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26 años consecutivos siendo número uno mundial en trasplantes

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Hemos empezado el año, como ocurre siempre, haciendo balances varios de logros y fracasos de 2017. Es lo habitual. Dedicamos una o dos semanas de cada mes de enero a poner titulares al año anterior. En enero nos encontramos con los números de 2017. Las distintas organizaciones e instituciones nos muestran los datos que reflejan el trabajo realizado durante el año, los resultados obtenidos, etc.

En el ámbito sanitario, aparece en un lugar destacado, muy destacado, también todos los años, el balance que ofrece la Organización Nacional de Trasplantes que, una vez más, sitúa a nuestro país en el primer lugar del ranking mundial de trasplantes, como viene ocurriendo desde hace 26 años: 2.183 donantes que han hecho posible la realización de 5.259 trasplantes. Son los mejores datos de la historia.

Es una historia de éxito. La implantación de lo que se conoce como el Modelo Español es una historia de éxito colectivo. No está mal que de vez en cuando nos ocupemos también de pensar en lo que hacemos bien como sociedad. El éxito también es una fuente de aprendizaje, de fortalecimiento de un proyecto compartido. Porque no es fruto del azar, ni de la existencia de ventajas previas por ninguna circunstancia. Es fruto del esfuerzo, de la búsqueda de la excelencia, de la solidaridad, del desarrollo al máximo nivel de la capacidad de organización, de la apuesta decidida de una sociedad en su conjunto por acometer una tarea colectiva que nos parece justa y nos motiva.

Una tarea colectiva que requiere (implica) la complicidad de los ciudadanos con el sistema que han contribuido a crear y al que sustentan. Los ciudadanos creen en el sistema de trasplantes, confían en el gran elenco de profesionales que intervienen en él y son conscientes de la trascendencia que las decisiones que han de tomar cada uno de los implicados en el complejo proceso tiene para sus conciudadanos. Se trata de una cadena de decisiones difíciles, profesionales y personales, de la que el ciudadano forma parte de manera activa (central).

En segundo lugar, esta tarea colectiva requiere (implica) la intervención, al máximo nivel de excelencia, de lo público: excelencia profesional, técnica y científica de todo el personal sanitario implicado; una organización tanto administrativa como logística que facilite la coordinación de muy diversos equipos multidisciplinares distribuidos por todo el país, desde los grandes centros sanitarios en los que se realizan los trasplantes, hasta aquellos otros en los que se puede producir la donación, pasando por los centros de atención primaria desde los que se trasmite información a los ciudadanos.

Una legislación adecuada, formación específica de todos los profesionales que intervienen y una comunicación eficaz con el ciudadano, completan el complejo engranaje del que hoy nos beneficiamos todos.

Y finalmente, este proyecto colectivo requiere que lo cuidemos. Si en enero hacemos balance, dediquemos febrero y marzo y abril… y el resto del año a cuidarlo, a fortalecerlo, a mejorarlo. A extender nuestro reconocimiento a los esfuerzos personales que lo conforman. A transmitir nuestro agradecimiento a aquellos que toman decisiones difíciles, en circunstancias de extrema tensión emocional, para salvar las vidas de otros.

 


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