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Puertas giratorias y fosfoyesos
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Puertas giratorias y fosfoyesos

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Uno de los mayores daños colaterales que sufrimos los ciudadanos, de la clase política, son las famosas puertas giratorias. El movimiento de altos cargos del sector público a privado y viceversa. No es necesario ser muy conspiranoico, para sospechar que la independencia de nuestros gobernantes está en cuestión cuando tras su paso por la política, se refugian en consejos de administración bien remunerados, de eléctricas, gasísticas o bancos. Los Aznar, González, Rato, Pique o Salgado, son algunos pero no únicos ejemplos. Se trata de una forma, más o menos legalizada, de corrupción política y de secuestro de los intereses públicos al servicio de las grandes corporaciones privadas. Rescates bancarios, subidas de la luz, oligopolios, son productos directos de este efecto, y que al final pagamos todos los ciudadanos.

A colación de lo expresado, existe uno de los ejemplos más claros y que afecta de manera especial a la ciudad de Huelva, a saber : la Ministra de Agricultura García Tejerina . Un ejemplo perfecto del término anglosajón “ revolving door”, una perfecta puerta de entrada, salida y de nuevo entrada, mientras gira. Cesa como Secretaria General de Agricultura en 2004, y unos meses después, ficha como Directora General de Planificación Estratégica de la empresa propiedad de Villar Mir, Fertiberia, dedicada entre otras cosas a la venta de productos fertilizantes y productos químicos industriales, hasta que es nombrada Ministra en 2011. Pues bien Tejerina, ha hecho lo inimaginable para que desde la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y del Mar, se haya dado el visto bueno a la propuesta de Fertiberia del denominado “Proyecto constructivo de clausura de las balsas de fosfoyesos situadas en el término municipal de Huelva”. Y sin caérsele los anillos, obviando sus intereses con la empresa, utilizando a sus subordinados adoptan una resolución que satisface a Fertiberia. Como bien ha apuntado en un interesante artículo en este periódico, Rafael Moreno, el polémico proyecto no tiene en cuenta el aumento del nivel del mar, el insuficiente sistema de sellado o las cenizas de pirita existentes en el área 2 y 3, ni las concentraciones metálicas existentes en los fangos de las marismas, ni los fosfoyesos negros, un material de altísima peligrosidad. Por no hablar de los efectos por fenómenos meteorológicos adversos, con vertidos a la Ría por el efecto de la lluvia intensa o las mareas, como acaba de denunciar Greenpeace.

A escasos cuatrocientos metros de las viviendas de onubenses, se extiende el mayor vertedero de residuos industriales tóxicos de toda Europa. Desde el aire se aprecia como un espeso manto blanco, se interpone entre la ciudad y las marismas del Tinto. Más de 120 millones de toneladas de residuos vertidos directamente al suelo y recubiertos con un metro de tierra, expuestos sin confinamiento en una zona pantanosa a filtraciones. Un verdadero reactor químico, que emite radiaciones superiores a las permitidas por la legislación. Por ello, la Junta de Andalucía debe de plantar cara a este proyecto insuficiente y deficiente, para el saneamiento de la zona, pues es necesario su visto bueno junto al del Gobierno Central. La mejor solución sería la regeneración de la zona, y el cambio de la legislación para que los materiales radiactivos de origen natural, con niveles de radiación hasta veinte veces superiores al límite, como es el caso, fueran depositados en un cementerio nuclear, y nunca más donde están. Se necesitan soluciones y no parches, pues sería la única forma de no hipotecar ,durante generaciones, nuestro futuro en un medio sostenible que los ciudadanos onubenses nos merecemos.