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Con las tripas

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Faltan aún unos dos años para las elecciones generales, y sin embargo todos los partidos políticos tienen puesta la vista en esa meta, porque la actual legislatura parece que ya no dará mucho más de sí. Como diría un castizo, ‘está tó el pescaovendío’. Los que mandan saben que ya no podrán apretar mucho más las tuercas de lo que les ha permitido su mayoría absoluta,cimentada enla ineficiencia de los anteriores y en un buen dosificado ‘prometer hasta meter’; y a partir de ahora tendrán que ir soltando golosinas que aletarguen en la ciudadanía el amargor de tanto purgante como le han hecho tragar.

Las demás opciones, que aún no se han estrenado, luchan contra el hándicap de la injusta ley D’Hondt, la desventaja de estar en el banquillo y el gusto español por lo malo conocido. En cualquier caso, seguro que el voto estará mucho más dividido que hasta ahora; lo que según los expertos conduce a un verdadero ejercicio de pactos y entendimientos políticos. Aunque no parece que aquí tengamos la flexibilidad suficiente que tuvieron los italianos como para ser gobernados hasta por un ‘Pentapartito’.

Los resultados de las próximas elecciones europeas, que siempre se han visto como un trámite engorroso sin demasiada trascendencia, van a ser escrutados en esta ocasión con lupa, como miraban los augures las vísceras de los sacrificios a los diosesclásicos, en un intento de adivinar significativos vuelcos electorales en las generales venideras.

Y a todo esto, la ciudadanía se plantea qué votar. Muchos votarán, como siempre, a ‘los suyos’, a pesar de la constatación de tanta corrupción y corruptelas como han ido quedando de manifiesto. Recuerdo a este respecto que una señora me decía en las primeras elecciones democráticas que ella iba a votar a Suárez, porque era muy guapito y le gustaba, y porque en su casa siempre habían sido de Franco de toda la vida. A lo que yo le argumenté que en ese caso debería votar a Fraga. Como es sabido ganó Suarez, en torno al que decidió agruparse el nuevo-viejo Régimen. Cuando consideraron que les había salido rana, volvieron por sus fueros.

Muchos otros, la supuesta mayoría sociológica de izquierdas de este país, se debatirá entre el deseo deconseguir un auténtico gobierno de izquierdas y el miedo a que, si consiguiese su advenimiento,alguien mandaría al ‘electricista de la sexta flota’ a reparar los fusibles de casa, como dijo magistralmente Manuel Vicent, hace bastantes años.

La tensión va a ser máxima hasta el final, y todo dependerá de acontecimientos que enciendan o no la caldera de las pasiones. Aquí se vota ‘con las tripas’, lejos de análisis ponderados que elijan a quienes pudieran dirigir mejor el timón de esta nave, que hoy por hoy navega a ciegas, con las contraventanas del puente de mando bajadas, atentos los encargados del rumbo a las indicaciones que le van llegando desde todas las estaciones de alerta y control del poder económico.

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