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Aquí y ahora: La revolución del mindfulness

Aquí y ahora: La revolución del mindfulness

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¿Te has montado alguna vez en tu coche y has llegado a un lugar sin ser consciente de cómo has llegado? ¿Has reaccionado alguna vez ante una situación de una forma que no deseabas? ¿Sientes a menudo una gran sobrecarga y el deseo de parar, de que todo se detenga por un momento,  de vivir de una forma diferente con más calma, disfrutando más de los momentos, pero no sabes cómo hacerlo? ¿Deseas cuidarte más pero no tienes tiempo disponible?  Este funcionamiento que nos impide convertir estos deseos en realidad se denomina “piloto automático”.  Y este mecanismo se ha instaurado en nuestras vidas con la intención de quedarse.

Su permanencia se ve favorecida por nuestra sociedad actual  rodeada de muchos avances tecnológicos, donde se nos ofrece una facilidad, como no se había visto hasta ahora, en las posibilidades comunicativas, de conocimiento y expansión. Donde, de igual forma podemos contactar en segundos con una persona al otro lado del planeta como acceder a información actualizada y detallada sobre cualquier aspecto que deseemos. No obstante estos avances tecnológicos reclaman un tributo.  El precio que tenemos que pagar por  todo ello es la gran sobreestimulación a la que estamos sometidos momento a momento, que nos lleva a permanecer “pendientes de…” de forma indefinida. Ante este panorama, el estrés, la ansiedad, la depresión, el cansancio y desmotivación tienen el terreno abonado.

Quizás por esta razón y como decía Victor Hugo: “Nada tiene tanta fuerza como una idea a la que le ha llegado su hora”.

Y es igualmente cierto que  “No podemos cambiar aquello de lo que no somos conscientes”. En este torbellino de actividades, estímulos y sensaciones es complicado hacernos conscientes de lo que ocurre y por tanto de modificarlo.  Lo que ha facilitado la inclusión de las Terapias de Tercera Generación en psicología y entre ellas el Mindfulness es precisamente “EL DESARROLLO DE LA CONSCIENCIA EN NUESTRA VIDA”.

Pero… ¿En qué consiste esta técnica que introducimos en este artículo con tanto entusiasmo? Kabat-Zinn (2003) define Mindfulness como  “un estado inherente de conciencia que implica la atención focalizada en la propia experiencia, momento a momento, recogida tanto del mundo interno como del exterior. Para Vicente Simón supone  “ un viaje desde la inconsciencia a la consciencia y desde el condicionamiento a la libertad”.

Es una apuesta por la salud, por hacernos los protagonistas de nuestra vida. Ramón y Cajal expresó que “nosotros somos los escultores de nuestro cerebro”. Mindfulness es una gimnasia mental que nos facilita, a través del desarrollo de la atención y concentración, una mayor consciencia de nuestra vida. Resulta controvertido  frente a lo que muchos puedan pensar que no se trata de poner la mente en blanco,  de relajarse o de encontrar un estado mental excepcional. Hacernos más conscientes nos ayuda a CUIDARNOS MÁS.

¿Qué puede ofrecer esta técnica, cuyos orígenes budistas se remontan a más de 2.500  años de antigüedad?  Quizás sea sencillamente que en una sociedad donde es más importante el hacer que el ser y donde las prisas y la sobrecarga adquieren gran parte del protagonismo, NOS AYUDA A PARAR.

¿Y cómo se desarrolla esa capacidad consciente para detectar cuando necesitamos parar?

A través de la práctica formal. A través de los ejercicios de meditación que se pierden en los anales del tiempo. Cuando se realiza esta práctica,  la atención se orienta hacia un elemento de anclaje, que normalmente suele ser la respiración (atención sostenida). Lo habitual es que la mente se distraiga. Al tomar consciencia de la dispersión se vuelve a centrar en el elemento de anclaje. Es decir, hay un momento en que la atención está dispersa y hay un momento en el que se toma conciencia de la distracción. Esta práctica de volver una y otra vez a poner la atención en el elemento elegido, aumenta la capacidad de concentración y las distracciones irán disminuyendo en aparición con el desarrollo de la práctica. Es precisamente esta capacidad de atención y concentración la que se podrá ir incorporando a la vida cotidiana para hacernos más conscientes de la misma.

Por otra parte y desde una perspectiva terapéutica sus beneficios guardan relación con modificar el tipo de relación que mantenemos con  los eventos mentales. Al hacernos conscientes de nuestros pensamientos y emociones podemos gestionarlos de forma más adaptativa. Desde esta actitud reflexiva resulta más fácil tomar perspectiva ante las situaciones complicadas y crear ese espacio que nos permita gestionar los pensamientos y emociones que se generan de forma natural y responder a ellos en lugar de reaccionar de forma inconsciente.

En el día a día, un mecanismo que compense las prisas, los sobresaltos, la sobreestimulación, el ritmo acelerado ES FUNDAMENTAL.

Por ello hablamos de calmar la mente, de pararnos, de tomar distancia de lo que ocurre, para encontrar ese espacio donde la planificación, la gestión, en definitiva, la salud es posible. Si disminuimos los estímulos distractores innecesarios, calmamos la mente, descansamos, percibimos con más claridad y ayudamos a nuestra mente a funcionar de una forma más adaptativa. EN DEFINITIVA, MEJORAMOS NUESTRA SALUD Y CALIDAD DE VIDA.

Josefa Alvarez Cruzado, Doctora en Psicología

Centro de Psicología Psiqueon

 


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