir los ciudadanos de todo esto. Alguna responsabilidad debemos asumir. Porque creo que la realidad, nuestro día a día particular, el de cada uno, ha engullido el estallido colectivo de las manifestaciones en torno al 15-M. El propio paso del tiempo se ha encargado de devolvernos a nuestros problemas cotidianos. En aquel momento la gente dijo ‘basta ya’, estábamos hartos e indignados. Y parecía que podía haber un cambio. Pero todo se ha desinflado como un globo de helio a las pocas horas de hincharlo. Claro, es comprensible. Al final cada uno tiene sus propios problemas: la hipoteca, la letra del coche, la ortodoncia del niño, los estudios, la operación de la abuela, la subida de la luz (que esto da para otro artículo de fondo), la derrama de la comunidad, llegar a fin de mes… Como para andar encima saliendo a la calle cada dos por causas que ni siquiera dependen de nosotros.

Por eso, sigo alucinando con lo que ocurrió el 1 de octubre. Y alucino porque vi a un montón de gente llevándose hostias de todos los colores defendiendo una causa, la catalana, mientras sus líderes políticos estaban bien atrincherados en su cuartel general. Porque, claro, estaban en el gabinete de crisis. Dejando de un lado la nula legitimidad de la consulta, el asalto a la legalidad y todo lo que queramos decir, y que además es cierto, para mi esos dirigentes perdieron cualquier ápice de gallardía y credibilidad ante sus propios seguidores en el momento en el que no se pusieron al lado de su gente a recibir las cargas policiales. Yo tranquilito en mi despacho y que los guantazos se los lleven los tontos de siempre. Al final, encontraron lo que querían: la imagen de los cuerpos y fuerzas de seguridad españoles cargando contra los independentistas en primera página en toda la prensa internacional. Pero a ellos no se les vio. A ninguno. Lejos de eso, el instigador ha huido a Bélgica. Ya habla Guardiola por él.

Por eso alucino aún más con la gente que se puso allí delante. Oiga, perdone, pero a mí no me calientan el jato (como se dice por estos lares) defendiendo una causa de la que usted es el líder, y en una situación que ha provocado usted, mientras mira todo por la tele bien pertrechado junto al resto de sus colaboradores. Pero claro, esto lo pienso yo, que no he sido adoctrinado desde la escuela en la lucha contra el imperialismo español.

No sé qué pasará ahora en las elecciones de dentro de unos días, aunque tengo una ligera sospecha, pero sí tengo claro, como dice el propio Bunbury en otra de las canciones de ese disco, que “no conseguirán engañarnos a todos, aunque a veces parecemos tontos”.

 

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