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¿Distopía en la sociedad española?

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¿Hay que plantearse la cuestión citada ut-supra? Como está el panorama en España parece que sí.

Sirvan las siguientes líneas como reflexión al desencanto que existe en la sociedad española, y más concretamente en la clase media castigada permanentemente por la clase dirigente que ha ejercido en ella una distopía, consiguiendo lo que temíamos: un escenario sombrío ligado a la opresión que nos hace dudar de la justicia y la legalidad de nuestro país.

El poder del estado español, y de cualquier estado, es imponer el cumplimiento de las leyes promulgadas dentro de su territorio. Sin embargo, respetar o no una ley a toda luces injusta-¡y hoy en España podemos elegir un manojo!- es una opción absolutamente personal y queda a la conciencia de cada uno el decidir respetarla o no, naturalmente ello conlleva asumir responsablemente las consecuencias de tal decisión.

Ante el desbarajuste judicial que existe en España, ligado mayoritariamente a esa clase dominante sin escrúpulos, Blesa, Bárcenas, ERES, Camps, Urdangarín, ….., mi decisión es inamovible: afirmo que la justicia que se está impartiendo raya lo ilegal , y quiero llegar más allá, nadie puede exigirme que yo respete una ley manifiestamente injusta. La historia ha demostrado que no soy en ningún momento original, basta recordar, el comportamiento de la cristiandad frente a unas leyes del imperio romano que les prohibían ser cristianos.

La fundamentación, en el planteamiento de entender la justicia legal y/o a legalidad justa, está en que la conciencia es el criterio último de responsabilidad para decidir, y nunca la ley: ¡este es el problema! Esa libertad de la conciencia para decidir responsablemente nace de la dignidad de la persona humana. Y esto, se está demostrando con creces, está faltando en la justicia española: si el error no tiene derechos, la persona que yerra, como persona, siempre los tendrá.

Tiene que quedar claro, al menos para mí que la legalidad justa y la justicia legal, deben hacer verdadera a la verdad; es la verdad la que hace verdadera tanto a la ley como a las instituciones que las soportan. La verdad no es absoluta y no debe caer en jueces insensibles, aunque se parapeten en una falsa e injusta legalidad.

Es cierto que ha habido una época, y no precisamente la actual, donde los jueces buscaban la verdad y por ende ejercían una justicia justa que fortalecía el derecho inviolable de la persona humana y la ley, ninguna ley, está por encima de ese derecho. Largas épocas, siglos enteros de intolerancia, de inquisiciones y cruzadas han hecho que la conciencia de la dignidad de la persona humana exija que la actuación de cada persona goce y use de su propio criterio y libertad responsables, sin más trabas. ¡Parece que no funciona porque tenemos una justicia que roza la ilegalidad y una legalidad que roza la injusticia!, y mi yo me martiriza hasta la saciedad al decirme, que tengo obligación de respetar las disposiciones estatales que sean legales, pero solamente aquellas que sean al mismo tiempo justas.
Ahora más que nunca recuerdo a mi padre cuándo me decía:”…lo perfecto es enemigo de lo bueno….”.

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