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La lucha de la Fundación Avanza para que no se desperdicie el talento de los superdotados
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La lucha de la Fundación Avanza para que no se desperdicie el talento de los superdotados

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¿Su hijo nació llorando, no gateó sino que directamente comenzó a andar? ¿Manejó rápidamente el lenguaje, se fija en detalles que los demás niños no? ¿Relaciona datos y conceptos? ¿Tiene un gran sentido de la justicia que a menudo le hace sufrir? Si es así, lo más probable es que sea superdotado. Ser superdotado tiene sus ventajas – tener un cociente superior a 130 facilita mucho las cosas a la hora de aprender- y sus inconvenientes -se aburren y se despistan con facilidad, sobre todo en la escuela, porque los conceptos ya se los saben, lo que sitúa el fracaso escolar en un 50% y el bajo rendimiento un 70%-. 

Para evitar que se desperdicie tanto talento nació hace cinco años la Fundación Avanza, uno de cuyos fundadores y patrones es el onubense Diego Rodríguez -a la derecha en la imagen junto al presidente de la fundación, Alberto Flaño, y Dolores Díaz, de Radio Neo FM-, que es padre de dos jóvenes superdotados de 20 y 16 años. De ámbito nacional, esta fundación es de las que más formación on line ofrece a los profesores para atender a alumnos con altas capacidades, trabaja con jóvenes músicos con talento a través de conciertos benéficos en lugares emblemáticos -en la imagen que ilustra el reportaje-, tiene un programa de fomento del talento literario mediante un concurso de relatos para jóvenes que van a ser publicados ahora en un libro, trabaja con entidades de otros países y, sobre todo, se pelea con la Administración para se atienda correctamente la diversidad de estos alumnos.

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Tras muchas trabas, lograron que se aprobara el Plan Andaluz de Altas Capacidades, que establecía diez medidas de medición para detectar a niños y jóvenes con altas capacidades. Pero, asegura Rodríguez, “no se midió nada porque el sistema que se eligió es subjetivo y dependía de la opinión de un profesor, los test no estaban homologados”. El plan terminó a los tres años y fue sustituido por unas instrucciones internas “que chocan con la normativa porque no cumple la orden de atender a los niños con altas capacidades”. Avanza quiere que se establezca un sistema que permita el diagnóstico de estos superdotados porque “ponerles etiquetas les sirven para empezar a conocerse, ya que los superdotados suelen vivir en un mundo que ni ellos entienden ni lo entiende la sociedad”.

En este sentido, Rodríguez, señala que la Junta de Andalucía prometió hacer una orden específica de atención que no se ha hecho. La Fundación Avanza lucha por que se apruebe una ley que facilite las escuelas especializadas. “Si los demás niños aprenden en la escuela, ¿por qué los de altas capacidades tienen que hacerlo fuera de ellas?, se pregunta, y añade que estos alumnos fracasan “porque se les está marginando en su educación”.

Mientras tanto, la fundación trabaja con colegios estableciendo un sello de calidad como centros impulsores de excelencia. A través de porfolios educativos comprueban qué está haciendo el niño y se dan propuestas a las familias sobre cómo actuar. Además, están intentando llegar a un acuerdo con la Universidad para que los superdotados puedan incorporarse antes al mundo universitario porque “a diferencia de países como Estados Unidos, aquí parece que ponen trabas para que dejen de ser superdotados”, apunta Rodríguez.

La labor de Avanza se extiende fuera de España. Pronuncian vídeoconferencias y realizan acciones en países México y Argentina para informar y formar sobre superdotación. En Huelva, una de sus últimas actuaciones es la celebración de ‘Café con educación’, un encuentro que reúne a profesores y padres para analizar propuestas.

Un superdotado en el Caruh

El delegado del Consejo de Alumnos y Representantes de la Universidad de Huelva (Caruh), Cristóbal Romero, es superdotado y lo adelantaron de curso estando en el colegio. Estudiante de segundo de Química con 18 años, a él se lo detectaron pronto, a los cuatro años, porque tenía un hermano mayor que también lo era y eso facilitó mucho las cosas. Su caso corrobora la importancia que Diego Rodríguez da a la detección precoz de la superdotación.

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Romero dice no haber tenido grandes problemas porque cuenta con todo el apoyo familiar, aunque, como tantos otros, ha tenido que recurrir a la formación extraescolar para sacar rendimiento a su alta capacidad. Desde los 11 años asiste a un programa de enriquecimiento con otras personas con superdotación.

Según la experiencia de Romero, “el problema de los superdotados está en lo que la sociedad te pide. La imagen que tenemos del superdotado es el típico empollón que saca siempre 10 y es el mejor en todo. Y esto no tiene por qué ser así, yo puedo tener una gran capacidad para asimilar conceptos, pero en lo personal soy como cualquier persona”. Y es que, para Romero “lo importante es educar a niños felices”.

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