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No estamos locos

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Además del título de una canción de Ketama, también lo es del éxito editorial de José Miguel Monzón Navarro, más conocido como El Gran Wyoming, que he estado leyendo durante más de un mes, a ratos, en contra de mi costumbre de devorar los libros en un par de sentadas. Reconozco que pensé en un primer momento que sería uno de tantos best-sellers insustanciales, amparados en el tirón mediático de su autor. Sin embargo, conforme uno se adentraen sus páginas,se comprende que vale la pena leerlo despacio, analizando cada una de las ideas que Wyoming expresa en ellas.

Hay varios aspectos de esta obra que llaman la atención: el valor poco común de su autor, que denunciacon nombres y apellidos muchas de nuestras vergüenzas patrias; su claridad de exposición, en un lenguaje directo y desenfadado, de temas tan complejos que podrían resultar farragosos; la visión amplia y sistematizada sobre nuestro pasado reciente, así como la manera en la que ese pasado ha configurado nuestro angustioso presente. Arroja luz también sobre aspectos poco conocidos de cuestiones que en su día levantaron grandes polvaredas informativas, y que han podido permanecer ocultos para un público incluso medianamente informado.

La narración resulta tan fluida que el libro parece a ratos la transcripción literal de discursos orales, como si hubieran sido grabados previamente de su propia voz y luego transcritos. Si no es así, Monzón posee la virtud de escribir como habla, que no es poco. Y en ese estilo suyo al que nos tiene acostumbrados en la televisión, pasa sin solución de continuidad de las formas coloquiales con la que sitúa los temas, hacia concienzudos análisis formales a los que pocas objeciones podrían ponérseles.

Hasta el momento no hay noticias de que haya recibido fundamentadas acusaciones de falsedad a tantos desmanes como él autor explica en sus páginas, más allá de descalificaciones anecdóticas, que recuerdan más bien a las del viejo chiste, en el que un hombre insultaba a su amigo atribuyéndole toda clase de bajezas morales: que si eres un sinvergüenza, que si tienes a tus hijos muertos de hambre y tu mujer prostituyéndose para que tú no trabajes; que si eres un vago, ladrón, mal amigo, etc., etc. A lo que respondió el insultado con un: “Y tú, con esas gafas…”

Está claro que el libro lo leerán pocas personas alejadas de los planteamientos de Wyoming; lo cual es un fenómeno muy difundido entre nosotros, acostumbrados como estamos a lanzar descalificaciones globales poco razonadas, basadas más en nuestras filias y fobias que en análisis serenos y argumentados. Aquí resulta impensable que alguien asista a un mitin, lea un libro o escuche atentamente razonamientos de distinta ideología a lasuya, porque se predica de antemano con exclusividad para los ya convencidos.

Y está claro que mientras las personas de derechas no sean capaces de prestar atención al discurso de Wyoming, o las de izquierdas al de Federico Jiménez Losantos, por poner un par de ejemplos, una de las dos Españas seguirá helándonos el corazón.

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