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Mítines

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Faltan unos tres meses para que se celebren las elecciones al Parlamento Europeo. Durante las próximas semanas los partidos políticos que concurrirán a estos comicios nos someterán a un indecente y continuo bombardeo de mensajes para captar nuestra atención y para incitarnos a participar en esta nueva cita ante las urnas. No obstante, me temo que mucho tendrán que cambiar las cosas para que, a día de hoy y con la que está cayendo, la mayoría de los ciudadanos decidan acudir al colegio electoral el próximo 25 de mayo. Superar el 43% de participación logrado en 2009 me parece bastante complicado, sobre todo porque los que están sufriendo en sus carnes las consecuencias directas de esta supuesta crisis económica no se fían de los políticos ni de sus milongas programáticas que nunca cumplen y porque cuestionan la eficacia real de unas administraciones, que ellos dirigen y gestionan con los presupuestos públicos, donde el despilfarro y los episodios de corrupción se suceden un día sí y otro también.

Siempre he pensado que una forma de ganar adeptos para la causa sería suprimir los mítines electorales tal y como se celebran, porque es evidente que a estas citas solo acuden los afines y simpatizantes al partido que los organiza y, por tanto, da igual las barbaridades que se digan en la tribuna porque al final el éxito y los vítores están asegurados. Además, estos actos políticos me recuerdan siempre a los ejercicios espirituales que se realizaban en los colegios de curas y donde el objetivo principal era adoctrinar y fortalecer la débil y atolondrada moral de unos jóvenes imberbes para prevenirles de las continuas amenazas que recibían nada más salir del recinto religioso.

Me parecería un gran avance democrático que los cabezas de lista electorales se atrevieran a exponer su trayectoria política y sus nuevos proyectos programáticos ante colectivos ajenos a sus siglas políticas y en recintos públicos. Así se vería la catadura y la valía de los candidatos y aspirantes a representarnos a todos. La otra opción, la que se viene realizando desde que se recuperó el periodo democrático en este país, me parece a estas alturas una verdadera tomadura de pelo y un gasto económico inútil e innecesario, sobre todo porque ya se dispone de unos avances tecnológicos que te permiten trasladar a los ciudadanos cualquier mensaje e iniciativa que desees sin tener que utilizar tanta parafernalia de mentira.

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