Rincón Choquero

“María en Ruta: ´La madurez no es un freno, es una oportunidad para empezar a vivir de otra manera´”

Viajar le ha permitido encontrar lugares recónditos
Mi invitada esta semana es María García Pérez, conocida en redes como María en Ruta, un día decidió bajarse de la rueda del hámster en la que giraba sin descanso.

María García Pérez, en plena madurez, cambio la rutina agotadora por una furgoneta camperizada a la que bautizó como Ruperta, y desde entonces viaja sola, a su ritmo y sin fecha de vuelta. Su historia se recoge en el libro Rumbo a mi libertad. Donde relata con humor, franqueza y ternura cómo superar miedos, romper estereotipos y descubrir que nunca es tarde para empezar de nuevo.

Promoción libro

P: ¿Qué fue lo que te impulsó a replantearte tú manera de vivir en la madurez?

R: Llegó un momento en el que me ahogaba: la carga de responsabilidades me superaba y la vida había perdido la gracia. Sentía que estaba atrapada en la famosa ruleta del hámster, corriendo sin avanzar. Como buena rebelde, supe que tenía que salir de ahí. No sabía cómo, pero tenía claro que no podía seguir en piloto automático. Y la furgo fue mi salvavidas: pequeñita, pero con la puerta abierta a una libertad que llevaba años soñando.

Preparando la furgo

P: ¿Hubo un momento decisivo que marcó ese “clic” para lanzarte a esta nueva etapa?

R: Sí, el clic fue cuando perdí la chispa. Yo, que siempre he sido de reírme hasta de mi propia sombra, que a todo le saco el chiste, me vi un día sin sonrisas, vacía, gris. Y dije: ‘Esa no soy yo’. La primera salida sola con la furgo fue la confirmación: me quede un rato sentada con el volante en las manos y me enfadé conmigo misma por la forma en la que estaba viviendo. Aún no podía cambiarlo de golpe, pero entendí que no podía seguir igual. Y ahí empezó todo.

Bella imagen en La Cuesta Maneli

P:¿Qué miedos o dudas tuviste antes de dar el paso y cómo los superaste?

R: Mira, miedos tenía todos: a estar sola, a que la furgo me dejara tirada, a no saber apañármelas. Y encima la gente alrededor diciéndome: ‘María, tú estás loca, ¿cómo vas a viajar en esa lata?’. Claro que me hacían dudar… pero entonces mi hija me dijo: ‘Mamá, si eso es lo que te hace feliz, palante’. Y esa frase me dio el empujón que me faltaba.

Lo bonito es que el miedo se te pasa en cuanto notas la libertad: ir donde quieras, parar cuando te apetezca, dormir donde te parezca… Eso te transforma. Cada viaje que hago me recuerda lo poco que se necesita para sentirse libre, viva y en paz

Mirando al mar en momento de relax

P: ¿Por qué elegiste un mini camper como compañero de ruta y no otro medio?

R: Desde niña soñaba con una autocaravana, pero aquello me parecía imposible… con esos precios yo me veía demasiado pobre para conseguirlo. Un día vi por internet cómo alguien empezaba a camperizar una furgoneta y ahí empecé a pensármelo.

También necesitaba un coche para ir al trabajo y quería que me sirviera para viajar. Y había otra cosa: me gusta pasar desapercibida. Con lo perseguida que está la pernocta en algunos sitios, yo no quería tener problemas. Así que me compré una furgo pequeñita, como la de Manolo el fontanero o Pepe el electricista, y ahí duermo la mar de bien y tranquila.

P: ¿Cómo organizaste el día a día en el mini camper: desde lo práctico (comer, dormir) hasta lo emocional (soledad, disfrute, reflexión)?

R: La furgo es pequeñita, pero tiene de todo: su cocina, su baño, su ducha extraible y sitio para guardar lo justo. Te acostumbras a que cada día toca montar y desmontar: de noche la cama, de día ese mismo espacio se convierte en sofá y mesa de comedor.

Tuve que aprender a cocinar con el camping gas, a tirar de pocos ingredientes y a hacer recetas rápidas de 15 minutos… porque claro, cuando llegas agotada de un sendero que pensabas que eran 2 horas y acaban siendo 5, lo último que quieres es estar una hora en la cocina.

En lo emocional, descubrí que viajar sola no es estar sola. Sin querer, me reencontré con la persona más importante: conmigo misma. Aprendí a escucharme, a disfrutar de la calma y a reírme de mis propios líos. Y siempre con música: me he hecho de varias playlists para cada momento del día o del ánimo, porque hasta un café sabe distinto si lo acompañas con la canción adecuada.

Así que, al final, el día a día en la furgo es eso: sencillez, aprendizajes, y la libertad de abrir la puerta y desayunar con un paisaje distinto cada día.

Probando el colchón antes de partir

P: ¿Qué aprendizajes le ha dado la vida en movimiento, lejos de la rutina establecida?

R: He aprendido que esta vida no es para todo el mundo, y tampoco pasa nada. No todo es Instagram ni fotos idílicas: aquí también hay frío, barro, noches de lluvia y días en que te preguntas qué haces ahí.

Pero justo eso me enseñó algo importante: que lo esencial es hacer lo que a cada una le haga sentirse bien. Para mí, la libertad está en abrir la puerta de la furgo y sentir que estoy donde quiero estar, aunque a veces toque pasar incomodidades. Porque no se trata de postureo, se trata de vivir de verdad, a tu manera.

P: ¿Cuál ha sido el destino o experiencia más transformadora en el viaje?

R: Más que un sitio concreto, lo que de verdad me ha cambiado ha sido descubrir que soy capaz: capaz de viajar en furgo, de hacerlo sola, de superar mis miedos y de perseguir mis sueños.

Y en el camino me he dado cuenta de algo precioso: con la furgo llegas a sitios donde no llega ni el avión, ni el tren, ni el autobús. Lugares pequeños, auténticos, que son joyas escondidas. Por ejemplo, aquí mismo en la Sierra de Huelva, el Talanque es un rincón increíble y poco conocido que me recuerda lo afortunada que soy de vivir rodeada de tanta belleza.

Eso es lo que me transforma en cada salida: comprobar que soy capaz y que no hace falta irse lejos para vivir cosas grandes.

P:¿Cómo ha sido el encuentro con personas en el camino? ¿Qué papel juega la comunidad viajera?

R: La primera vez que viajé sola noté que algunos me miraban como a una mujer indefensa, porque en aquel entonces aún sorprendía ver a una mujer sola en una furgo. Se volcaron conmigo: me decían que si necesitaba algo no dudara en llamar a la puerta de su autocaravana. Y la verdad es que en este mundo siempre hay alguien dispuesto a echarte una mano.

Hoy ya es más normal ver mujeres solas en furgo, y me encanta. La comunidad viajera es genial: hay quedadas donde conoces a gente maravillosa con la que compartes un café, una historia y, sin darte cuenta, un vínculo muy especial.

P: ¿Ha encontrado dificultades específicas como mujer viajando sola y cómo las ha enfrentado?

R: Al principio lo único que chocaba era que vieran raro que una mujer viajara sola en una furgo. Ahora, por suerte, es algo mucho más normal y cada vez somos más en la carretera.

La verdad es que las dificultades que me he encontrado no han sido por ser mujer, sino por ser un poco desastre 😉. Yo de mecánica no tengo ni idea y ni se ni tengo fuerzas para cambiar una rueda pinchada… pero ¿para qué están las grúas? 😅 Al final aprendes que no pasa nada por pedir ayuda y que siempre hay alguien dispuesto a echarte una mano

P: ¿Piensa que este viaje es una etapa temporal o siente que ya se ha convertido en tu nueva forma de vida?

R: No, esto ya no es una etapa, es mi nueva forma de vida. Viajar en la furgo me ha cambiado la manera de ver las cosas y ya no concibo vivir de otra manera.

Eso sí, puede que algún día tenga que cambiar a Ruperta —que así se llama mi furgo— por algo más grande, o incluso por una autocaravana. Será cuando la artritis o cualquier otro achaque no me dejen seguir jugando al tetris cada noche para montar y desmontar la cama… o al Twister cuando toca ir al potty 😉. Mientras tanto, seguiré con ella, porque hoy por hoy no necesito más para sentirme libre.

P: Cómo se entrelazan tus recuerdos de vida previa con esta nueva etapa de libertad sobre ruedas?

R: Mis recuerdos de la vida anterior están ahí, claro, y no los reniego. Pero ahora los miro desde otro sitio. Antes los llevaba como una carga, y hoy los veo como parte del camino que me trajo hasta aquí.

La libertad sobre ruedas no borra lo vivido, lo coloca en su sitio. Me ha enseñado que no necesito olvidarme de quién fui, sino agradecerlo, porque gracias a todo eso un día dije ‘hasta aquí’ y decidí cambiar.

Ahora, cada vez que conduzco con la música puesta y la furgo llena de aire fresco, pienso: ‘menos mal que me atreví’.

P:¿Qué te motivó a plasmar esta experiencia en un libro?

R: Lo escribí primero para mí. Necesitaba volcar todo lo que llevaba dentro, ordenar recuerdos y ponerle palabras a lo que estaba viviendo. Pero a medida que lo escribía pensé: ‘igual esto le puede servir a alguien más’.

No es una guía de viajes ni un manual, es mi historia contada con lo bueno, lo malo, lo divertido…

Y había algo más: quería romper estereotipos. Todavía sorprende que una mujer, y encima de mi edad, se vaya sola con una furgo. Yo quería demostrar que se puede, que no hay edad ni género para perseguir un sueño.

Mi motivación fue esa: dejar un testimonio honesto, que inspire a atreverse, a reírse de los propios líos y a ver que nunca es tarde para empezar de nuevo.

Rumbo con café

P:¿Qué espera que los lectores encuentren o se lleven al leerlo?

R: Ojalá se lleven varias cosas: primero, unas risas, porque cuento situaciones absurdas y vergonzosas que me han pasado y con las que cualquiera se puede sentir identificado. También quiero que encuentren inspiración, que vean que nunca es tarde para cambiar de rumbo y que no hace falta tenerlo todo perfecto para dar un paso hacia la libertad.

Y, sobre todo, me gustaría que al cerrar el libro se queden con esta idea: si yo pude hacerlo, ellos también pueden. Ojalá mi historia sirva para que otras personas se animen a confiar en sí mismas y emprendan su propio viaje, ya sea en la carretera o en la vida.

P:¿El proceso de escritura fue también una forma de revivir, ordenar o sanar experiencias del viaje?

R: Sí, totalmente. Escribir fue como volver a vivir cada kilómetro. Algunas cosas me hicieron reír otra vez y otras me dolieron, pero necesitaba sacarlas. Me ayudó a ordenar todo lo que llevaba dentro, a entender mejor por qué tomé ciertas decisiones y, sobre todo, a reconciliarme conmigo misma.

Además, escribir siempre había sido un sueño. Desde pequeña quise tener un libro, aunque entonces me parecía imposible. Hoy puedo decir que lo logré, que mi historia está ahí, y que los sueños no tienen fecha de caducidad.

En el fondo fue como una terapia, pero más barata que el psicólogo 😉. Poner en papel lo bueno, lo malo y lo absurdo me sirvió para sanar, valorar más lo vivido y dejar un testimonio que también quería compartir.

P: ¿Cómo ha cambiado tu manera de ver la vida después de esta aventura?

R: Pues me ha cambiado bastante. Antes me agobiaba por tonterías y ahora me río más y le doy menos vueltas a la tortilla. He aprendido que lo simple es lo que vale: un amanecer, un café calentito en la furgo o una buena charla en mitad de la nada.

También he perdido el miedo a estar sola, porque me he demostrado que soy más fuerte de lo que pensaba. Y sobre todo, ahora tengo claro que la vida no está para dejarla en pausa: si quieres hacer algo, hazlo. Que los ‘ya lo haré’ se convierten en ‘nunca lo hice’

P:¿Qué le diría a otras mujeres que, en su madurez, sienten el deseo de romper moldes y emprender un camino propio?

R: Les diría que no esperen más. Que la madurez no es un freno, es una oportunidad para empezar a vivir de otra manera. Tenemos fecha de caducidad y nunca sabemos cuándo en la pantalla saldrá el famoso ‘GAME OVER’.

Así que si hay algo que te ilusiona, hazlo. Da igual lo que digan los demás o los miedos que tengas. Porque lo único peor que equivocarse es quedarse con la espinita de no haberlo intentado.

P: ¿Cree que este viaje fue una búsqueda de libertad, de autoconocimiento, o de ambas cosas?

R: Las dos cosas. Yo me fui buscando libertad, pero en mitad del camino me encontré a mí misma. Hubo un día que me miré y me dije: ‘María, ¿qué estás haciendo con tu vida?’.

Ese bofetón de realidad me hizo reaccionar. La furgo me dio libertad, sí, pero también me enseñó que podía más de lo que pensaba. Así que para mí, libertad y autoconocimiento van de la mano.

P: Ha sido un placer conversar contigo. ¿Te gustaría añadir algo más?

R: Sí. Que me gusta tanto esta forma de vida que pronto emprenderé un viaje sin fecha de vuelta. No porque me muera, sino porque quiero vivir de lleno en ella.

Y además me hace muchísima ilusión presentar formalmente mi libro en la quedada de Hinojos, a primeros de octubre, arropada por unas 250 campers y más de 500 personas que compartimos la misma pasión por viajar y vivir de esta manera. Será un momento muy especial.

Y por supuesto, quiero agradecerte que me hayas un hueco en este tu rincón tan especial.