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Las elecciones andaluzas del pasado 2 de Diciembre, han supuesto la voluntad de cambio, expuesta por los electores con rotundidad. En apenas tres horas, que duró la totalidad del recuento de votos, y contra todo pronóstico, se desmoronaba el poder que los ciudadanos habían otorgado al Partido Socialista en nuestra comunidad a lo largo de casi cuarenta años. Pese a ser el partido más votado a día de hoy, sus opciones son mínimas o nulas.

Pero, ¿cómo ha podido suceder?, ¿qué ha podido pasar?, en tan corto espacio, sin que lo detectara ningún espacio demoscópico o ni un solo experto politólogo, tal terremoto electoral. Se suponía cierto desgaste del PSOE andaluz, algo que viene sucediendo en cada cita electoral, incapaz de conectar con el elector joven urbanita. Pero de eso a que el bloque de partidos de derechas superara en votos, y sobre todo en escaños, a los de izquierdas, en una de las Comunidades donde estos últimos eran más hegemónicos hay un abismo, que se ha producido el segundo día de este mes navideño.

En primer lugar, estas elecciones, se decantaron electoralmente en un marco Nacional. Se equivocaron tanto los Socialistas, como la variopinta coalición de Adelante Andalucía, en remarcar un acento exclusivamente andaluz, mientras los partidos de derechas, lo hacían con carácter estatal, con sus máximos dirigentes arropando a los líderes autonómicos, en cualquier pueblo de nuestra geografía, en una campaña más cercana en la calle, opuesta a la de actos planos, cerrados y antiguos del Socialismo andaluz. En segundo lugar, la cuestión catalana, hay muchos electores de izquierda, especialmente de Despeñaperros para abajo, que están cansados del continuo cortejo y a veces comprensión con el llamado “proces” catalán y sus máximos dirigentes. En tercer lugar, el error especialmente de la Presidenta de la Junta de Andalucía de meter en la campaña electoral a Vox, pensando que debilitaría a los partidos de derechas, especialmente al Partido Popular. Como ya hemos visto en Europa, normalmente estos partidos políticos crecen de forma paralela, a las debacles de la social democracia. En cuarto lugar la abstención, mientras los partidos de derechas ofrecían un amplio abanico con tres partidos y opciones diferenciadas, representadas por el aire nuevo liberal de Ciudadanos, el conservadurismo clásico del PP, y el populismo de Vox. La coalición de Podemos, con el entreguismo de Izquierda Unida, no es capaz de conseguir ningún voto del desencanto con el PSOE. En quinto lugar, había un gigante con pies de barro, una estructura de poder, que no supo ver a tiempo el hastío y ansias de cambio de gran parte del electorado, con políticos grises, educados en una estructura orgánica de partido válida para finales del Siglo XX, pero ineficaz en la actualidad, sin ser capaces de movilizar a sus afines. La influencia de las estructuras de los partidos políticos, se debilitan. Las redes sociales, son el verdadero termómetro electoral, y cada vez es mayor el número de indecisos o desencantados, que en el último momento decantan la victoria o la derrota. Esto explica que un partido, hasta el momento “marginal” como Vox sin estructura orgánica, haya conseguido doce parlamentarios y la mitad de votos que el partido de Juanma Moreno, que tras una cierta teatralización en forma de múltiples negociaciones, se convertirá en el próximo Presidente de la Junta.

Y mientras tanto, los que no creen en España, determinan la gobernabilidad de la Nación, como asimismo los que no creen en las Autonomías deciden quien gobierna Andalucía.

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