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¡Me ahogo! ¡Ya no puedo más!

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El primer mes del año es un mes lleno de esperanzas, retos, deseos... Pero para el colectivo de las microempresas, autónomos y profesionales que estamos al frente de un negocio, siempre ha sido un mes complejo y complicado.

La cuesta de enero empieza con nuestra obligación de rendir las cuentas al FISCO en medio de un mes donde las tarjetas de crédito están al mínimo, las cuentas en descubierto, y llegan los aplazamientos de final de mes. Pero este año se ha llevado la palma.

Dejemos a un lado las típicas, que no menos importantes, subidas del carburante, de los peajes, del recibo de la luz, etc. El auténtico mazazo se ha producido con la subida del salario mínimo interprofesional hasta los 900,00.-€, con un incremento del 22,3%. Esta noticia, sin embargo, ha sido acogida con entusiasmo, y así lo ha difundido y publicitado el Gobierno entre los trabajadores por cuenta ajena.

El problema radica en que son muchos los autónomos y las pequeñas pymes que por su tamaño y actividad no se pueden permitir pagar estos salarios. Soy de los que piensan que los trabajadores son la base del desarrollo de cualquier negocio y que su remuneración debe estar acorde con su desempeño dentro del marco económico de la empresa que los contrata.

Llevo 26 años al frente de una pequeña empresa, y a lo largo de estos años, hemos tenido épocas alcistas y épocas de verdadera crisis económica, pero siempre he tenido claro que mis colaboradores siempre han estado ahí, de ahí que sea un gran defensor de la labor de conexión entre los trabajadores y la Dirección de la empresa. Como siempre digo, es el activo material más importante que tiene una empresa. Dicho esto, también creo que a la hora de tomar decisiones debemos ser lógicos dentro del marco económico en que nos movemos...

La economía española está atravesando un momento complicado. Este año tampoco cumpliremos el objetivo de déficit, al igual que ocurrió en 2017. Algunos indicadores son significativos: la prima de riesgo se ha incrementado, nuestras pequeñas empresas ven cómo se reducen sus exportaciones debido al contexto internacional causado por el posicionamiento de E.E.U.U. y, cómo no, por los incrementos de los precios del petróleo. La competitividad de nuestras pequeñas empresas también es causa de preocupación… Somos competitivos por precios y no por productividad, siendo éste un mal endógeno que hace que, si no es erradicado, siempre estaremos pendientes de nuestro nivel salarial para poder luchar con nuestra competencia.

En España, los colectivos que más preocupan son los jóvenes y las mujeres desempleadas. La mayoría de nosotros tenemos un hijo/a, un sobrino, que llevan mucho tiempo sin una oportunidad. Recordemos que nuestro paro sigue siendo el doble de la media europea.

¡No puedo más!, ¡me ahogo!, es el comentario que muchos escuchamos cuando estamos tomando café. Los autónomos, y las pequeñas empresas no generamos recursos financieros suficientes para cubrir ese 22,3% de coste salarial extra, que viene a suponer un gravamen de 3.000,00.-€ al año por trabajador que cobra este SMI. Todo ello en un mercado donde cada vez más tenemos que recurrir al ahorro de costes porque difícilmente se llega a fin de mes...

Pero como siempre ocurre, tiramos de las pymes hasta asfixiarlas para financiar esta subida del SMI. Esta medida puede traer consigo un efecto contrario… Es decir, una pérdida de empleo, un descenso de la productividad, y de la actividad económica. Ralentizará la creación de empleo a tiempo completo, fomentará la contratación temporal y la economía sumergida.

Ya el Gobierno nos ha puesto la espada de Damocles con la penalización en tipos si se abusa de este tipo de contratación temporal. Los efectos de esta medida en las pequeñas empresas, donde el promedio de trabajadores de media suele ser de cinco, va a generar una conflictividad laboral entre los propios trabajadores que no es generada por el empresario y sí por nuestro Gobierno.

Ante la imposibilidad de cubrir estos aumentos salariales, muchas pymes nos veremos obligados a amortizar puestos de trabajo ante la imposibilidad de hacer frente a este sobrecoste, generándose despidos procedentes, acreditando la existencia de causas económicas.

Y sabemos de ante mano quiénes van a sufrir estas consecuencias: los jóvenes y las mujeres. Además, es incomprensible que un Gobierno que defiende a ultranza las medidas para aumentar el empleo de los más jóvenes, con una tasa de desempleo del 33,6%, y el de las mujeres, elimine los contratos que más favorecen a las pymes para la contratación de estos colectivos.

• Contrato a tiempo parcial con vinculación formativa.
• Contrato indefinido de apoyo a emprendedores.
• Contratación indefinida por microempresas.
• Incentivos para nuevos proyectos de emprendimiento joven.

Incluso el contrato de formación, especialmente diseñado para jóvenes que se incorporan al mercado de empleo después de sus estudios, se ha limitado a menores de 24 años porque el contrato en prácticas ha desaparecido, por decisión, una vez más, de nuestro Gobierno. ¿No es esto una contradicción para aquellos que dicen querer aumentar la contratación de nuestros hijos?

En fin… Queramos o no, con estos toros tenemos que lidiar y veremos quiénes podemos aguantar y quiénes nos ahogamos… Pero recordemos que cuando un empresario se ahoga, detrás vienen sus colaboradores. En definitiva, esta subida del SMI tan ‘’bien acogida’’ puede ser una medida que acelere aún más el fracaso de estos colectivos tan desfavorecidos laboralmente.

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