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El bucle de la precariedad

El bucle de la precariedad

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Testimonios de mujeres valientes, supervivientes, comprometidas y trabajadoras. Éste último calificativo sobra, es evidente, lo llevan dentro y emana de sus palabras, de sus gestos, de su verdad.

Escucharlas un jueves por la tarde en una mesa redonda sobre economía feminista y no querer levantarte de la silla. Te llenan de energía y te transmiten sus ganas de lucha, y de compromiso por transformar la realidad de desigualdad y de injusticia social que aún hoy en el siglo XXI, en la Europa Occidental viven muchas mujeres en diferentes ámbitos.

Sus nombres, Noelia, Pepi, Rocío, Charo y Juani. Cinco nombres, cinco mujeres, cinco luchas. En todos los ámbitos hay grandes mujeres a las que no les cuesta expresar sus reivindicaciones porque el verdadero coste lo pagan con su esfuerzo, con las horas que dedican a su trabajo, con los bajos salarios que cobran, con las jornadas interminables en algunos casos, hasta 12 horas y en otros con contratos basura de 4 horas, en su mayoría procedentes de servicios externalizados.

El más emotivo, el de Charo. Una madre coraje a la que se le ha arrebatado por el gobierno de Rajoy la prestación por dependencia de su hijo discapacitado o como algunas estamos proponiendo, con diversidad funcional. Un niño dependiente que sufrió una anoxia cerebral al nacer y al que le recortan hasta los pañales que necesita. Una madre que cotizaba y a la que también le arrebataron la cotización. Lo peor de todo que se lo comunicaron con una fría carta que recibió un día en su buzón. Puede usted seguir cotizando, le informaron. Pague 220 euros. ¿Cómo?, dedico 24 horas al cuidado de mi hijo.

Un mazazo que llena de rabia y dolor a su otro hijo adolescente, entregado a la causa de su madre y de su hermano y lo que impacta más, a la causa feminista. Una causa que lo llena de orgullo y lo lleva a liderar el cambio y la transformación en su colegio. Un altavoz joven y lleno de fuerza y vida que nos da esperanza para seguir entre todas rompiendo barreras y transformando realidades.

La historia de Noelia que nos grabó un vídeo porque están en plena campaña de frutos rojos en el Condado también encierra sonidos de niños y bebés. Esos sonidos que eran telón de fondo de su vídeo, su banda sonora, lejos de interrumpir su testimonio, lo agrandaban, lo amplificaban y con unos ojos llenos de fuerza contaba orgullosa cómo había logrado que las compañeras de trabajo en la campaña agrícola secundaran durante 15 minutos el paro del día 8 de marzo. 15 minutos gloriosos porque cuenta que hay mucho miedo. Pero ella no lo tiene, os lo aseguro. Es pluriempleada y compagina un trabajo entre comillas “no cualificado”, según la empresa, con su labor política en la Concejalía de su municipio y su labor de madre. Explica con detalle su trabajo en la campaña agrícola, lo conoce a la perfección, trazabilidad de los frutos, control de albaranes, de los vehículos, etc., todo por 5,70 euros la hora.

La provincia de Huelva tiene el peor Convenio del campo junto con el de Almería. Muchos compañeros y compañeras prefieren que los contraten en Sevilla porque es mejor el salario y las condiciones.

Llegamos a Pepi, una kelly que ya no tiene miedo. Cuando no tienes nada que perder hasta el miedo lo pierdes. Una luchadora que reivindica no ser una esclava. Las Kelly son esclavas, un producto de la externalización de servicios en el sector de la hostelería. Los números también escalofriantes, contratos de 6 horas para hacer 22 habitaciones. Caben a 7 u 8 minutos por habitación de hotel. La mayoría son familias monoparentales. El sueldo es básico y no da ni para comer holgadamente todos los días. Piden jubilarse a los 60, porque las tendinitis, la espalda y los efectos físicos derivados de su trabajo diario acechan con los años y no se pueden permitir perder el sustento. Lo peor, que muchas de las compañeras no conocen ni sus derechos. ¿Qué derechos? A hacer habitaciones y punto.

La tarde transcurre y le toca hablar a Rocío. Una mujer menuda, morena, pero vital, sindicalista, se ha transformado en una gran negociadora. Muestra resultados. Han conseguido muchas cosas con la lucha. Ofrece las claves, perder el miedo y unirse. Pertenece al colectivo de mujeres monitoras escolares. Tienen contratos parciales, y cobran 4 euros/ hora. Ella habla del bucle de la precariedad.

No os quejéis le dicen, puedes recoger a tus hijos cuando salen del cole al mediodía, esto es un regalo para ti. Y eso sí, en verano al paro. Puedes ayudar en casa y conciliar. Conciliación, ¡esa gran mentira!, que pone a la mujer todos los techos de cristal, habidos y por haber y las obliga a elegir. Ser madre o acceder al pleno empleo. ¿Esa es la cuestión? Por supuesto que no. Ya han conseguido que se reincorporen al trabajo 400 de las 840 personas del colectivo. Pero de nuevo ofrece el matiz, las 400 que protestaron, que reivindicaron. Los derechos no se tienen, se ganan o se pierden. También forman parte ya del servicio público de la Consejería y no están externalizadas. Seguirán reclamando, ya no van a parar.

Juani, llegó la última corriendo, venía de otra reunión. A tiempo para contar, a tiempo para hablar de más mujeres, las que forman parte del colectivo de ayuda a domicilio. Ella nos cuenta las dificultades de atender los cuidados, mover a las personas, en su mayoría mayores, los horarios, las necesidades específicas y las carencias. Una pregunta Juani, ¿cuánto costaría al Estado atender la dependencia a través de la ayuda a domicilio? Muchísimo, es la respuesta.

Cinco mujeres, cinco luchas y cinco puntos que nos cuenta Lola Redondo, gran mujer y catedrática de la Universidad de Huelva, jubilada pero activa y deseosa de seguir aportando valores para un futuro feminista. Escéptica con la euforia del 8M. Siendo consciente de que esto no está fácil. Teniendo presente el riesgo de que el feminismo sea una moda utilizada por los medios de comunicación para vender, y por determinados partidos políticos para comprar votos. Sus cinco reflexiones: qué se entiende por economía, cuales son las aportaciones de los movimientos feministas hasta ahora, la economía feminista de la ruptura y las alternativas al trabajo de los cuidados, caballo de batalla de un sociedad patriarcal que considera aún, que genéticamente las mujeres estamos más preparadas para asumirlos.

Me quedo con la economía feminista de la ruptura, de la que prometo leer, porque nos puso tarea, como toda buena docente. Gran maestra, de hermosas palabras que encierran todo el conocimiento y la capacidad de análisis crítico que otorga la humildad y la experiencia vivida.

Hay que trabajar para seguir rompiendo el conflicto capital frente a trabajo y profundizar en el de capital frente a vida. Y ¿qué vida? Aquella que nos permita “estar-bien”, como sociedad, como personas y como mujeres de un planeta sostenible, justo e igualitario. Lo haremos posible juntas.

Fdo. Isabel Brito

Mujeres 24 horas

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