Rincón Choquero

Juan Villa: El guardián de las palabras de la arena

Juan Villa
Pocos nombres están tan íntimamente ligados al latido de Doñana como el de Juan Villa

Licenciado en Filosofía y Letras e investigador del paisaje en la Universidad Pablo de Olavide, este almonteño ha dedicado su vida a descifrar los códigos de un territorio que es, a la vez, paraíso biológico y escenario de mitos.

A través de una trayectoria literaria imprescindible —con títulos como Crónicas de las arenas, Voces de la vera o El Rocío antes del alba—, Villa no solo ha narrado el paisaje, sino que lo ha rescatado del olvido, devolviendo la voz a los hombres y mujeres que habitaron la marisma. Ahora, regresa a las librerías con La novela de Doñana, crónica de las arenas y otros relatos.

Esta edición conmemora el 20 aniversario de su primera novela, Crónica de las arenas, un hito que ha llevado a la Fundación José Manuel Lara (y al grupo editorial Planeta) a recuperar su producción literaria referida a Doñana. Como ya hiciera en ocasiones anteriores, la Fundación Caja Rural del Sur ha apoyado este proyecto que condensa la maestría narrativa y el profundo conocimiento de un autor sobre un ecosistema que es, por encima de todo, su propia casa.

Nos sentamos con él para recorrer los senderos de su memoria y de su pluma.

P: Licenciado en Filosofía y Letras e investigador del paisaje. ¿Cómo influye esa mirada académica y filosófica a la hora de enfrentarse a la hoja en blanco para escribir ficción?

R: Se podría decir que son los pilares que sostienen el edificio de la ficción. Es necesario tener un sostén teórico para que las historias fluyan y cumplan con tus pretensiones.

P:¿Hasta qué punto ser natural de Almonte le ha permitido ver una Doñana que el forastero o al científico puro se le escapa?

R: Doñana para el foráneo es fundamentalmente un lugar libre y salvaje, el último reducto de naturaleza virgen en Europa; vivirla en directo y desde la niñez te enseña a entender su complejidad y sobre todo te muestra la importancia del factor humano en su conformación. 

P: En obras como Crónica de las arenas o Voces de La Vera, el paisaje parece un personaje más. ¿Es Doñana el motor de su escritura o el escenario donde las pasiones humanas se vuelven más crudas?

R: El paisaje de Doñana mediatiza a sus habitantes, no se entienden los unos sin la otra y viceversa, y es eso precisamente lo que los hace especiales. El Coto es marco de la acción y personaje a la vez, escenario y actor.

P: Como investigador de la Universidad Pablo de Olavide ¿qué cambios en el paisaje de Doñana le duelen más y cuáles ha intentado “salvar” a través de sus relatos?

R: Doñana es un territorio geológicamente vivo por lo que el cambio está en su propia naturaleza, otra cosa es que los humanos tratemos de subyugarla para nuestros propios intereses. En mis relatos trato fundamentalmente de “salvar” las marcas que sus habitantes a través de los siglos han ido dejando en el lugar, unas formas de vida que ya no existen pero que al menos pervivirán en el papel.

P: Sus novelas suelen rescatar la vida de quienes habitaron el Coto. ¿Siente que su literatura es un acto de justicia histórica para la gente de la marisma?

R: Como ya dije, es lo que pretendo, mis relatos terminarán siendo el último refugio de unas formas de vida y de una manera especial de relacionarse con el medio. En mi caso ha sido el conocimiento de los que la han habitado lo que me ha llevado a escribir y dejar constancia de sus vidas.

Durante la presentación de uno de sus multiples libros

P: El complejo de Lumumba: Esta obra rompe un poco con la línea más tradicional. ¿Qué busca explorar en este texto en comparación con su narrativa más “marismeña”?

R: Esta novela, en fondo, forma e intenciones, se desgaja del ciclo de mis relatos de Doñana. Es una reconstrucción en clave de humor de mi propia generación, la deriva de los que fuimos universitarios en los últimos años del franquismo.

P: El Rocío antes del alba. Usted conoce bien el fenómeno rociero. ¿Cómo se logra despojar al Rocío del tópico para encontrar su esencia literaria y humana?

R: Este ensayo -que escribimos JM Martín Boixo y yo y que ilustró Daniel Bilbao- es el producto de años de charlas con los viejos habitantes de la aldea, la vida en El Rocío a lo largo del año y al margen de la romería, no tiene nada que ver por tanto con la visión de El Rocío que se pueda tener fuera deudora fundamentalmente de los medios de comunicación de masas.

P: La novela de Doñana, Crónica de las arenas y otros relatos: ¿Qué aporta esta nueva edición bajo el sello de la Fundación Lara del grupo Planeta y el patrocinio de la Caja Rural del Sur  a su bibliografía anterior?

R: Pienso que la aportación fundamental radica en la posibilidad de poder leer juntas todas las historias que son una misma historia en las que situaciones y personajes pasan de una a otra; dar una visión de conjunto de unas historias que habían ido apareciendo fraccionadas a lo largo de los últimos veinte años. 

Un momento de la presentación de la novela el pasado día 14 en Sevilla. La próxima cita será en Huelva, el día 28 en Casa Colón

P: El formato de relato corto: en esta recopilación conviven crónicas y cuentos. ¿En qué formato se siente más cómodo para capturar la “verdad” de la arena?

R: En realidad es la propia naturaleza del relato la que te pide la forma: novela, novela corta o cuento no son más que las fórmulas técnicas que te exige la historia que quieres contar. Lo más cómodo por tanto es acomodarte a la fórmula que como digo la propia historia te pide.

P: ¿Qué importancia tiene que entidades como la Fundación Caja Rural apoyen la difusión de la cultura y la memoria de nuestro territorio?

R: La labor de la Caja Rural en la cultura de nuestra provincia es importante, en todos los ámbitos, quizás su manifestación más conocida sea el Otoño Cultural, magistralmente concebido y dirigido por Jaime de Vicente, pero no se queda ahí, por sus instalaciones de la calle Botica pasan a lo largo del año docenas de eventos de incuestionable interés y calidad.

Portada de su ultima novela

P: En sus libros se percibe un léxico rico y muy vinculado al terreno. ¿Teme que el vocabulario propio de la marisma se pierda con el paso de las generaciones?

R: Como la propia Doñana, el lenguaje es un organismo vivo, cambiante, que se adapta al momento histórico. El preservar ese léxico es una de mis intenciones fundamentales, no se usará pero, como las de sus habitantes, quedará su memoria en el papel.

P: Su narrativa camina a veces entre lo histórico y lo legendario. ¿Dónde termina la investigación y dónde empieza la imaginación en sus crónicas?

R: Considerando que me nutro fundamentalmente para escribir de la memoria, propia y sobre todo ajena, la frontera entre la imaginación y la realidad es muy frágil. Escribo lo que me cuentan, raramente tiro de documentos, entre otras cosas porque no existen, la gente de Doñana generó poco papel escrito, son sus recuerdos los que han hecho posible mis novelas.

P: Mal tiempo es una obra con una atmósfera muy particular. ¿Esa la soledad el rasgo más distintivo de quien vive de cara a Doñana?

R: Mal tiempo cuenta una historia dura, unos acontecimientos terribles de la guerra civil, acontecimientos que no sucedieron en Doñana pero que los narra un guarda del Coto a un grupo de habitantes del lugar creando una identificación entre la historia contada y los sentimientos de los que la escuchan.

P: Si alguien que jamás ha pisado Doñana leyera su última obra, ¿qué sensación o imagen querría que se llevara grabada?

R: Mi intención  fundamental es transmitir que Doñana es un mundo complejo, mucho más rico e interesante que el tópico que a través de los años y las modas se ha ido formando de ella. 

P: Tras esta gran recopilación, ¿qué otros paisajes e historias le quedan por colonizar con su pluma?

R: Actualmente estoy escribiendo una novela que se desarrolla en la Doñana del siglo XIX, una época que nunca había transitado en mis libros, cuando el Coto era de los duques de Medina Sidonia y un personaje muy especial, Domingo Castellanos, intentó cambiar a la luz de las luces de la Ilustración aquel paisaje rebelde y primitivo.

P: Ha sido un placer conversar con usted. ¿Añadiría algo más?

R: No sé, quizás pedir a los posibles lectores de esta entrevista que consideren el lujo del que gozamos los onubenses de tener en nuestra provincia unas miles de hectáreas únicas en el continente europeo.